21 octubre, 2021

Una oposición que no lo es y otra que le ganó al FSLN en 1990 pero no heredó institucionalidad democrática

Foto de El Comercio / NM

María Teresa Blandón

 Es evidente que todos los partidos políticos que a la fecha tienen personería jurídica, han aceptado de una u otra manera las reglas impuestas por el régimen Ortega-Murillo.

Algunos de estos partidos hasta llegaron a asumir compromisos políticos con tal de evitar que sus líderes fuesen enjuiciados por delitos de corrupción o bien para beneficiar a determinado grupo en las recurrentes disputas internas. En tal sentido, ninguno de estos partidos está en condiciones de auto declararse la “auténtica oposición”.

Tampoco pueden reivindicar como propio los tres años de intensa movilización ciudadana, cuyo protagonismo les corresponde a miles de hombres y mujeres jóvenes, campesinos, defensores y defensoras de derechos humanos, ciudadanos y ciudadanas comunes y corrientes, que hasta antes de abril no se involucraban en acciones de denuncia en contra del régimen.

La Unidad Nacional Azul y Blanco nació precisamente con el propósito de construir una plataforma nacional de denuncia y resistencia, y más recientemente demandando elecciones libres y transparentes.

La UNAB ha trabajado intensamente en la conformación de una gran unidad nacional en donde quepan partidos tradicionales, organizaciones y movimientos sociales con larga trayectoria, y organizaciones creadas a raíz de abril.

Sin embargo, en la medida que abril va quedando lejos y las elecciones de noviembre 2021 son proclamadas como la única alternativa para salir del régimen Ortega-Murillo, los inevitables juegos de poder entre las élites, se distancia cada vez más de las aspiraciones de la mayoría de nicaragüenses, alentando la desconfianza y la desesperanza.

Por descontado sabemos que el régimen está haciendo todo lo que está a su alcance para impedir la conformación de una alianza realmente inclusiva y representativa de los intereses de la nación, recurriendo para ello a chantajes, amenazas, favores y promesas, dependiendo de los flancos débiles de cada quien.

Por su parte los partidos políticos de oposición que tienen personería jurídica, seguramente tendrán la tentación de vanguardizar el proceso hacia las elecciones en unos casos, o cobrar peaje a quienes con mucho esfuerzo han logrado sostener la resistencia cívica y alentar diálogos plurales para pensar el futuro de Nicaragua.

En este contexto plagado de tensiones, especulaciones, ambiciones y malas intenciones, es preciso volver a recordar la experiencia de la Unión Nacional Opositora en las elecciones de 1989. Si bien pasaron a la historia por haber derrotado por la vía electoral al poderoso gobierno del FSLN, no lograron construir una propuesta de nación donde tuviese cabida los intereses de los diversos sectores de la sociedad.

Una correcta lectura de las causas de la actual crisis que enfrenta nuestro país y una alta dosis de sensatez, deben sustituir los estira y encoje que lamentablemente han protagonizado los poderes fácticos y actores tradicionales.

Es tiempo de revisitar (examinar) el pasado para identificar los errores cometidos por unos partidos que más allá de compartir su anti-sandinismo visceral, no fueron capaces de sentar las bases para lograr una paz firme y duradera como rezaban los acuerdos de paz, y tampoco, crear una institucionalidad capaz de erradicar los vicios de la corrupción y el nepotismo y asentar los valores democráticos.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

Ver todas las entradas de María Teresa Blandón →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!