7 diciembre, 2021

“¡Yo soy Creaciones Gemelas!”: Sonia de Moreira, una empresaria de 84 años que emprendió desde muy joven

Sonia Delgadillo de Moreira, fundadora de Creaciones Gemelas. Milena Montoya / Nuevas Miradas.

Milena Montoya

Sonia Delgadillo, mejor conocida como doña Sonia Moreira, es una leonesa que desde muy joven tuvo lo visión de hacer algo diferente y que logró el sueño de tener su propia empresa. Ella fundó Creaciones Gemelas, una fábrica de ropa, bordados y uniformes con casi 60 años de trayectoria en la ciudad. 

Hoy ya con 84 años, recuerda cómo a pesar de ser una costurera, tenía la seguridad que iba a ser mucho más que ello. Desde su cuarto con paredes blancas, pulcras y su sillón reclinable, viste un camisón y bufanda, reconstruye con total soltura su historia y la de su negocio, que según sus propias palabras es su principal logro.

“Esa era mi idea y mi meta, no ser costurera, sino empresaria mejor dicho, aún yo sin tener riales, solo la idea en la cabeza”

Usted era una buena modista ¿Cómo aprendió a coser y quién le enseñó?

Me enseñó una señora del lado de El Laborío, porque yo vivía ahí con mis tías y ella era una buena costurera. Mi papá me preguntó que qué quería, sí estudiar o algún oficio, y yo le dije que quería aprender a cocer.

Entonces aprendí a cocer donde doña María Luisa de Esquivel, la mamá de los doctores Esquivel. Tenía 16 años. Mi papá me compró una máquina de pedal y entonces mi tía dice: “yo he visto que las aprendizas dilatan años y años aprendiendo, vos no te me vas a dilatar mucho porque un año suficiente”.

En realidad estuve un año, después ella mandó a traer la máquina y me dijo: “aquí están estos cortes para que me los hagas”, y yo dije: “¡Ay Dios mío!, a cortar esto sin supervisión, ni nada”. Pero ni modo, a cortarlos y ya cuando los hice mi tía me dijo: “Sonia, me han preguntado en la calle que quién es mi costurera, les ha gustado como me quedan los vestidos”.

¿Y qué pasó después con su oficio de costurera? 

Después conocí a mi marido, nos casamos. Nos fuimos aparte inmediatamente. Los dos teníamos 20 años y nos fuimos a vivir ahí por donde mi tía, entonces desbaraté el vestido de novia e hice vestiditos chiquitos, después le hice un vestido a mi sobrina para su primera comunión y ahí  en ese sector no había mucho trabajo. Después nos pasamos a vivir ahí por los rieles, a la casa del Doctor Ríos, ahí en el Calvario.

Ahí había más gente, con más riales. Por ejemplo, la hermana del doctor Ríos me llevada hasta 6 o 7 cortes y me decía: “Ahí me los haces como vos querrás Sonia”, y la María Plata, esposa del Doctor Plata de Nuevas Orientaciones, también era clienta mía. Me llevaba los montones de cortes y yo se los hacía.

Pero mi idea nunca fue quedarme haciendo vestidos, le decía a mi esposo que quería poner una tiendita y él me decía: “pero Sonia y con qué dinero, si no tenemos dinero” y yo le decía: “ahí vas a ver que sí”.

Boda d Sonia e Isidro Moreira. Milena Montoya  / Nuevas Miradas.

¿Cómo nace Creaciones Gemelas?

Vivíamos después, del cine González media cuadra abajo, y alquilaban la casa de aquí de donde Luis Mayorga, pegadito a las Nuevas Orientaciones, y le digo a Isidro (su esposo): “Isidro, en esa casa yo voy a poner la tienda, ¡vámonos!”, y él me decía: “Sonia, vale el doble de lo que pagamos aquí ¿de dónde vamos a coger?” y yo le decía: ¡vas a ver qué sí Isidro, ahí voy a poner mi tiendita! El pobrecito angustiado.

Ahí principié. Yo le cobraba a mi suegra un seguro, ella tenía una tienda de alhajas y yo llegaba todas las semanas a la sociedad y doña Marisa Tellería, que vendía las máquinas de coser Singer me dijo una vez: “Sonia, ¿no querés una máquina de hacer zigzag?, porque para esos vestiditos que querés poner necesitas una máquina”, entonces le digo yo: “sí, sí, pero yo no puedo comprarla”, pero ella me responde: “llévatela y ahí me la vas pagando semanal”.

Me la llevé. Entonces ya no solo hacía los vestiditos, sino aplicaba flores, las cortábamos de los muñequitos, y esos muñequitos los aplicábamos.

Ella misma me dijo: “mirá, ahí tengo esta vitrina, que ya voy a quitar la agencia y te la vendo Sonia” y yo le dije: bueno; una vitrina bien fea por cierto, pero que me sirvió. Grandota. Ahí principié, yo cosía y hacía mis vestiditos e Isidro me ayudaba, porque siempre hemos sido bien unidos.

La cosa es que reuní varios vestiditos y él me hizo unos cartuchos para que se vieran voladitos, porque antes eran bien voladitos los vestidos. Los puse adentro de la vitrina y encima les puse otros.

Entró una señora a la tienda y me compró tres de un solo, yo estaba que brincaba y cuando llegó Isidro le dije: “¡Isidro, vendí tres vestidos!” y él me dijo: “Sonia, a lo mejor y es que están muy baratos” y yo le dije que no, que así me les dejara el precio.

¿De dónde viene el nombre?

Les pusimos así por mis hijas mayores que son gemelas: Alicia y Marina. El nombre lo escogimos juntos porque siempre estábamos unidos.

Ganamos muchos reconocimientos, hacíamos desfiles hasta en el club social y hasta salíamos en la televisión. Porque las mamás de las niñas eran de la alta sociedad y tenían esa facilidad. Las Creaciones Gemelas se hicieron grandes, les vendíamos a Sears, le vendíamos a Dreyfus y después le vendíamos a toda Nicaragua. Teníamos agentes. Vendíamos en Ocotal, Matagalpa, Jinotega, en todas partes y así fuimos creciendo y ya pudimos comprar máquinas industriales.

Tenía otras empleadas, una bordadora y yo cocía, y ya después traje a otras costureras. Después las máquinas industriales y se fue haciendo grande. Compramos el terreno y con un préstamo hicimos la casa bien bonita, era toda de vidrio.

¿Qué sucedió cuando empezó la guerra?

Cerramos todita la casa y le hicimos unas ventanas, para que no se viera que era bonita. Pero igual, mi casa fue comando porque nosotros nos fuimos, y se repartieron todos los vestiditos. Hacían filas y se repartían los vestiditos a la gente. Yo dejé todos los closets abiertos, los roperos y ahí se despacharon gordo, pero me dejaron mis máquinas.

Ya después de eso ya no nos importó que gobierno estaba, era muy difícil conseguir las telas en esa época, pero aun así volvimos a trabajar y exportábamos a Costa Rica. Eran docenas y docenas de vestidos, tallas desde cero hasta 12. Cajas tras cajas, incluso hasta guayaberas hacíamos. Yo una vez le pregunté al señor que le vendíamos allá que, si no quería que le hiciera guayaberas, y él me dijo que no usaba. “Le voy a traer una de regalo”, le dije yo. Le llevé de regalo 2 guayaberas y el señor quedó tan encantado que me pidió que le hiciera otras y me pidió también que se las hiciera para vender. Es que yo se las hacía con forma, no eran de esas así lisotas, y por eso gustaron.

¿Qué era lo que más vendía y por qué? 

Los vestiditos de niña. Ese era mi fuerte. Yo siempre pensé que como costurera, o sea, yo nunca había visto una costurera que saliera adelante, tenía a mi maestra y otro montón de costureras muy buenas, pero quedaban todas de viejitas como costureras y yo no quería eso. Yo quería que vieran mi ropa, mis vestidos, que se los midieran a las niñas, que vieran si les gustaba, si les quedaba bien y se los llevaran. Y eso fue lo que sucedió, le gustaba a la gente y los compraban. Esa era mi idea y mi meta, no ser costurera, sino que empresaria mejor dicho, aún yo sin tener riales, solo la idea en la cabeza.

Sigo pendiente de todo, aún soy la principal accionista, yo firmo los cheques y aquí no se hace nada si no firmo yo.

¿En qué momento es que empiezan a hacer bordados industriales?

Cuando, ya con esa máquina de pedal, pero aún no electrónica, la Policía nos buscó para que le hiciéramos insignias. Se las hacíamos pero era muy difícil porque llevaban fallas, entonces estábamos con la idea de comprar una máquina electrónica, que aquí en Nicaragua no había, en ninguna parte. La gente nos decía que para que íbamos a comprar eso si aquí no había quién las pudiera dar mantenimiento.

Compramos una en Costa Rica, de segunda mano. Hablamos, con el mismo técnico que revisaba las máquinas allá y le preguntamos si podía venir a Nicaragua a revisar la nuestra. Compramos una de seis cabezas y todo el mundo nos decía que eso no nos iba a dar resultado, porque realmente  aquí lo que se hacía era la serigrafía. Ninguna empresa tenía un uniforme con bordados. En realidad nos costó y tuvimos que andar juntos de empresa en empresa. Visitamos la cervecería, la Coca Cola, y unas nos aceptaban y otras no, pero así íbamos.

Teníamos unas seis costureras, en las máquinas otras seis. Las máquinas no eran digitales, trabajaban con una cinta de cartón con un poco de hoyitos y se metían las cosas. Pero todo salía nítido, hasta crucetas hacía. Es preciosa la máquina y aún la tenemos de recuerdo. A Isidro un extranjero de la zona franca se la quiso comprar, pero él no se la quiso vender. Le daban 5 mil dólares por ella.

Después trajimos una de doce cabezas y luego la computarizada. Hicimos un préstamo de más de cien mil dólares. Hicimos una fiesta y la inauguramos. Invitamos  al alcalde, a la sociedad, la familia e hicimos un coctel de bienvenida, un convivio. Estuvo muy bonito.

Así fue eso, después compramos otra de seis, una de ocho, otra de uno…

¿Usted aún sigue trabajando en el negocio?

Por ejemplo, en la mañana me fui y estaba una caja llena de escarapelas, porque eso estamos haciendo y había que darles vuelta, eso es bastante de mano. Entonces yo me puse a hacer eso fácil, les di vuelta a todas, las limpié. Ya en la tarde subo aquí a mi cuarto, pero yo pienso seguir ayudando porque eso necesita mucho trabajo de mano y yo puedo hacerlo. Sigo pendiente de todo, aún soy la principal accionista.

Tenía 25 años cuando principié en el taller y ya tengo 84, voy a cumplir 85… ¡hace la cuenta!”

¿Cuál es su principal logro?

Mi principal logro es todavía tener esta empresa en pie y seguir dirigiéndola, no directamente, porque ya mis hijas y mi nieto, son los que se encargan de ella. Pero sigo estando yo al mando, yo siempre me siento que estoy actual. Estoy agradecida con Dios por manejarme yo sola con mis reales, no soy carga de mis hijas, ni de nadie. Si yo puedo ayudar lo hago y por eso agradezco al señor haberme dado esta facilidad, que está en mi casa, que he podido comprar esta casa gracias a la misma empresa y que puedo estar tranquila, aquí con mis hijas. No tenemos grandes capitales pero tenemos donde vivir, tenemos la empresa, tenemos máquinas, ¿qué más podemos pedir?

Fachada de Creaciones Gemelas. Milena Montoya / Nuevas Miradas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!