25 septiembre, 2021

Los malos gobiernos alimentan una mala oposición

Foto tomada de Telenorte / NM

“La Constitución no es un instrumento para que el gobierno controle al pueblo, es un instrumento para que el pueblo controle al gobierno para que no venga a dominar nuestras vidas e intereses.” Patrick Henry

Los últimos acontecimientos políticos permiten ir despejando algunas incógnitas en el plano político que se irá por el continuismo o el cambio de sistema. Un gobierno que busca por todas las formas mantenerse en el poder y una oposición sin fuerza, ni fundamento, cuyo propósito es sacar al enemigo del poder de cualquier manera

Julio César Guerrero Dias

Por los últimos acontecimientos que se han manifestado en el plano político con vistas al proceso electoral que se avecina, se vislumbra que el Consejo Supremo Electoral está seleccionando quienes son los quiere que participen como partidos políticos y quizás posteriormente quienes serán los candidatos que participarán como aspirantes a la primera magistratura de la nación.

Las instituciones políticas llámese partidos o alianzas se debaten en primer lugar como alcanzar el poder a través de las elecciones, a sabiendas que hay una serie de obstáculos que no les permite competir en las mismas condiciones, y que el poder no va ceder el mínimo espacio para que otra opción política logre alcanzarlo.

Para ser más claros, probablemente habría que comenzar diciendo que un gobierno es producto de una sociedad, mas bien un vínculo directo gobierno y sociedad, son dos entes sólo distinguibles analíticamente por lo que cada uno realiza.

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Una sociedad incapaz de construir las bases institucionales y organizacionales necesarias para cimentar gobiernos efectivos y eficaces, es el gobierno que se merece, eso es lo que hemos hecho, todos somos culpables; unos con mayor responsabilidad que otros, alimentamos un sistema que poco a poco se fue adueñando de todo y no fue que no se miraba, simplemente se acomodaron por todo el contubernio y coqueteo que por muchos años mantuvieron con el poder.

Si bien es cierto que todos somos culpables de la situación que atraviesa el país, más culpables son todas aquellas instancias que se sentaban en la misma mesa para repartirse el pastel de la nación eso fue lo que pasó.

Si pasamos una mirada por la mayoría que pretenden un cambio de sistemas y personas en el poder, muchos de ellos son los mismos que daban avales al gobierno que todo iba marchando bien y que nuestro país era un modelo de crecimiento, desarrollo y cambio social, después de mas de una década se acordaron que estaban equivocados, que lamentable.

Entonces, estas reflexiones no buscan lanzar culpas a diestra y siniestra, vale la pena considerar la reflexión de Hood (2011) sobre el papel de la culpa y su evitación en los gobiernos contemporáneos, académicos, empresarios, ONG, ciudadanos, todos formamos parte de la ecuación que produce los pésimos gobiernos que sufrimos.

De lo que sí debemos estar consientes es que por otorgarle un cheque en blanco para gobernar, han sentido que son dueños de todo y que pueden hacer y deshacer lo que quieran en función de lo que dicen todos, bienestar para el país.

Por lo tanto, si antes de abril de 2018 el país estaba en calma quiere decir que estábamos en ¿paz y tranquilidad? ¿era un buen gobierno?

Un buen gobierno produce los bienes públicos demandados por una sociedad, medidos todos bajo parámetros diferentes y plurales de eficacia y eficiencia, pero lo que hay que señalar que estos bienes públicos los que decidían por la sociedad eran los que ahora se disputan el poder político, de la noche a la mañana cambiaron de pensamiento. ¿Cómo creerles?

En una democracia, un gobierno produce bienes públicos a través de un proceso sustantivo, indispensable, de legitimación, un acuerdo capaz de generar políticas públicas donde los diferentes actores e intereses han podido, en cierto sentido y con diversas limitaciones políticas y prácticas de participar, discutir, y establecer los parámetros y supuestos de las alternativas de acción pública y gubernamental factibles y políticamente legítimos, la participación el debate de la sociedad ha estado ausente siempre en nuestro caso.

Entonces, un buen gobierno tiene como precondición de la acción un ejercicio de diálogo y disenso en democracia, podemos decir que es un gobierno actuando por políticas públicas.

Los gobiernos no han sido capaces de generar tales condiciones porque para ello tendría que importarnos, como sociedad, discutir y analizar no sólo los resultados de las políticas destinadas a proveer bienes y servicios, también las condiciones políticas y de gestión ambas íntimamente relacionadas mínimas que en una democracia tendrían que cumplirse para ello.

Esto es ser gobierno en una sociedad democrática, lograr resultados legítimos donde no hay una definición única de objetivos ni de expectativas respecto de qué alcanzar.

La clave es lograr resultados en un marco de actuación donde el efecto final depende de la discusión, la posición y los intereses de múltiples actores, algunos de los cuales están organizados específicamente para ganar el poder y que son férreos opositores cuando están fuera de las instancias de poder político, quizás es eso lo que está pasando en nuestro país, la oposición ahora ha sentido que los han desplazado del poder que tenían antes.

Los gobiernos requieren pensar, identificar y convivir con los obstáculos y posibilidades que la interacción política les otorga. Así, en la práctica, un buen gobierno democrático sabe que actúa en un marco perenne de incertidumbre, de modo que naturalmente creará mecanismos para evadirla o usarla para sobrevivir.

La legitimidad, ya decía Weber, propicia la dominación efectiva del aparato gubernamental que incrementa las probabilidades de encontrar obediencia en la contraparte social, opositora, al saber que las decisiones establecidas por la autoridad atravesaron el crisol del debate amplio, público, abierto, hay una creencia en la legalidad de las disposiciones estatuidas.

No hay tal método neutral y universal para gobernar, no hay recetas simples, gobernar es un acto en gerundio, es decir que no se define por rasgos tales como el tiempo, ni el modo, ni el número, ni la persona, mas bien es un aprender a reconocer las necesidades del momento, aprender a lidiar con los obstáculos y retos de la política, un avizorar la marcha futura de los deseos próximos de la sociedad, es pensar en el futuro, es predecir tendencias y comportamiento de la sociedad, es adelantarse e identificar los problemas  y los acontecimientos siempre en función del bienestar social.

Ahora bien, las organizaciones gubernamentales también son mortales, cometen errores, pueden tomar buenas decisiones e implementarlas mal, o llegar a decisiones malas y despilfarrar recursos en políticas equivocadas.

Quitarnos el velo como sociedad que nos hace ver el mundo político y al gobierno sólo como un mundo macro, donde grandes fuerzas e ideologías están en el juego del poder para decidir y hacer, es indispensable.

Una sociedad libre es la que sabe enfrentarse a los nuevos retos, y combate de forma eficaz todas las dominaciones, sean viejas o nuevas, y eso solo sucede cuando todo el mundo se moviliza para defender los derechos, y no debemos creer que responder es hacer una cadena de tuits, compartir en redes sociales cualquier cosa, debe ser un movimiento ciudadano de jóvenes, mujeres y hombres que den respuesta a toda clase de acosos, asedios, a los que los poderosos nos someten en el día a día.

El progreso depende de esa capacidad de respuesta que tiene la sociedad, porque innovar la sociedad es organizarla con el desarrollo de los derechos que fortalezcan un pensamiento alternativo, ¿qué función juegan los medios, la familia, las instituciones educativas, los movimientos sociales? ¿qué nuevas ideas les estamos proporcionando?

¿Qué argumento les presentamos de los acontecimientos que se desarrollan todos los días? ¿qué tipo de educación le presentamos como alternativa que les permita reflexionar?

Estamos haciendo muy poco, los instamos a que reproduzcan lo mismo que leen, escuchan o miran para fortalecer las ideologías de los que están en pugna política.

No lo estamos dejando que vuelen su vuelo, y que sueñen su sueño, ni caminen hacia donde quieren llegar, por qué no le estamos haciendo nuevas propuestas que les ayuden a reflexionar y que sean capaces de decidir lo que les interesa como sociedad.

Por otro lado, podemos decir que la buena oposición no es la que busca entorpecer, poner palos en la rueda ni frenar, sino aquella que busca la transparencia en su labor, proponer alternativas edificantes y aportar la crítica constructiva y su importancia radica en que si hay una buena oposición, la garantía de la legalidad está asegurada.

No sé si verdaderamente en nuestro país hay un verdadera o buena oposición, de pronto he llegado a pensar que tanto el gobierno como la oposición compiten para hacer las cosas de la peor manera, lo que ha pasado es que los llamados asesores políticos que ambos grupos tienen son los mismos, el mismo modelo, las mismas estrategias, las mismas acciones, los mismos rostros con mucha anticipación se sabe que van decir, por lo tanto nos encontramos con gobierno malo y oposición mala.

Tengamos en cuenta que no son los jueces ni los fiscales los que están día a día en la supervisión de lo que hace el gobierno, sino una verdadera oposición, una permanente sombra que representa a una población que no por haber perdido, pierde funciones, sino que gana la oportunidad de garantizar el cumplimiento y la diligencia, pero esto no  ha pasado con nuestra oposición, solo cuando se acercan las elecciones aprovechan la oportunidad según ellos para hacer oposición por oposición, o aprovechar la oportunidad de algún acontecimiento como lo sucedido en abril de 2018 para hacer según ellos oposición.

¿Cuál oposición? porque a veces dicen disparates, yo mas bien diría son enemigos del gobierno, ninguna oposición es enemiga de un gobierno, sino son posiciones encontradas de discrepancia, donde la responsabilidad, el respeto, la tolerancia marcan el estado de amabas parte y donde se busca un punto común que los acerca sin renunciar a lo que cada parte desee.

Además, desde el punto de vista de la eficiencia de un gobierno es mucho más rápida una intervención política y una solución consensuada con todos los actores políticos y de la sociedad civil en el seno de una oposición, para construir una ciudadanía donde se sienta parte del proceso del proyecto político de la nación la figura de oposición le ha quedado grande.

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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