16 octubre, 2021

¿Dónde diablos está el “enemigo”?

Nuevas Miradas ofrece cada domingo, extractos del libro “Espérenme: Historias Verdaderas de Guerra, Amor y Rock & Roll” o memorias del fotoperiodista Bill Gentile, como la coronación de una fructífera y actualizada carrera que no la dejó llevar por lo tradicional y que al contrario, se ha reinventado. “Espero que las historias sirvan para evitar que los nicas vuelven a pelear entre ellos mismos. Espero que la guerra no vuelve a ocurrir en Nicaragua. Nunca. Jamás.”

Extracto (*)

En la foto con derechos de autor de © Bill Gentile arriba, miembros del Ejército Popular Sandinista se recuperan de una emboscada de las fuerzas “contra” respaldadas por Estados Unidos.

MULUKUKÚ, Nicaragua.- Solo llevábamos unos días saliendo con los sandinistas, así que todavía estábamos frescos, sin cansarnos de la fatiga, la comida pésima, los días agotadores, las noches incómodas, la tensión y el miedo. Estábamos listos. O tan listo como puedas, para que casi te maten.

El fotoperiodista mexicano Arturo Robles y yo estuvimos en el noreste del país tras los rumores de intensos combates en esa zona, en los llanos orientales de Nicaragua que van desde el pie de las montañas centrales hasta la costa Atlántica (Caribe) en el departamento de Zelaya. Habíamos salido de Managua antes del amanecer.

La Bestia, cargada de equipo y suministros. La Bestia, mi International Harvester Scout de 1969, la máquina muscular que nos llevó por todo el país. Esta cosa tenía ocho cilindros, tracción en las cuatro ruedas, escape doble, tanques de gasolina gemelos, cambio de marchas manual en el piso y un carburador del tamaño de una planta de energía nuclear, todo bajo una capa roja de acero endurecido. La llamé La Bestia, (La Bestia), después de que un titular de uno de los periódicos locales informara sobre un ataque de las “bestias” o contras en el norte.

A Arturo Robles le encantaba hurgar en los casetes de música que llevaba en la guantera. La música que Claudia y yo disfrutamos en nuestros viajes a Masachapa.

“¿Quien ponemos?” Le pregunté rutinariamente a Arturo. “¿A quién quieres escuchar?”

“Puntero de Las Hermanas”, a veces sería la respuesta. “Las hermanas Pointer”.

Debido a que México fue uno de los dos países del hemisferio occidental que se negaron a unirse al bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, (Canada fue el otro); los grupos revolucionarios de la región dieron especial consideración a mexicanos como Arturo. Arturo fue aceptado tanto por los sandinistas como por las guerrillas de izquierda en El Salvador.

Lo que me importaba era que trabajábamos juntos como locos. Era inteligente y casi intrépido y sabía que podía depender de él cuando las cosas se pusieran difíciles. Y cubrimos muchas cosas peludas no solo en la montaña sino también en las calles crueles y mortales de El Salvador.

Como beneficio adicional, Arturo tenía un sentido del humor irónico que lo convertía en una de las personas más divertidas que había conocido.

No vi nada. El bosque en la cima de la colina explotó y todos se arrojaron al suelo para cubrirse o cayeron al suelo porque fueron golpeados. Escucho a alguien gritar órdenes y Arturo y yo seguimos a los muchachos colina arriba, todos resbalando y resbalando sobre el barro blando, los soldados agachados y las armas mirando hacia arriba, sin que nadie sepa hacia dónde nos dirigimos porque es como los árboles y la montaña. los arbustos nos disparan. ¿Dónde diablos está el “enemigo”?

(*) Este extracto es uno de una serie que precede al lanzamiento de mis próximas memorias. El libro se llama: “Espérenme: Historias Verdaderas de Guerra, Amor y Rock & Roll”

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