13 junio, 2021

Los condenados

Francely Navarro

Ningún roble ojeroso, inculto de siglos y ramas secas pudo sostener la esperanza de mi pueblo.

El pobrecito cayó de bruces, con las manos reventadas de tanto entierro y adioses convulsivos, las madres lloraron hasta quedarse dormidas y la justicia hizo sus maletas asqueada de tanta traición.

Hubo un último grito al llegar el mediodía, eran voces azules, flores olorosas que aún amaban el sol y la libertad de los abriles, corrieron por las calles, marcaron las puertas y las frentes con el perfume de las banderas alzadas, creyeron que podían salvar futuros y construir la fe sobre los escombros de la dignidad.

Pero los muertos siguieron muertos, descabezados como en vida, como siempre, pusilánimes y resignados a morder el hueso de la ignominia, pútridos en su ‘no querer hacer nada’, condenados por la historia… justamente condenados.

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