10 mayo, 2021

De Nicaragua a Pensilvania, a la privilegiada bodega de los jamones, salchichas y vino

En la imagen, mi hermano Lou (derecha) y mi primo Tony D’Eramo inspeccionan los barriles antes de comprarlos. Lou usa las barricas de roble para almacenar su producción anual de vino. Foto de Bill Gentile.

Nuevas Miradas ofrece cada domingo, extractos del libro “Espérenme: Historias Verdaderas de Guerra, Amor y Rock & Roll” o memorias del fotoperiodista Bill Gentile, como la coronación de una fructífera y actualizada carrera que no la dejó llevar por lo tradicional y que al contrario, se ha reinventado. “Espero que las historias sirvan para evitar que los nicas vuelven a pelear entre ellos mismos. Espero que la guerra no vuelve a ocurrir en Nicaragua. Nunca. Jamás.”  

Extracto (*)

MONACA, Pensilvania, 1979 – Durante mi viaje a Pensilvania después de la revolución en Nicaragua, mi hermano me lleva a su bodega. Una única bombilla amarilla cuelga de las vigas que sostienen el piso principal de su casa. De esas vigas se cuelgan salchichas italianas caseras y grandes piernas de prosciutto (término italiano para ‘jamón’, aludiéndose con mayor frecuencia al curado, que se sirve sin cocinar, cortado fino), todos productos de las manos y la energía de mi hermano mayor.

Es un lugar de otra época. Huele a fermentación, madera vieja, pimienta y carne cruda. En la esquina hay una prensa antigua que mi hermano adquirió de un viejo amigo italiano. Lo hizo reformar con nuevos listones de madera dura. Es en este lugar en el que él y un selecto puñado de amigos y familiares vierten fanegas llenas de uvas para forzarles el jugo que eventualmente se convierte en vino.

Después de prensar las uvas, mi hermano invita al grupo a su salchicha casera con jamón, queso y pan, y mucho vino del año anterior. Apilados a lo largo de una pared hay barriles de roble de 55 galones originalmente hechos para almacenar whisky, pero ahora se utilizan para fermentar y almacenar el vino del próximo año.

Los lugares y ceremonias como estos no ocurren por casualidad. Se basan en respeto mutuo, la fuerza física y el poder de la personalidad. La confianza, la lealtad y la convicción los alimentan y sostienen. Siempre que pude, me uní a los privilegiados para participar en este ritual de elaboración del vino.

“¿Cuánto vino hiciste este año?” Le pregunto a mi hermano.

“Tres barriles”, dice, moviéndose entre ellos para llenar una jarra de un galón.

Extrae el líquido oscuro de uno de los barriles de madera. Apoyo la espalda contra una pared de cemento y me agacho hasta quedar en cuclillas.

(*) Este extracto es uno de una serie que precede al lanzamiento de mis próximas memorias tituladas “Espérenme: Verdaderas historias de guerra, amor y Rock & Roll”.

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