25 septiembre, 2021

Las reglas del pueblo están claras, ¿qué oposición las asume y las defiende con credibilidad?

Foto de Mario Rueda, La Prensa / NM

María Teresa Blandón

Seguramente algunos sectores de la oposición –sobre todo quienes presumían el exitoso modelo de consenso con el régimen Ortega-Murillo- nunca estuvieron dispuestos a incrementar la presión para acelerar su salida, luego de la masacre del 2018.  El “diálogo” y la defensa de una salida constitucional se impuso por encima de la ruta escogida por la mayoría del pueblo nicaragüense.

Los defensores del “orden constitucional” vulnerado desde hace varios años, defendieron las elecciones del 2021, como la única alternativa para salir del régimen, teniendo muy claro el peso de la ley electoral que impide el pluralismo político y la total falta de independencia del Consejo Supremo Electoral.

Las propuestas de reformas electorales que desde hace varios meses viene trabajando el Grupo por reformas y la Coalición Nacional, precisamente están encaminadas a crear las condiciones básicas para llevar a cabo un proceso electoral que permita recuperar la credibilidad en el poder del voto por parte de la ciudadanía.

Entre las prioridades difundidas a lo largo del año 2020 a través de comunicados periódicos, se destacan los siguientes aspectos:

  1. Asegurar condiciones habilitantes para asegurar el voto libre y secreto. Ello supone acabar con todas las formas de violencia ejercida por el régimen Ortega-Murillo, incluyendo el desarme de paramilitares, el fin de la persecución policial y la liberación de la totalidad de presos y presas de consciencia. También se incluyen el retorno seguro de las y los exiliados y el respeto irrestricto a sus derechos humanos, incluyendo sus derechos políticos.
  2. El restablecimiento de la confianza de la ciudadanía, en el sistema electoral. Para ello será necesario el nombramiento de nuevos magistrados y magistradas del Consejo SupremoElectoral hasta el nivel de las Juntas Receptoras de V
  3. Transparencia y garantías electorales. Esto supone entre otros factores, contar con un padrón electoral único, actualizado y auditado.
  4. Contar con claras disposiciones que permitan una competencia justa y plural, dando cabida a los grupos políticos emergentes, a tono con la demanda de la mayoría de la ciudadanía que rechaza a los partidos políticos que han participado en las anteriores farsas electorales y reclaman la renovación de liderazgos.
  5. Contar con una amplia observación electoral por parte de organismos nacionales e internacionales con reconocida imparcialidad y profesionalismo.
  6. Contar con un sistema justo de calificación de las elecciones, estableciendo la mayoría absoluta que nos fue arrebatada con el pacto Ortega-Alemán.

Es evidente que el régimen Ortega-Murillo no está dispuesto a ceder en ninguno de los aspectos antes mencionados, antes bien, ha construido una muralla de contención a punta de leyes inconstitucionales, patrullas policiales cercando a decenas de activistas y líderes de la oposición, y toda clase de amenazas proferidas con todo descaro por parte de sus principales operadores.

Lo que está por verse durante las próximas semanas, es, por un lado, la capacidad que tengan los grupos de oposición, de formar un solo bloque para defender las reformas indispensables que permitan participar en las próximas elecciones, y la capacidad que tenga el régimen, de hacerle frente a las presiones de la comunidad internacional, de la que tanto depende en términos económicos, más aun, después de tres años continuos de recesión económica.

Tomando en cuenta la complejidad de la ruta escogida por los poderes fácticos y los partidos políticos, el próximo paso no es cantar victoria a priori, sino, asumir el compromiso de unificar criterios en torno a las demandas acordadas. El primero que rompa este consenso, tendrá que responder ante la ciudadanía que todavía no ha dicho la última palabra.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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