31 julio, 2021

Partidos tradicionales le tienen miedo a la participación ciudadana en Nicaragua

María Teresa Blandón

En su definición más antigua, la democracia hace referencia al poder del pueblo. Esta comprensión establece una distancia enorme y representa un avance monumental respecto de las monarquías que se presentaban a sí mismas, como representantes de Dios en la tierra. De tal manera, los monarcas gobernaban a sus súbditos hasta su muerte, pero antes heredaban el trono a sus descendientes.

En consecuencia, uno de los rasgos principales de las sociedades modernas, es que cuentan con leyes y mecanismos institucionales que permiten al pueblo participar de manera directa en la elección de sus representantes.

El voto universal, libre y secreto es el mecanismo por excelencia para garantizar que el pueblo elija periódicamente fórmulas presidenciales, diputaciones, gobiernos locales y regionales.

Sobre todo, después que nos fue arrebatado el derecho a la suscripción popular que en algún momento llevó a Herty Lewites a la alcaldía de Managua, los partidos políticos tienen el monopolio para la escogencia de candidaturas.

Los partidos pueden decidir libremente si realizan consultas previas con sus bases -elecciones primarias-, o si la selección queda en manos de los dirigentes, lo que lamentablemente ha sido lo más frecuente.

Y decimos lamentablemente porque esta forma de seleccionar candidaturas de dedo, como se les conoce popularmente, lejos de abonar al fortalecimiento de la democracia de la cual son herederos los partidos políticos, fortalece los rasgos más negativos de la cultura política predominante en nuestro país en donde destaca el caudillismo, el nepotismo y la corrupción.

Precisamente la falta de democracia en los partidos, independientemente si se nombran de izquierda, derecha o centro, impidió la consolidación de la democracia después de la derrota electoral del FSLN y permitió la instalación de una nueva dictadura, que no en pocas ocasiones ha contado con la cooperación de las élites político-partidarias.

El desencanto de la mayoría del pueblo nicaragüense quedó claramente reflejado en los altos niveles de abstención en las elecciones del 2016 y 2017 y, como consecuencia, la falta de legitimidad de un régimen que fue electo y gobierna por y para las minorías.

Al convertirse en maquinarias politiqueras sin capacidad de formular propuestas de nación, las y los ciudadanos con auténticos valores democráticos, tomaron distancia de los partidos y crearon otras formas de participación ciudadana sin sesgos partidarios, que han sabido responder a las necesidades de la sociedad nicaragüense.

Resulta verdaderamente elocuente y lamentable que ciertas élites partidarias como las de CxL en el mismo tono que la dirigencia del FSLN, descalifiquen la labor que de manera sistemática hemos venido desarrollando organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales en defensa de los derechos de las y los nicaragüenses.

Pareciera que este partido y sus aliados, tienen temor de una ciudadanía que al margen de los partidos políticos y a pesar del régimen Ortega-Murillo, ha sido capaz no solo de sobrevivir, sino de construir propuestas de transformación inclusivas y democráticas.

En vez de celebrar la existencia de una plataforma ciudadana como la unidad Nacional Azul y Blanco, que, dada su composición, resulta expresiva de las aspiraciones de la mayoría de la sociedad nicaragüense, insisten en imponer un discurso único y un liderazgo único que nada tiene que ver con los valores democráticos que pregonan.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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