18 mayo, 2021

Con machismos y discursos obsoletos de izquierdas y derechas no se pueda aspirar a cambios profundos

Foto del SemMéxico / NM

María Teresa Blandón

Por supuesto que debemos empezar este nuevo 2021 con esperanzas, sin las cuales sería impensable una vida que valga la pena ser vivida. Las esperanzas nos hablan del deseo de cambiar lo que está mal en nuestras vidas y de la voluntad para lograrlo.

La mayoría de las y los nicaragüenses queremos que en Nicaragua ocurran cambios profundos para poder corregir los principales problemas que enfrentamos. Esos cambios no se pueden empujar con los viejos discursos y prácticas de un pasado que está lejos de haber sido bueno, aunque algunos quieran presentarlo de tal manera.

La mayoría de nicaragüenses queremos liberarnos de esta nueva dictadura para construir una sociedad realmente democrática en donde todos y todas tengamos cabida. Eso no se podrá lograr mientras se continúen reproduciendo discursos intolerantes, autoritarios, manipuladores y francamente mentirosos como hemos podido constatar a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación que se declaran defensores de la democracia.

A las feministas nos preocupa la proliferación de discursos que en el mismo tono que ha utilizado el régimen Ortega-Murillo durante los últimos catorce años, pretenden regresarnos a los tiempos en donde las mujeres no eran consideradas personas con derechos, sino meros instrumentos para satisfacer los intereses de otros.

Cada vez, con más frecuencia escuchamos voces que atacan a las organizaciones feministas que luchamos por erradicar la violencia machista y por ello denunciamos los abusos sexuales que como sabemos, en la mayoría de los casos se cometen en el seno de las propias familias de las víctimas. También nos atacan porque defendemos los derechos sexuales y reproductivos desde la comprensión de que ninguna persona puede ser realmente libre, si no tiene la capacidad de decidir sobre aspectos de vital importancia para la vida, tales como la maternidad y la paternidad que a nuestro modo de ver tiene que ser voluntaria, consciente y responsable.

Algunas de estas furibundas voces que atacan a las organizaciones feministas que por lo visto vienen tanto de la izquierda, como de la derecha, incluso se han atrevido a amenazar a las feministas con silenciarlas ya sea a través de las leyes recién aprobadas, o bien imponiendo una determinada moral cuando logremos elegir a un nuevo gobierno. Lamentablemente ambos extremos se juntan y coinciden en el objetivo de tratar de impedir los avances de las mujeres hacia la igualdad de derechos y oportunidades.

En ambos lados del discurso que acusa a las mujeres de sus propias desgracias y sufrimientos, se omite deliberadamente la responsabilidad que tiene el Estado, pero también las empresas privadas, las familias y los hombres concretos, en el sometimiento de las mujeres y las crecientes brechas de desigualdad que están a la vista de quienes quieran verlas.

En una cultura como la nuestra en donde prevalece toda clase de prejuicios que sin duda benefician a los grupos con más poder, es sumamente difícil, sino impensable, aspirar a una sociedad democrática dispuesta a ampliar el horizonte de los derechos ciudadanos para que realmente sean universales, es decir, para que no excluyan a nadie.

Sin embargo y aunque les pese a los grupos que con mayor ferocidad se oponen a los derechos de las mujeres, contamos con un movimiento social que, a pesar de todas las adversidades, ha demostrado una enorme capacidad no solo para luchar contra las dictaduras que someten a toda la sociedad, sino contra las tiranías que pretenden perpetuar la desigualdad entre hombres y mujeres.

Sabemos que el camino es largo y los cambios lentos, pero tenemos la suficiente convicción en la justeza de nuestra causa. Continuaremos honrando el legado de todas las mujeres que en el mundo entero han luchado para que hoy seamos menos sumisas y más ciudadanas.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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