5 agosto, 2021

En una contienda electoral, el triunfo comienza por una buena defensa del voto ciudadano

Henry A. Petrie

Como se observa, los azul y blanco se están enfilando para la contienda electoral de noviembre de este año 2021; ya suenan las candidaturas opositoras y se han propuesto métodos de escogencia de la alianza y la coalición; comenzaron las encuestas para conocer índices de aceptación o popularidad. Por su parte, el FSLN afina estrategia y mecanismos organizativos electorales, con el preámbulo de una campaña publicitaria que será invasiva.

Presentarse a la batalla electoral supone haber considerado condiciones y determinantes actuales, contar con una plataforma política y organizativa adecuada; supone la identificación de fuentes de financiamiento nacionales e internacionales, estas últimas con atención a la ley No. 1040, Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, aprobada por la Asamblea Nacional el 15 de octubre de 2020.

En la lucha cívico electoral no hay tarea chiquita ni grande, todas responden a una determinada concepción y estrategia de campaña, a un engranaje total; las candidaturas son tan importantes como la organización y capacitación del activismo político, como la defensa férrea del voto, la propaganda y la movilización, por mencionar algunos aspectos.

En las actuales condiciones políticas de Nicaragua, asumamos que la oposición ha realizado examen a fondo de sus fortalezas y debilidades; asumamos que cuentan con una visión básica y común de cambios graduales y estructurales; que están consciente del poder absoluto de su adversario, cuyas capacidades de maniobras son ilimitadas y desvergonzadas.

Sin duda, la lucha electoral de 2021 se planta más compleja que la de 1990, razón por la cual las acciones relativas al funcionamiento administrativo electoral, más las que generen activismo y movilización de campaña en los territorios, redes sociales y unidades organizadas (centros de estudios, laborales, comerciales, productivos, etcétera), serán verdaderos desafíos, en tanto se enfrentarán a un ejército militante que tendrá la misión de provocar enfrentamientos callejeros, para desarticular la defensa del voto opositor.

En 1990, el FSLN se vio obligado a adelantar las elecciones, convencido de que las ganaría con una fuerza partidaria y paraestatal bien organizada y disciplinada en todo el país. Necesitó demostrar su vocación democrática y su deseo de acabar con la guerra frente a una coyuntura internacional desventajosa. Su preocupación máxima no fue el accionar de la UNO ni su candidata doña Violeta, sino que lograr la legitimidad de su gobierno.

En el 2021 se enfrentará a una fuerza política, empresarial y paramilitar que cumplirá 15 años de estar en el poder (2007-2022); desde el primer momento de su retorno al gobierno, abrazó el principio de «perpetuidad de la revolución» y, a lo largo de sus tres períodos continuos, se ha dedicado a construir la dictadura más organizada y doble moral que ha existido en Nicaragua.

El culto a la personalidad y el fanatismo es la principal característica de su organización partidaria que, en materia electoral, su experticia data desde 1990 de manera consistente, en cuanto a tendido territorial de campaña, activismo político proselitista, miembros de Juntas Receptoras de Votos, fiscales, policías electorales, comandos tecnológicos, entre otros desempeños.

El sueño sería que Nicaragua fuese un país como lo desea mi amigo Raúl Valdivia, exmilitante sandinista, que todo se rigiese por la Constitución y las leyes, con poderes realmente independientes… que los procesos electorales fuesen verdaderas fiestas cívicas, de alto contenido educativo, donde los ciudadanos nicaragüenses en el exterior voten. Un sueño donde brille el debate de las ideas, donde las movilizaciones sean libres, donde el poder electoral no sea cautivo ni vasallo de dictadores.

La dictadura orteguista necesita ganar las elecciones de noviembre 2021 a toda costa. Ganar. Ganar. Ganar, a cualquier costo. Para esto necesitan una oposición concursante, inexperta y orgánicamente debilitada.

Las preferencias ciudadanas mayoritarias no cuentan, menos cuando no existe organización que haga valer esta voluntad mediante la defensa del voto.

En dos años continuos (2019-2020), más lo que aún hace falta hasta mediados de octubre 2021, han afinado mecanismos institucionales, tecnológicos y de organización territorial que aseguren un resultado favorable «incuestionable».

Desde la supuesta ortodoxia del orteguismo, la ética política revolucionaria está por encima de la democracia tradicional. El partido y el líder de la revolución es el todo, salvadores de los desposeídos y esencia de la nación. Este es el principio. Por esta razón, hemos observado actuaciones rayanas en la corrupción y el crimen, pero que, para ellos, es consecuente con sus valores, historia e ideario.

Según lo anterior, el delito electoral que se cometa por algún operador o activista de la dictadura, solo puede ser entendido como el deber de «defender a la revolución» y de asegurar la continuidad en el poder del líder. La máxima no es el estricto cumplimiento de la ley ni el respeto a la voluntad mayoritaria de los electores, sino la catequesis del partido-revolución-caudillo. Todo lo demás es el sueño de los justos.

Sin cambios en el sistema político nicaragüense, sin reformas a la Ley Electoral, sin acuerdos políticos derivados de un diálogo nacional, las agrupaciones opositoras azul y blanco, seguro tendrán una estrategia y un diseño organizativo de campaña electoral, que además de candidaturas idóneas para el momento político, aseguren una contienda cuyo triunfo comienza por la defensa del voto ciudadano. Y esto requiere de organización y mucha capacitación de activistas, integrantes de JRV y fiscales.

Henry Petrie

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Un pensamiento en “En una contienda electoral, el triunfo comienza por una buena defensa del voto ciudadano

  1. Hay que buscar las condiciones y usar el lápiz libertario para votar del más malo y a favor del que más conviene. No se puede ir con reglas del juego cargadas a un partido político y participar bajo protesta. ¡Eso no! Al adversario no hay que tenerle miedo en la medida que las reglas del juego sean aceptables.

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