18 septiembre, 2021

Óscar Miranda, la persona con un millón de amigos

Guillermo Cortés Domínguez

Escribo sobre Óscar Miranda “Mirandita” porque me siento agradecido con él por mí y por tantas personas que recibieron una sonrisa suya o un gesto de su inagotable amabilidad. Me hubiera gustado ver arrecho a “Mirandita”, dando saltitos de indignación para compensar su baja estatura, pero esto no sucedió frente a mi y hasta es difícil imaginarlo en una persona tan afable como él.

Como todo el mundo, Óscar también tenía problemas –no sé cuáles—pero los ocultaba porque para todos y en cualquier lugar donde se encontrara, él solo tenía sonrisas para repartir. Conocí a “Mirandita” en 1974-75, porque él era amigo de mi tía Chepita Cortés y su esposo el publicista Luis Alfonso Flores y en ese entonces Óscar era igual que el de los últimos años: educado, respetuoso, gentil y cortés.

Después que mi tía Chepita y Luis Alfonso se fueron de Nicaragua en 1979, “Mirandita” los visitó en Los Ángeles en varias ocasiones. Mis parientes eran referentes obligados en nuestros circunstanciales encuentros en el Canal 2, Radio 580 y catedral, entre otros. ¿Cómo están la Chepita y Luis Alfonso?, era su pregunta recurrente, que en catedral cambiaba por ¿Cómo está tu papá?

Mi papá vive con un hermano mío en Jinotepe, pero antes vivió conmigo durante un año y cada domingo íbamos a misa a catedral. Nos sentábamos con mi papá –ahora de 95 años– en las bancas cercanas al altar por el lado derecho de catedral, de oeste a este, y en algún momento, antes, durante o después de la misa, llegaba “Mirandita” a saludarnos y alegrarnos con su sonrisa.

Después que Óscar se integró a un grupo religioso –algunos de cuyos miembros suelen ser muy vehementes–, él no cambió, no se volvió necio pretendiendo salvar del infierno a sus amistades y conocidos, como suele suceder con quienes se fanatizan. Nunca me dijo algo al respecto, tan respetuosamente como siempre fue. Una vez me planteó una duda filosófica, pero nada más.

En ocasión del fallecimiento de Óscar, llovieron comentarios en las redes sociales sobre sus atributos. Me llamó la atención que alguien lo caracterizara como una persona “con un millón de amigos”, porque esta expresión lo retrata de cuerpo entero. En general resulta cierto que los amigos se cuentan con los dedos de las manos, pero esto no se aplica a Óscar Miranda, un cosechador de afectos, porque él los daba a manos llenas.

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