13 junio, 2021

¿Elecciones en Nicaragua? Pero si no hemos visto propuestas de cómo cambiar el estado de cosas en el país

Ilustración de Política comunicada / NM

La Salud de la Democracia, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico, el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario”.

José Ortega y Gasset

El proceso electoral del próximo año estará marcado por la incertidumbre de la participación ciudadana, hasta el momento lo que hemos visto desde las instituciones, partidos y personajes políticos, es que todavía no han propuesto mucho ni los que desean la continuación del sistema ni los que desean cambio de sistema, quizás es muy prematuro, esperemos a ver que nos depara el ámbito político del próximo año.   

Julio César Guerrero Dias

Nicaragua a partir del 2021 empieza la cuenta regresiva para entrar en un proceso electoral donde todas las fuerzas políticas, comienzan a diseñar toda la estrategia a utilizar, primero de manera interna para seleccionar a sus posibles candidatos de cada partido y posteriormente de cara a la campaña electoral de cada grupo político que participará en dichas elecciones.

La sociedad política contemporánea es de competencia donde cada quién emplea lo mejor de sí, toda su inteligencia y esfuerzos para sacar provecho para sí mismo, no para los demás.

Eso se observa en todos esos grupos políticos del momento, de ahí que la participación ciudadana cuando hay procesos electorales, disminuye el interés por aspirar a ser político.

Deberían de cumplir ciertos criterios de carácter moral donde la sociedad los avale, que son pertinentes, algunos aspecto a considerar a) que sean personas íntegras, b) que posean conocimiento y/o experiencia en asuntos públicos, c) que posean habilidades didácticas para saber enseñar, cuanto de los que aspiran a participar en las elecciones reúnen estos requisitos.

En política, los políticos o quienes ejercen esta función deben poseer diversas virtudes: prudencia, paciencia, justicia, ecuanimidad, magnanimidad, sabiduría, todas ellas necesariamente las enseña la disciplina ética, un político sin prudencia puede precipitarse al tomar una decisión, un político sin paciencia actúa de forma acelerada, un político sin sentido de justicia comete injusticia, un político sin ecuanimidad puede errar al actuar bajo la emoción o estar alterado.

Un político sin sabiduría actuará conforme a las ocurrencias que le vengan en el momento, nunca nadie podría llegar a ser político con sólo familiarizarse con la política, que es lo que ha pasado en nuestro país y quizás en otros es que cualquier ciudadano que opine acerca de la política es político.

Quien pega cuatro gritos en contra de alguien o de algo es político creo que nos hemos quedado un poco cortos cuando hablamos u opinamos sobre estos temas, la política es de estudio profundo de reflexión y análisis de conocer y dominar los contextos sociales, políticos y económicos a nivel interno y externo.

¿Cuánto de lo que vemos todos los días en los medios son políticos? o ¿los medios los han convertidos en políticos? ¿qué nuevo les dice con su punto de vista?

La política es seria y responsable por que es para un fin social ser servidores públicos para el bienestar común, el desencanto político de la sociedad se debe a que no se vislumbra en el panorama político algo diferente de ni de cara, ni de propuesta serias, concretas, factibles, que vayan en función de la sociedad.

En tanto que existe un mundo corrompido en la política, en la función pública y en general en los asuntos de gobierno, es posible decir que hay falta de ética en este ámbito.

Para los estudiosos de los asuntos públicos es triste ver como aquella disciplina considerada como la ciencia reina o ciencia divina, que reclutaba a los mejores hombres, a los más capaces, a los estudiosos, a los hombres buenos, ha degenerado en un espectáculo, en un show donde los actores principales son maestros del entretenimiento vedettes que posan para los medios, verdaderos bufones políticos que no tienen la mínima idea de lo que representan, es por eso que muchos ahora aspiran al poder político, así mismo le restan seriedad y respeto al cargo, lo miran como un pasa tiempo o como para quedar en la historia.

Hoy en día, tratan de acceder a los cargos públicos cantantes, actores, deportistas, animadores (showmans), comediantes, pastores, lo que refleja una tendencia de la cultura de nuestro tiempo que se manifiesta prácticamente en todo el mundo, y no es que no tengan derecho a participar, sino preguntarse cuánto conocimiento y capacidad pueden tener para enfrentar una responsabilidad de esta naturaleza.

Las elecciones en todas partes del mundo ahora, y por supuesto Nicaragua no se quedará atrás es que han adoptado una forma de una animada ficción, de un juego de fingimientos y disfraces, de manipulación de emociones e ilusiones, en las que triunfa no quien está dotado de mejores ideas y programas o de mayor poder de convencimiento, sino el que actúa mejor y encarna de manera más persuasiva el personaje que los técnicos de la publicidad le han fabricado porque, a su juicio, es el más vendible.

Por eso que el mercado político de las elecciones de este año estará encaminada a proporcionarle a aquellos sectores que menos recursos tienen concesiones, prebendas, ayuda, amistad, acercamiento miraremos a todos aquellos aspirantes a cargos públicos familiarizarse con todos estos sectores y prometerles el cielo y la tierra con la finalidad de que le regalen el voto.

Las imágenes han pasado a ser más importantes que las ideas, el papel mediático es vital, la elección del candidato responde a la publicidad y al marketing más que a un programa de gobierno o a la trayectoria de los candidatos, las personas famosas fabricadas por la publicidad, han reemplazado a los pensadores, escritores estadistas, o a los notables que por que no padecen del síndrome del figureo, no participan en este tipo de procesos.

El proceso electoral es un melodrama de sentimientos, a ello hay que añadir los demagógicos spots televisivos de la campaña electoral, de impresionante falta de nivel objetivo y moral, que tratan por todos los medios de liquidar al adversario, el hecho de que los falsos políticos, en complicidad con élites económicas, hayan pervertido y en consecuencia desacreditado a la política, impide que los individuos de buena voluntad y de principios nobles se acerquen a ella, es decir, las personas de honor prefieren mantenerse al margen y vivir en paz para no ser cómplices en estas falacias.

Pero esta situación da libre paso a la creación de grupos consolidados, verdaderas mafias, con intereses definidos, que influyen y deciden a qué individuos colocar en cargos públicos, es evidente que el elegido, una vez en el poder, deberá pagar la factura y servir, en primer lugar, a quienes lo apoyaron, no a quienes votaron por él, así ha sido la política al menos en nuestro país, también eso sucede en los demás países, es por estas razones que cada día cuando hay elecciones el porcentaje de participantes es muy reducida, no hay interés alguno les da igual que partido o personaje ha sido electo.

La traición a los ciudadanos de los grupos políticos es el pan de cada día en los sistemas políticos contemporáneos, cuando la ética se divorcia de la política, aparece la idea maquiavélica de que la política es la lucha por alcanzar el poder, y una vez que se obtiene mantenerse en el, todo el tiempo que sea posible, de eso nosotros tenemos mucha experiencia, antes y ahora, el entronizamiento del poder, ha sido la tónica, eso debilita no solo la democracia, si no que a la sociedad de no creer en los políticos.

Este enfoque, evidentemente, supone un firme rechazo a la ética y a sus valores, desde el punto de vista de la teoría política, se trata de una desviación o “corrupción” de los fines de esta disciplina, aunque los que se mantienen en el poder argumenten que su estilo de gobernar obedece a la Realpolítik. Ante la pregunta de qué hacer ante esta situación, Aristóteles nos ofrece la respuesta de forma clara y tajante.

Nos dice: “Si el alma de un hombre está enferma o es mala, para evitar que él haga nada malo, debe ser apartado de las riquezas, del gobierno y del poder (…)” (Arist., Gran Ética, Libro II, Cap. III. 138).

La separación de la ética y la política ha conducido a la humanidad, además de la perversión de la disciplina más noble, a la humanidad a situaciones de corrupción e injusticia, que conllevan a la infelicidad de sus miembros.

La política es el arte de intuir a tiempo cuál es el buen camino para cada nueva situación. Supone vincular el cálculo político con el juicio ético. Los gobiernos de hoy requieren de hombres buenos que reúnan sabiduría, prudencia, fortaleza, justicia, capacidad, autoridad y firmeza para enfrentar las complejas problemáticas.

Todos éstos son valores de servicio público que muestra la ética. La disciplina ética es una herramienta poderosa de la que se vale un Estado preocupado por el desarrollo y bienestar de sus miembros. Empleada adecuadamente conduce a una mayor responsabilidad en los gobernantes, a la fortaleza del Estado, a la defensa de los intereses ciudadanos, por eso debería velar un político, ¿lo tenemos?

Convendría reencaminar a la política, volviendo a los fines establecidos por la teoría política, fomentando las virtudes públicas, formando hombres buenos. Pero ¿qué es un hombre bueno?, el mismo Aristóteles responde: Se dice que el hombre es honesto y bueno, cuando es moralmente perfecto; porque tan sólo su virtud le da derecho a este título a apelación.

 Así, pues, es el hombre justo, el hombre fuerte, el hombre sobrio, el que es llamado honesto y bueno; en una palabra, es la virtud lo que le granjea al hombre este nombre. (Arist., Gran Ética, Libro II, Cap. IX, 178). Finalmente, y con ello termino, para Aristóteles la ética busca lo “bueno, lo bello y lo útil”, por lo que, en palabras del autor “conducirse éticamente significa querer el bien por sí mismo. El bien es ciertamente deseable cuando interesa a un individuo, pero se reviste de un carácter más bello y más divino cuando interesa a un pueblo y a un Estado”.

Cuando las personas carecen de valores éticos son potencialmente propensas a corromper el poder público haciendo un uso indebido de éste.

Frente a la idea de que el poder corrompe al hombre, y el poder absoluto lo corrompe absolutamente todo, pero esto no es tan así, se olvida que es el hombre que corrompe al poder, que el poder no es corrupto por si solo, el hombre que lo ejerce es el corrupto, reglas, normas y leyes que orientan el quehacer social, es el recurso formal y legal que todo estado tiene para que la sociedad practique la armonía social, sin embargo estas leyes y normas son alteradas por conveniencia para satisfacer sus intereses son modificadas haciendo del poder como que es el culpable y no la persona.

Cuando una persona dice que es apolítica o antipolítica no quiere decir que desea vivir en absoluta soledad y situarse totalmente al margen de la sociedad, normalmente esas personas manifiestan con su actitud una crítica y quizás un hastío frente a la forma de proceder de un Gobierno determinado o en general de los distintos partidos políticos que actúan en el escenario.

Esta ultimas reflexión nos lleva a preguntarnos ¿es posible que nuestra sociedad haya llegado a eso? ¿cómo se manifiesta esta actitud en las personas? ¿la poca participación es un rechazo a todo el sistema político? escuchar estas frases cada día se escuchan mas en la población.

Si la sociedad asume una actitud de esta naturaleza esto nos puede llevar a ser objetores de conciencia lo cual se supone que son personas con una conciencia moral bien formada cuya conducta los lleva incluso a atenerse a las consecuencias penales de su desobediencia, es posible que haya muchos en nuestro país objetores de conciencia y eso les impida no ejercer el derecho de elegir a ningún personaje porque lo consideran que no reúne todos los criterios para ejercer un cargo de mucha responsabilidad no quieren sentirse cómplices.

Es decir, que la objeción de conciencia no puede concebirse nunca como un medio de burlar la ley por oportunismo o cinismo para no contribuir al bien común de la sociedad en la que uno vive.

Desde un punto de vista teórico, la objeción es un ejemplo claro del enfrentamiento entre la moral y el derecho, pero siempre debe quedar claro que el objetor actúa en la defensa sincera de sus convicciones morales, ideológicas ya sean políticas, religiosas o de otra naturaleza y no por mero oportunismo.

La objeción de conciencia está reconocida y regulada en numerosos países y siempre circunscrita a unos ámbitos muy específicos, es evidente que no se puede admitir legalmente la objeción, en el caso de ir a depositar el voto en nuestro país, es un derecho, pero no una obligación, por lo tanto, usted debe de tener plena conciencia si lo va hacer o no la va hacer y quien elegir.

La objeción de conciencia es personal, porque constituye una decisión individual y nunca puede ser institucional, aplica exclusivamente a prestadores de servicio directos, aunque la objeción de conciencia solo es aplicada a profesionales también como decisión individual usted puede ejercer ese derecho tener conciencia a la hora de decidir, así a usted le quedará su conciencia libre de pecado si usted con su voto eligió o no eligió a la persona que ejercerá el gobierno siguiente.

Julio César Guerrero Días

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