23 septiembre, 2021

¿Cómo ser responsables con nuestra libertad y autonomía en un contexto electoral?

Ilustración de Pinterest / NM

“Puedo saber tanto pedagogía, biología como astronomía, puedo cuidar de la tierra como puedo navegar (…)sabré tanto mejor y más auténticamente cuanto más eficazmente construya mi autonomía respecto de los otros”. Pedagogía de la Autonomía (1996), Paulo Freire.

La libertad es un derecho consignado en la declaración de los Derechos Humanos, pero ese derecho deben de asumirlo las personas con responsabilidad.

La administración de la autonomía de las personas es sobre la base del conocimiento y la razón, la libertad y la autonomía son las identifican a la persona, por eso la educación formal y no formal, tienen como reto formar ciudadanos con capacidad de administrase su libertad y autonomía.  

Julio César Guerrero Dias

En un mundo lleno de incertidumbre, plagado de un sinnúmero de problemas de toda naturaleza, la educación viene a jugar una función significativa en la sociedad.

Una educación que vaya mas allá del enciclopedismo, donde a través de ella vaya diseñando personas con alto sentido de responsabilidad, donde la libertad sea el recurso humano fundamental para alcanzar un desarrollo social, político y económico necesario para el momento que vivimos, plagado de intolerancia, de irresponsabilidad, de decir cualquier cosa, de ofender, de calificar, de juzgar, en fin es una libertad abierta, sin tapujo, donde no se quiere identificar hasta donde llega la libertad de uno y donde inicia la del otro.

Educar en la libertad y la responsabilidad es, finalmente, dentro de los márgenes posibles, facilitar de la mejor manera la construcción de las identidades, la realización de los innumerables proyectos de vida posibles, ligados al proyecto social y político que los une, en busca de la tranquilidad social, del equilibrio, de lo justo, bajo el principio de la libertad responsable.

En una etapa histórica articuladora entre un mundo moderno, propio de una sociedad productiva, y un mundo posmoderno, vinculado a la sociedad de consumo de ahora, tenemos un desafío crucial, hallar un sentido propicio a la educación para la libertad y la responsabilidad en los actuales contextos socioculturales, donde cada día el concepto y la aplicación de la libertad se vuelve mas complejo, para los ciudadanos.

Un contexto sociopolítico y cultural que cada día a la gente la pone mas a la ofensiva, del dime y diretes, de daños y perjuicio, donde ahora producto de lo que decís, presentas o escribís te etiquetan y lo mas graves de eso es cuando te preguntan ¿con quién estás? ¿te han preguntado alguna vez eso?  ¿qué sentís? de pronto se puede sentir como que no tenés derecho de seleccionar lo que cada un considere conveniente.

Los otros se convierten en el gran jurado que te dicen, es incorrecto lo que haces, porque no piensas iguales a ellos o es correcto lo que haces porque comulga con su pensamiento, son inquisidores dejen a la gente que piense y opine como quiera es su derecho, te absuelven o te condenan, a ese nivel estamos.

Desde la educación formal y no formal se debe de desarrollar y formar ciudadanos con alta capacidad de libertad, una libertad acompañada con el conocimiento, la racionalidad, el respeto y la tolerancia.

Estamos en busca de orientaciones pedagógicas que no son necesariamente las que se generan desde los salones de clases, sino desde la familia, los medios de comunicación, las organizaciones, los movimientos sociales, las religiones, la sociedad en general que sean didácticas renovadas y renovadoras a la altura de nuestro tiempo, ya no podemos continuar con una actitud de los buenos y los malos.

No podemos seguir con una concepción maniquea, porque eso nos lleva a un canibalismo social, político, económico y ahora hasta religioso, es lo que vemos todos los días, así es difícil avanzar.

La vieja idea de considerar la libertad como indeterminación no se compadece muy bien con los comportamientos que se aprecian comúnmente en la realidad. Cuando se toman decisiones se toman determinaciones, o sea, decidirse es tanto como autodeterminarse, quizás una de las complejidades que tiene el ser humano es decidir qué hago, porque la libertad es esa, sin embargo, está decisión a tomar tiene que pasar por el filtro del conocimiento y la razón ¿cuánto lo hacen? a veces las decisiones se toman por instinto, por emoción, por gusto, por seguir a otro, en muchos casos ni saben por qué han tomado esa decisión.

De este modo, la idea del libre albedrío o libertad está conectada con la de autodeterminación más que con la de indeterminación, aunque la autodeterminación final incluya un proceso en el que puntualmente se dieron ciertos márgenes de indeterminación, en los que la causalidad interna no estaba completa y previamente determinada.

Nuestra experiencia de la libertad tiene relación con el hecho de que a menudo nos sentimos limitados, coartados. La propia naturaleza nos opone resistencia, nos presenta obstáculos a la consecución de nuestras metas y nuestras capacidades son limitadas para neutralizar sus efectos.

Cuando vencemos alguno de esos obstáculos, nos experimentamos más libres, y podemos realizar actividades que antes no podíamos. Cuando nos sentimos coaccionados por otros seres humanos que nos subyugan, que amenazan nuestras posibilidades de acción, nuestra libertad queda mermada, seriamente dañada.

La libertad, considerada como falta de ausencia o de coacción, ha caracterizado históricamente nuestra civilización. Es decir, ser libre vendría a significar poder hacer lo que se quiere sin que nadie lo impida.

Puede formularse positivamente: la libertad se da cuando uno puede fijarse sus propios fines, es decir, cuando puede autodeterminarse, cuando disfruta de autonomía. Son los conocidos conceptos propuestos por Isaiah Berlin (2004): libertad negativa y libertad positiva, respectivamente.

De acuerdo con Berlin la libertad negativa consiste en que nadie interfiera en mis acciones y agrega lo siguiente: “En este sentido, la libertad política es, simplemente, el ámbito en que un ser humano puede actuar sin ser obstaculizado por otros'” (1988: 191) sobre este concepto puede haber muchas reflexiones y quizás de eso se genera el término de libertad negativa.

Es muy difícil que una persona no tenga obstáculos para querer hacer lo que quiera, las normas y leyes son los aspectos regulatorios que determinan hasta donde podes llegar y eso está regulado a través de un marco legal en todas parte del mundo.

Sobre el segundo concepto afirma: “El sentido positivo de la palabra libertad se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio dueño. Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que sean” (1988: 201).

Según esta breve caracterización se trata, en efecto, de dos cosas distintas. La libertad negativa responde a la pregunta: ¿puedes hacer lo que quieres? En cambio, la libertad positiva nos remite a la interrogante: ¿puedes elegir el objeto de tu querer?

Es posible que un individuo no encuentre interferencias para realizar lo que quiere y, a pesar de ello, carecer de la capacidad de elegir el objeto de su querer. También existe la posibilidad de que un individuo carezca de libertad negativa y, a pesar de ello, conserve su libre arbitrio.

Ahora bien, los determinantes políticos y económicos, así como la acción de otras personas, tornan problemática la libertad de acción del ser humano. Incluso, hay determinaciones externas que, paradójicamente, tratan de coadyuvar a la configuración de la persona como sujeto libre, como son las diversas prácticas de crianza, adiestramiento y acción educativa, que comprenden un espectro desde menos a más coactivas.

Ténganse presentes, por ejemplo, los análisis esclarecedores de Bourdieu y Passeron (1970) sobre la inclusión, en algún grado, de interferencia, coacción y aun violencia, aunque sea simbólica en los actos educativos. Si pensamos en la dimensión social de la libertad, no es viable pensar en una ausencia absoluta de coacción, puesto que, si muchos hacen todo lo que quieren, la libertad de los otros disminuye alarmantemente (Shue, 1996). Con lo que la coacción, en algún grado, parece socialmente imprescindible para proteger la igualdad de la libertad. De modo que lo realmente relevante sería la ausencia de coacción injustificada, o sea, de una coacción que restringe innecesariamente la libertad en lugar de protegerla.

Cuando asumimos la propia autonomía, o sea, cuando aceptamos que somos capaces de elaborar pensamientos que podemos explicar y de adoptar decisiones de las que podemos dar cuenta a los demás y a nosotros mismos, hablamos de responsabilidad (Escámez, 2008).

El arco de la responsabilidad comprende desde la responsabilidad por uno mismo a la responsabilidad por el otro, por la ciudadanía política y por la propia naturaleza (Ruiz Corbella – Escámez – Bernal – Gil, 2011).

En el marco de incertidumbre y de contingencia que caracteriza nuestra existencia, la responsabilidad por uno mismo implica tomar las riendas de nuestra propia vida, sin permitir que nada ni nadie lo haga por nosotros. No es una tarea sencilla ni obvia, sino áspera y difícil. El miedo a la libertad acecha de modo especialmente inquietante en el contexto de la sociedad de consumo actual, particularmente en el plano económico y político.

Se es más persona si se poseen más derechos y se tiene más autonomía si se tienen más derechos. Consecuentemente, se es más persona cuanto más autónomo se sea. Las posibilidades de acción y su incremento reflejan la imagen de agencia personal que caracteriza a la autonomía.

Pero es la propia acción autónoma la que genera una identidad personal. Mediante la realización de acciones, el sujeto adquiere su identidad. Somos aquello que hacemos. De manera que las acciones no son únicamente vía de realización, sino de definición de nuestra identidad. El enfoque identitario aporta la fundamentación ontológica al proceso, puesto que las posibilidades de acción, en última instancia, son posibilidades de ser. El sujeto, pues, es agente de sus propias acciones y, al mismo tiempo, mediante ellas va logrando su identidad, su humana condición.

Por otro lado, debemos de considerar que administrase la libertad o autonomía no es querer hacer lo que a uno se le venga en gana, al fin la libertad y la autonomía está regulada por un marco legal, social, político, económico, cultural y ahora religioso en este sentido la educación para la libertad debe de estar concebida para la acción y actitud ciudadana de cara a una sociedad diferente.

El derecho a desarrollar la autonomía significa el derecho a desarrollar libremente el propio proyecto personal de vida que nadie puede realizar por nadie; pero, asimismo, se abre el arco de responsabilidades que conlleva el deber de humanizar nuestro propio proyecto de vida.

En este sentido y, con todas las limitaciones y precauciones necesarias, asumiendo el sabio legado crítico posmoderno sobre la ambigüedad de la realidad, se aportan algunas posibles líneas pedagógicas generales de acción, centrándonos por último en la dimensión ética.

Una pedagogía para la autonomía y la responsabilidad precisa una resignificación cultural y una reorganización profunda, modificar patrones culturales acerca de la libertad y autonomía en la sociedad son procesos permanentes.

El proceso político que el país vive y donde ya hay una efervescencia política donde cada día se calientas las acciones y discursos y que va a desembocar en las elecciones de noviembre próximo es urgente que la sociedad y mas todavía los participantes directos como son los partidos políticos el uso de la libertad y autonomía conozcan y manejen las fronteras del respeto, la tolerancia, y los debates de altura.

 

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

Ver todas las entradas de Julio César Guerrero Días →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!