21 octubre, 2021

¿Qué pasaría en Nicaragua después de noviembre de 2021?

Foto de BBC News Mundo / NM

Oscar René-Vargas

Cuarta entrega

Después de las “elecciones” de noviembre 2021 es probable que Ortega anuncie negociaciones con la oposición fracturada. Un punto sería el reconocimiento de su nuevo periodo presidencial 2022-2026. Ortega y su círculo íntimo de poder van actuar en consecuencia. Hasta ahora las sanciones individuales sólo han sido un instrumento para forzar una negociación.

En unas negociaciones Ortega tendría poco que perder. Al contrario, vista de lejos, las negociaciones le ofrecerían el escenario y la ocasión perfectas para victimizarse como el líder “progresista” sometido a sanciones imperialistas.

El discurso del régimen será revertir sobre EEUU la culpa de la crisis y del intento de “golpe de estado” de abril de 2018.

Es predecible que el régimen quiera negociar “con todas las oposiciones” (incluyendo a los partidos comparsas) sin ofrecer nada a cambio de antemano. Es previsible que haya medidas de gracia para algunos de los presos políticos para ablandar a los poderes fácticos y dar la ilusión que la negociación puede producir un cambio de política.

Los EEUU y la Unión Europea apuestan por un proceso de diálogo y negociación. Por su parte, el régimen, con las negociaciones, buscará que las miradas de la comunidad internacional se concentren en ella y disminuya la presión externa en su contra.

Las experiencias anteriores ya han demostrado que el régimen usa las negociaciones para tomar oxígeno, obtener ganancias de tiempo, y luego no cumple nada de lo que acuerda. Ellos han demostrado que son capaces de cualquier cosa: firmar me harás, cumplir jamás.

La mayoría de los nicaragüenses quiere una “salida pacífica” a la crisis, no quieren violencia y saben que eso puede darse, pero, aunque la mayoría ve con buenos ojos un diálogo/negociación, tienen claro que el régimen es más fuerte y tiene ventajas.

Por su parte, la población le está planteando a los diferentes liderazgos de la oposición política “póngase de acuerdo” en una estrategia para salir de la dictadura, antes de negociar.

El orteguismo quiere convencer a sectores de la opinión pública nacional e internacional, que son los sectores minoritarios de la oposición los verdaderos responsables de la prolongación de la crisis sociopolítica por apoyar al terrorismo y al golpe de estado.

La gestión del régimen Ortega-Murillo es tan mala que le es difícil reconectarse con la mayor parte de la población y el rechazo es mayoritario en todos los estratos socioeconómicos. A pesar de la falta de un liderazgo opositor, la oposición crece y se mantiene simplemente porque es oposición. La interpretación simple de que Ortega es minoritario es incompleta. Claro que es minoritario, en un país normal. Pero en Nicaragua no es tan simple.

La gravedad de la situación económica, el derrumbe de la calidad de vida de la población en los últimos cuatro años (2018-2021) y la falta de perspectivas, han abierto un espacio para que los sectores moderados del orteguismo (miembros de la nueva oligarquía) y sectores de la oposición hayan tenido intercambios informales de impresiones, siempre con discreción y bajo perfil. Es la razón porque Ortega ha atacado a los críticos de su gestión ya que quiere evitar cualquier posibilidad de que el proceso de implosión se desarrolle a mayor velocidad.

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