12 abril, 2021

La paz es condición indispensable para construir una sociedad democrática

Gráfico de Facebook / NM

María Teresa Blandón

Víctor Jara, asesinado por la dictadura chilena de Augusto Pinochet reclamaban en una de sus más conocidas canciones, el derecho de los pueblos a vivir en paz. La dictadura cercenó sus manos para que nunca más volviese a empuñar su guitarra para cantarle a la paz, a la libertad, a la justicia.

A lo largo de la historia de Nicaragua los dictadores de derecha y de izquierda han recurrido a la violencia para imponer su ideología siempre importada, o simplemente para enriquecerse con los recursos públicos como pasó con los Somoza y ahora con los Ortega-Murillo. Ambos hablaban de paz, pero han recurrido a la violencia para impedir cualquier manifestación de descontento y para sostenerse en el poder.

Una vez más nos han vuelto a arrebatar el derecho de vivir en paz. Hace tres años ya, la sociedad nicaragüense volvió a encararse con la violencia orquestada por el Estado que, si bien ha disminuido en letalidad, se mantiene latente recordándonos que no somos libres, que no tenemos derecho a protestar, que, si denunciamos la violación de nuestros derechos, pasarán de las amenazas a otras formas de violencia más contundente.

Hace mucho tiempo que las y los nicaragüenses no vivimos en paz, víctimas de una violencia que ha echado raíces profundas en el Estado, pero también en la sociedad. A las mujeres, las niñas y los niños se les ha arrebatado el derecho a vivir en paz dentro de sus propios hogares. La persistencia de castigos crueles que en muchos casos incluyen palizas, privación de alimentos y desprecio manifiesto, perviven en un modelo de autoridad basado en la violencia.

Miles de niñas y también niños se encuentran en un estado de indefensión frente a la violencia del abuso sexual. Aunque resulte increíble muchos abusadores, las familias donde esto ocurre, las instituciones públicas e incluso las iglesias, consideran este tipo de violencia como parte de las prácticas culturales tradicionales. Incluso llegan a pedir a las víctimas que se callen para preservar el buen nombre de los abusadores.

Miles de mujeres no tienen paz en sus vidas cotidianas. Viven con miedo a los golpes, los insultos, las amenazas e incluso la muerte a manos de los hombres con quienes conviven, como acaba de ocurrir con el hombre que envenenó a su esposa en una comunidad de San Ramón, Matagalpa.

La paz es condición indispensable para construir una sociedad democrática. Todas las formas de violencia -públicas y privadas-, son un impedimento para la democracia. Precisamente la democracia es en sí misma una apuesta por la paz.

La construcción de una auténtica paz requiere del compromiso de todos los actores y actoras de la sociedad, empezando por el propio Estado que tiene una responsabilidad principal en la erradicación de la violencia.

Sin justicia la paz es solo expresión de sometimiento, de silencio y de complicidad. Los responsables de cometer cualquier acto de violencia en contra de personas que no están en capacidad de defenderse, deben ser castigados de acuerdo con las leyes legítimas, no las que han sido aprobadas por el régimen para justificar su violencia.

La paz necesita de un lenguaje cuidadoso por parte de los funcionarios públicos, dirigentes políticos, activistas sociales, líderes religiosos, medios de comunicación y la ciudadanía en general; que respete la integridad y los derechos de todas las personas sin excepción.

Los lenguajes amenazantes y llenos de insultos que desde su retorno al gobierno propaga la pareja Ortega-Murillo, los diputados sandinistas y sus aliados, los policías y paramilitares, los funcionarios de las alcaldías sandinistas, los periodistas sandinistas, los CPC, en contra de quienes se atreven a demandar el respeto a sus derechos, forman parte de la violencia propagada por el Estado.

La prepotencia, la vulgaridad, la intolerancia, el fanatismo y la justificación de los crímenes cometidos a partir de abril del 2018, indican con toda claridad que el FSLN no ha renunciado al uso de la violencia y por ende no está preparado para contribuir a la democratización del país.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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