31 julio, 2021

Ninguno de los partidos políticos representa los intereses y aspiraciones de la mayoría de los nicaragüenses

Foto tomada de Radio Corporación / NM

María Teresa Blandón

Un gobierno que desde su retorno al poder ha reprimido cualquier tipo de protestas ciudadanas como lo vino haciendo el régimen Ortega-Murillo tarde o temprano terminaría cometiendo una masacre como la del 2018, porque tal es la lógica de quienes se aferran al poder a la brava.

Cuando los sometidos -que en este caso es toda la ciudadanía- aguantan en silencio el peso de la dominación, la violencia se mantiene como una amenaza latente, una advertencia, acciones profilácticas, tal y como ocurrió desde el primer periodo de gobierno del régimen con las protestas de estudiantes, sindicalistas, trabajadores de las minas, campesinos, indígenas, organizaciones de mujeres y pobladores en general.

En abril del 2018 el régimen intentó hacer lo mismo que venía haciendo desde su retorno al gobierno, pero fracasó rotundamente en su afán de someter a los jubilados y estudiantes y eso encendió su ira mal escondida tras los discursos de amor y reconciliación.

No soporta el régimen de Ortega-Murillo que las víctimas de su violencia se nieguen a olvidar, a resignarse, a dejárselo todo a Dios. Por eso continúa desatando su furia represiva contra las madres de abril, los presos y presas políticas y sus familias, las organizaciones que, a pesar de la represión, continúan denunciando la violación de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

Como todos los poderes de dominación que no han sido frenados a tiempo, el régimen Ortega-Murillo ya perdió toda capacidad de razonar; está atrapado en una burbuja de miedo, odio y sed de venganza. Precisamente porque ya perdieron todos los límites en el ejercicio del poder público y amenazan con hundir a nuestro país en la violencia y la pobreza, la sociedad nicaragüense debe salir de ellos a través de la resistencia cívica que va más allá de depositar el voto el día de las cuestionadas elecciones.

Si la abstención como señalan muchos, no es una opción por el momento, debemos exigir a los grupos de oposición que depongan toda intención de aprovecharse de la crisis para sacar ventajas a costa del sacrificio de miles de nicaragüenses.

En Nicaragua no tenemos partidos robustos, con una amplia base de apoyo popular, con mecanismos democráticos para la elección de sus candidaturas. Incluso el FSLN no habría regresado al poder si no hubiese negociado con el PLC la drástica reducción del porcentaje de votos. Todos los partidos políticos son protagonistas y herederos de interminables rupturas en cuyo origen están las disputas por el reparto de poder. Ninguno de los partidos políticos representa los intereses y aspiraciones de la mayoría de nicaragüenses.

Por eso no cabe del lado de estos grupos de oposición, discursos vociferantes que pretenden imponer casillas, candidaturas, estrategias para enfrentar la fuerza destructiva del régimen Ortega-Murillo. Nadie les ha dado ese poder.

La gente ya está cansada de discursos retóricos que ofrecen unidad sin que se lleven a cabo acciones concretas para lograrlo.  Si CxL-Alianza Ciudadana que por ahora cuentan con una casilla electoral, realmente quieren contribuir con la unidad de las fuerzas de oposición, les queda muy poco tiempo, días en realidad, para demostrarlo.

Está claro que el régimen Ortega-Murillo ya concretó este nuevo fraude electoral, pero lo que todavía es un rumor que va cobrando fuerza, es si los dueños de esta casilla apuestan a denunciar al fraude y continuar la resistencia cívica, o acomodarse a las reglas impuestas por el régimen.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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