23 septiembre, 2021

Quieren un cambio político mediatizado para que en el fondo nada cambie

Conferencia de prensa de empresarios-políticos. Foto tomada de Confidencial / NM

Oscar-René Vargas

El cinismo ha sido siempre un componente visible de la política nacional. En la cultura política nacional podremos encontrar alguna excepción que sólo confirmará la regla. Pero en el régimen Ortega-Murillo esta transparencia doblez ha llegado probablemente al límite de su posibilidad. Podemos oír mentiras evidentes, asombrados por el grado de desvergüenza con las que se dicen, y el emisor se quedará de una pieza y fresco como una lechuga.

Cuando tienes una élite que depende totalmente de las rentas de las exportaciones agrícolas, del dinero de las inversiones extranjeras, de las remesas, del dinero ilícito, de los préstamos y donaciones internacionales y de los beneficios del poder de turno, apuesta a no cambiar el modelo de acumulación.

Sin modernizar la sociedad no hay ningún modo de que se pueda diversificar la economía ni la matriz productiva, porque cada vez que tratan de cambiar la economía seriamente socavan su propia posición de dominio en el sistema político imperante.

La vieja oligarquía y la burguesía tradicional están intentando nadar en dos ríos, como diciendo: queremos modernizar el Estado sin modificar las estructuras mismas de la economía, queremos que la política sea diferente sin cambiar la jerarquización del poder tradicional. Y eso simplemente no funcionará. Es un callejón sin salida.

Es lo que ha estado ocurriendo básicamente durante los últimos años. Están intentando cambiar algunas cosas, pero tienen miedo al cambio y esquivan que ese cambio ocurra. Es una situación esquizofrénica: quieren un cambio político, pero no quieren las consecuencias de una innovación y renovación del Estado.

En definitiva, quieren un cambio político mediatizado para que en el fondo nada cambie, por eso declaran que quieren ir a elecciones con reformas electorales o sin reformas y se declaran favorables a una “salida al suave” de la crisis socio-política. Tienen la esperanza que las presiones de los poderes fácticos externos obliguen a Ortega a aceptar cambios y se produzca una “salida en frío” a la crisis sociopolítica.

Los representantes del “gran capital” apuestan todo a las elecciones de noviembre 2021 y el debate se centra en qué casilla, cuáles candidatos y en los miembros de la coalición electoral.

Ya no se habla sobre la necesidad de impulsar la resistencia social para lograr los cambios necesarios, lo cual ha producido y puede producir una mayor desmotivación y/o desesperanza de sectores juveniles y de los ciudadanos en general.

La lucha social debe continuar sobre el derecho a la movilización, el fin de la represión, la liberación de todos los presos políticos y el retorno seguro de los exiliados.

 

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