9 mayo, 2021

Las acciones de los cavernícolas de Trump ya estaban advertidas por los órganos de seguridad

Foto de Infobae / NM

Hernán E. Barrios Carrillo

Lo ocurrido el 6 de enero en la sede del Congreso norteamericano, asaltado por seguidores-turbas del Presidente Trump con altos personeros bicamerameles, incluyendo al vicepresidente Pen, dentro del sagrado recinto no tiene precedentes en la historia de los Estados Unidos.
Lo ocurrido en 1812 y en 1814, en que fue atacado el mismo Capitolio tiene causas y motivaciones distintas y sus protagonistas fueron fuerzas inglesas en medio de un contexto de guerra, es decir fueron fuerzas extranjeras en la se prendió fuego al Capitolio y en un acto de represalia.

El asalto del 6 de enero, surge de las mismas entrañas del sistema lideradas por el principal responsable de mantener el orden y la paz de la nación, solo por considerar que le  fueron robado los votos, lo que no pudo probar legalmente en 60 instancias de justicia de varios estados.
La actitud de Trump, al instigar a sus masas fue totalmente consciente del daño y el crimen que iba a cometer.
Ese acto de barbarie sorprendió y preocupó al mundo democrático pues aun es inconcebible que en plena era digital y de inteligencia artificial, se hallen en el Estado paradigma de la democracia occidental, trogloditas políticos liderando sucesos que servirían de insumos para Homero, el gran Virgilio y el propio Herodoto.
Estos actos salvajes de golpes de estado aunque ya no se conciben ni en el tercer mundo, por desgracia los hemos visto no hace mucho tiempo en Honduras, Nicaragua y Venezuela, donde sus gobernantes no salen de la era de los gorilatos de las dictaduras militares.
Daniel Ortega, que aceptó perder de mentira en los 90 y gobernó desde abajo, socavando las bases de una incipiente democracia. Maduro en Venezuela, en la silla de un Narco-Estado, asaltando la Asamblea Nacional y para ponerle la tapa al pomo, el supremacista rubio Trump, activa a los Proud Boys, un grupo de ultraderecha a los que al comienzo del 2020, con las protestas racistas, les dijo que debían de esperar pues el verdadero problema lo representaba la izquierda radical, en clara referencia a los demócratas a quienes no pocas veces ha tildado de socialistas y comunistas.
Sobre este tema hay un informe del 2019, donde el Secretario de Seguridad Interina de EE.UU., Chad Wolf, hizo advertencias sobre futuros actos de violencia por estos grupos supremacistas que desde que Trump llegó al poder han tomado oxígeno.
Este informe sufrió un atraso por discusiones internas y se publicó a inicios del 2020, donde ya se advertía que estos grupos podían desarrollar acciones en las campañas presidenciales de los resultados electorales o el periodo poselectoral.
Si al haber perdido Trump, ha significado para los norteamericanos desórdenes sociales y crímenes perpetrados en el Capitolio donde murieron 5 personas. Imagínense si hubiera ganado–las  bases de la democracia se estuvieran hundiendo como en arenas movedizas y el resurgimiento del fascismo tendría a su mejor representante en la persona de Donald Trump, enarbolando y explotando un falso nacionalismo con la creencia de hacer de Estados Unidos, la nación rectora en el mundo que antes fue.
Si algo hay que reconocerle a Trump, es que supo explotar con su carácter populista el espíritu nacionalista del pueblo norteamericano enfilado en el Partido Republicano. Con el craso error de creerse presidente de una República Bananera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!