25 septiembre, 2021

El silencio de la sociedad es la mayor protesta frente al poder político que se cree imprescindible

Hipertextual / NM

“Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros”.

 Thomas Jefferson

El poder político en todas las sociedades del mundo atraviesa por momentos difíciles porque quienes ostentan se encuentran seriamente cuestionados por la sociedad

Julio César Guerrero Dias

La aparente tranquilidad que vive Nicaragua está marcada por el silencio de muchos grupos de la sociedad, mismo que se lee como un rechazo.

No es necesario reflejar las incomodidades ante discursos confrontativos o acciones directas, basta con leer actitudes, miradas, apatía, rechazo, expresiones corporales para comprender cuál puede ser la posición de cada sujeto frente a los acontecimientos que estamos viviendo en los diferentes espacios sociales.

Frente a estas reacciones sociales una de las tantas preguntas que podemos hacerlo es ¿porque estas crisis políticas es la que marca muchas sociedades del mundo? ¿será que ya la gente se agotó de lo mismo? ¿los sistemas políticos no responden a las demandas de la sociedad? ¿hay mas conciencia de la sociedad frente a los problemas?, ¿la democracia está en crisis o son los que tienen el poder que han corrompido a la democracia?, ¿y lo sociedad en que plano está?

El tema de la crisis de la democracia ha estado presente de manera mas preocupante en las últimas dos décadas el que aquí se presenta constituye un abordaje teórico de esa noción de crisis en la literatura política actual.

En una primera instancia, se introduce la idea de crisis de la democracia a partir de la mirada de autores representativos del pensamiento político contemporáneo que han hecho importantes contribuciones sobre la democracia.

Argumentan que las relaciones institucionales dentro de la democracia están agotadas en cuanto a su capacidad de control, la ingobernabilidad y la ausencia de participación, la naturaleza sistémica de la crisis, los estallidos sociales están presente en todo el mundo donde cada día.

Quienes están al frente de los gobiernos utilizan sus recursos para la represión, la prisión, persecución, la desaparición forzosa, cada día la libertad individual y colectiva se pierde haciendo uso de un poder absoluto, donde el otro no tiene derecho a nada, sino se piensa de la misma manera.

Para Wolin, las posibilidades democráticas dependen de la combinación del localismo tradicional y la descentralización postmoderna.

La democracia como expresión de la organización del poder político ha sido vista por la teoría política contemporánea como una referencia de las sociedades modernas; sin embargo, esa noción se encuentra bajo observación, debido a que cada día se cierran los espacios para los diferentes grupos sociales que desean no solo plantear sus ideas, críticas, reflexiones, punto de vista, sino ser un sujeto activo para participar en los procesos sociales, políticos y económicos. Se les ha cercenado esta actividad.

Para Dahrendorf (2002), no hay duda que la democracia que conocemos como expresión del Estado liberal es sujeta a serios cuestionamientos que hacen necesario repensar su concepción: “Yo diría que ya hemos entrado en una fase diferente, esto no nos exime de trabajar en la construcción de una concepción diferente, hay que repensar y construirla acorde a las necesidades de la sociedad”.

En este sentido, considera que la democracia descansa en buena medida en la capacidad de los pueblos de construir la institucionalidad democrática, a lo que añade: “sigo convencido de que la crisis actual de la democracia es sobre todo una crisis de control y de legitimidad frente a los nuevos desarrollos económicos y políticos”.

Requiere de la búsqueda de nuevas formas de conducir el proceso de gobierno, de toma de decisiones y de cambio en las modalidades de ejercicio del poder.

Lo que estamos viendo es que estas nuevas formas de conducir los destinos de un estado de parte de los gobernantes no aparecen, continuamos bajo los mismos criterios de ejercer el poder, las tomas de decisiones son de carácter imperativa, de mandato, de ordenar y obedecer.

La administración y la gestión pública se maneja como hacienda donde hay un dueño, capataces y trabajadores y donde la ciudadanía muy poco espacios tienen para acompañar procesos de cambios, procesos en manos de quienes ostentan el poder como un peligro para el cambio social, político y económico de un país.

Michel Foucault, define el poder como una relación que se establece entre dos o más personas, mediante la cual influenciamos el comportamiento de los demás y somos influenciados, estas influencias mutuas van configurando una red compleja y dinámica que resulta de la historia del grupo y que define a su vez sus posibilidades de desarrollo, cada uno de nosotros es parte de esa red que atraviesa nuestra vida cotidiana, y que produce permanentemente vida y muerte.

El poder también moldea o diseña sociedades de acuerdo con sus intereses, la democracia no es hacer uso de manera impositiva, o imperativa es encontrase con la sociedad y que entre ambos vayan definiendo y dándole respuestas a la necesidad sociales en nombre de la democracia y de las mayorías, los que están al frente de los sistemas políticos hacen y deshacen, quieran o no quieran, les guste o no les guste, dañen o beneficien imponen sus deseos e intereses frente a esto, siempre habrá grupos sociales que reaccionarán frente a estas decisiones.

El poder es transformador, creador, productivo, renovador, revitalizador, dinamizador, libertario y promotor de la vida; genera gozo, desarrollo y satisfacción, ¿dónde se mira esto? si la democracia fuera como conceptualmente está establecida el mundo no estuviera en efervescencia, no hubiese tanta inconformidad de parte de la sociedad, y se encuentra de esta manera porque también es conservador, aniquilador, represor y mortífero, generando a su paso destrucción, desgaste, muerte, alienación, dolor y sufrimiento.

La desigualdad, la injusticia, las oportunidades, donde los derechos del ciudadano son dañado, jamás habrá una armonía social política y económica si este sistema político que es el dominante en el mundo continua de la misma manera.

El poder por sí mismo no es bueno ni malo, es una condición inherente a nuestra naturaleza, que nos acompaña desde la infancia, y a la que no podemos escapar, no es un objeto que se tiene o se pierde; no se acumula ni se agota; el poder se experimenta para nuestro beneficio o nuestra desdicha, y se ejerce de diferentes manera.

La dominación sobre el otro, eso es lo que se ha experimentado, esa ha sido la práctica dominante de los gobiernos, de las empresas, de las instituciones, de las universidades y colegios, de la religión, de la familia, históricamente eso ha pasado, enfrentar ese dominio es lo que ha costado sangre y muerte para los que no quieren dejarse dominar, eso pasa en todos las sociedades y por supuesto nosotros no estamos exento de esta práctica.

El otro momento del ejercicio del poder es la sumisión, ahora este aspecto no está bien definido en relación a las actitudes del sujeto, se identifica la acción, pero esta acción puede estar sujeta a intereses personales.

En este caso la sumisión no se puede ver como aceptación de todas las cosas donde la persona está presente, cuando los intereses finalizan la sumisión desaparece.

El sumiso puede ser por conciencia de pensar que lo que le dicen es acertado o que tiene que hacer o aceptar aquello porque existen intereses creados, podemos preguntarnos ¿cuántos sumisos  usted conoce? y ¿porque lo hacen? ¿es una estrategia para cumplir con sus objetivos? ¿existe la sumisión por necesidad? ¿Se es sumiso por miedo? sin querer juzgar a nadie solo ellos lo saben, tendrán sus razones.

La resistencia frente al otro, bajo está concepción del poder es lo que se está experimentado en todas partes del mundo, es decir frente a los grupos de presión donde cada día las demandas y exigencia sociales están presentes las formas de resistir cada día también se tornan mas violentas en el sentido de aniquilar a estos movimientos que demandan cambios, ahora las formas de resistencias individuales y sociales son múltiples, esto ha llevado a los tomadores de decisiones a  repensar el poder de otra manera.

Una definición similar es la adoptada por Bobbio para referirse al poder político, el cual se caracteriza porque el medio del cual se sirve el sujeto activo de la relación para condicionar el comportamiento del sujeto pasivo es la posesión de los instrumentos a través de los cuales se ejerce la fuerza física.

El uso de ésta es una condición necesaria pero no suficiente para la existencia de poder político, ya que lo que caracteriza a éste es la exclusividad del uso de la fuerza respecto de todos los demás grupos de la sociedad, la coacción física es monopolizada por un grupo y todas las personas que realicen actos de violencia deben ser autorizadas por los detentadores y beneficiarios de ese monopolio.

En consecuencia, los sistemas políticos que determinan el modelo que ostenta cada estado, no solamente son las organizaciones gubernamentales, las asambleas y concejos municipales, sino también las fábricas, los hospitales, los grupos de creyentes y religiosos, los partidos políticos, los gremios, las asociaciones de comerciantes, los grupos industriales, los organismos internacionales, las agencias de comunicación de izquierda, de derecha, o de otra naturaleza, las aulas de clase, las familias, las parejas, también son sistemas políticos los mercados, aunque algunos analistas se esfuercen en mostrarlos como espacios neutrales.

Todo sistema político como parte del poder establecido impone a sus integrantes reglas propias sobre cómo vivir, pensar y actuar, y sobre cuáles situaciones deben apoyarse o rechazarse.

Para lograr estos fines, los sistemas políticos utilizan diferentes estrategias y mecanismos, la mayoría de las veces sutiles, pero también violentas y agresivas, las sutilezas, el convencimiento cada día es menos, lo que ha sobresalido ha sido el uso de fuerza, como una acción de rechazo hacia eso sectores que no comulgan con las acciones del poder.

Por consiguiente, las dimensiones del poder no se deben ejercer en abstracto, ni de manera caprichosa, ni impositivas se materializan en las interacciones cotidianas, y particularmente en la articulación de relaciones sociales, de significados y recursos materiales que configuran también dispositivos del poder de la sociedad que permiten a las personas relacionarse políticamente con las demás.

Los dispositivos del poder no son fines en sí mismos; son medios que materializan las relaciones de poder y facilitan su flujo, cada contexto histórico genera sus propios dispositivos cuya identificación y caracterización reviste especial importancia para los sistemas sociales, porque a través de ellos influenciamos y somos influenciados, controlamos y somos controlados.

No obstante, aceptar la autoridad de un individuo o grupo de individuos que tiene el ejercicio del poder, ya sea por elección popular o por gobernar por derecho que le confiere las leyes a través de una constitución política, no implica la obligación de obedecer mandatos notoriamente contrarios a la vida, la integridad o la libertad de las personas que conforman dicha sociedad.

El poder es una fuerza que se manifiesta en una capacidad de dominación, misma que puede transformarse en una pasión negativa y peligrosa.

El poder político es una fuerza que se convierte en la posibilidad de decidir por terceros, de sustituir su voluntad, de ordenar y ser obedecido en relación con cuestiones fundamentales para un Estado en virtud de una relación jerárquica de subordinación.

El poder político debe cumplir con su función social, que es lograr la realización de los intereses de la sociedad, es pertinente aclarar que los detentadores de poder no poseen un poder soberano, entendido como poder supremo de autodeterminación y autolimitación de su propio ejercicio, éste pertenece únicamente al pueblo y reside en la Constitución.

Arturo Illía señala “Una nación está en peligro cuando su presidente habla todos los días y se cree la persona mas indispensable del país” ¿cuántos presidentes se creen indispensables?

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

Ver todas las entradas de Julio César Guerrero Días →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!