18 mayo, 2021

Ya es muy tarde para más promesas, se le acabó el tiempo a Daniel Ortega

“El sueño de Bolívar” plasmado en  una refinería, sueño se quedó. / Internet / NM

María Teresa Blandón

 Cuando Daniel Ortega se lanzó por cuarta vez consecutiva como único candidato por el FSLN a la presidencia, prometió no repetir los errores cometidos en los años 80. Las y los jóvenes de entonces que ahora rondan los 30 años, tienen suficientes elementos para evaluar por sí mismos el cumplimiento de las promesas hechas hace quince años.

Daniel Ortega gobernó en tiempo de paz, contando con un generoso apoyo financiero de la comunidad internacional y particularmente de Venezuela, con el total respaldo de la empresa privada, con el control absoluto de los sindicatos, sin oposición política relevante, con el apoyo de importantes líderes religiosos católicos y evangélicos, con el control casi total de los medios de comunicación.

Quince años después no pueden argumentar que no tuvieron suficiente tiempo, ni el bloqueo económico del imperialismo norteamericano, ni de la guerra de la contra.  Le corresponde únicamente al régimen Ortega-Murillo, asumir la responsabilidad de una deficiente gestión pública que terminó desembocando en la crisis de abril.

De nada sirve que ahora en pleno año electoral improvisen clases de historia que, a falta de éxitos en el presente, recurre a una imagen idílica de la revolución de los 80 cada vez más desdibujada en el tiempo. A estas alturas, la gente joven que es la mayoría, va a votar en base a lo que ha visto y vivido durante los últimos tres períodos consecutivos de gobierno, comparando discursos oficiales con la realidad, en donde sobresalen datos nada alentadores.

Al día de hoy, el 20% de nicaragüenses no sabe leer y escribir; el nivel de educación promedio a nivel nacional apenas llega al sexto grado de primaria; las y los docentes ganan bajos salarios y deficiente calificación profesional, además deben hacer propaganda partidaria a favor del FSLN si quieren preservar su empleo.

Las universidades públicas están controladas por un reducido grupo de funcionarios, docentes, dirigentes estudiantiles y sindicalistas leales al régimen Ortega-Murillo, quienes trafican con becas, bonos de alimentación y otros beneficios que salen de los impuestos que pagamos las y los nicaragüenses.

Miles de jóvenes que egresan cada año de las universidades públicas no encuentran empleo acorde con sus profesiones, viéndose en la necesidad de trabajar en el sector informal de la economía, mientras la Asamblea Nacional controlada por el FSLN rechazó la aprobación de la propuesta de Ley del Primer Empleo, presentada desde hace varios años por organizaciones de la sociedad civil.

La violencia contra niños, niñas, adolescentes y jóvenes es alentada por la propagación de discursos conservadores por parte del régimen Ortega-Murillo, así como, por la ausencia de instituciones que se ocupen de la prevención y de la sanción a los agresores.

El acelerado deterioro ambiental durante los últimos quince años que tiene entre sus principales consecuencias, la escasez de agua en casi todo el territorio nacional, es producto de la permisividad del régimen con las empresas depredadoras.

Con todo, una de las peores secuelas que el régimen Ortega-Murillo deja a la sociedad nicaragüense es haber mal-educado a sus simpatizantes en el fanatismo ideológico, en la intolerancia, en el uso de la violencia verbal, física, sexual y letal.  Haber involucrado a miles hombres y mujeres jóvenes en la organización de fraudes electorales, también constituye una terrible expresión de la corrupción.

Por todas estas razones y otras que no han sido nombradas, quienes se declaran defensores de la democracia tienen que demostrar desde ahora, su compromiso con las transformaciones que necesita nuestro país.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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