18 mayo, 2021

Abril marca un nuevo ciclo en Nicaragua

Sergio Simpson

Emociona que el país tenga personas pensantes, esas honestas que desean erradicar al ser que controla a los otros, ese que además se impone fuerte en la familia, y para colmo aprovecha el dinero estatal. Por las razones mencionadas, me impresionó aquel primer encuentro de autoconvocados frente a la iglesia San José, en Matagalpa.

Varios siglos tuvieron que transcurrir los nicaragüenses para comenzar a romper la personalidad guerrerista, por tanto, violenta y cruel. Ha sido lenta la evolución de los habitantes de diversas naciones nativas y de quienes son producto del mestizaje impuesto colonialmente. Comprensible en el tiempo.

Aquel 12 de abril 2018, primer día de protesta por el incendio de la reserva biológica Indio Maíz, vi tantos chavalos y chavalas, con carteles elaborados a mano en cartulina o tela, diciendo lo que deseaban, proponiendo acciones salvadoras del ambiente. Rompen con el verticalismo del mando, ahí no había líder ni jefe: eran autoconvocados.

Años antes, escribí: “nicaragüenses no han dejado atrás la formación feudal de cinco siglos, son descendientes de nativos primarios y europeos decadentes migrantes”. Esa versión inquieta a especialistas sicólogos, sociólogos, historiadores, antropólogos.

Alguna gente autocríticamente reconoce sus limitaciones y fortalece sus ventajas, se avanza acompasado porque no es estático, no se pida más de lo que la naturaleza puede, es la realidad.

Miles de páginas han escrito acerca de la cultura nacional, ensalzando las muchas guerras, glorificando a sus generales; promoviendo la relación distanciada de la oligarquía con sectores a quienes ven de menos, y los minimizados aplaudiendo a patrones de hacienda o jefes de tropas.

Abril 2018 demostró que la sociedad nicaragüense en masa volvió a las calles a reclamar sus derechos pero sin armas ni siguiendo a un caudillo, como en 1978 rompe con el liderazgo político tradicional, vertical, mentiroso, oportunista, corrupto, represor y asesino.

Desde aquella fecha del siglo pasado, a nivel mundial, nicaragüenses destacados en todas las artes del hacer y pensar, respaldan el proceso de cambio que requiere Nicaragua y su sociedad, en foros internacionales sus voces escuchan personalidades horrorizadas con los relatos y pruebas de represión gubernamental y rebeldía social.

El sistema es caduco, los del FSLN que aún piensan lo saben, los militantes históricos lucharon con armas, miles murieron, y a ellos les encanta recordarlo, también saben que las razones por las cuales la sociedad se rebela son las mismas o similares al ayer, aunque pretendan lavar la cara.

Nicas quieren ser personas de éxito por méritos propios, no para agradecer a políticos que los contratan con planilla gubernamental, rechazan la guerra entre nicas, se oponen a la opresión de gobernantes, detestan la corrupción y los corruptos. El cambio está lento, pero posesionado, es irreversible la erradicación de la sociedad poscolonial.

Quienes no han emigrado de Nicaragua y son altamente calificadas se mueven en muy reducido espacio para el éxito. El gobierno los reprime si critican y proponen. En el país no existe un estado democrático, carece de igualdad de oportunidades.

Sin embargo, en abril 2018 inició otro ciclo y no ha parado, la demanda de la mayoría es la misma: ¡Que se vayan!

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