24 septiembre, 2021

Atrapados en la red, nada es privado

Gráfico de Forbes, México / NM

Jairo Ruiz C. (*)

¿De qué manera la minería de datos nos manipula y cambia nuestro comportamiento a extremos irracionales? Cómo hicieron creer a los norteamericanos que Obama era un comunista nacido en un país africano, a los ingleses que iban a perder su soberanía y su riqueza personal y a los colombianos que votáramos en contra del acuerdo de Paz para que al día siguiente Timochenko no se convirtiera en Presidente y Colombia en otra Venezuela?

En marzo de 2018, la cadena de televisión británica Chanel 4, dio a conocer una serie de vídeos que muestran al director ejecutivo de Cambridge Analytica, Alexander Nix, junto con otros ejecutivos de la empresa, hablando sobre los trucos sucios que emplearon en mas de 200 campañas electorales.

Los vídeos fueron filmados por un periodista que pretendía comprar los servicios de la empresa para un grupo político sudafricano y Nix presumía de tener los datos de más de 50 millones de usuarios de Facebook y WhasAp con no menos de 5.000 ítems de cada uno de ellos y que, mediante la ingeniería de datos, inteligencia artificial y algoritmos se les manipula haciéndoles llegar mensajes con lo que quieren que les digan, cambiándoles su comportamiento para que voten por el contratista.

Alexander Nix, fundador y CEO de la empresa presumía de mucho mas: de provocar escándalos para desacreditar personajes con el uso de prostitutas, de infiltrar las redes con noticias falsas imposibles de rastrear en su origen y de actuar sobre dos instintos primarios: el temor y la ira para alcanzar sus fines.

El reportaje produjo de inmediato la caída de las acciones de Facebook hasta el punto que su propietario, Mark Zuckerberg, perdió mas de 600 millones de dólares ese mismo día.

En el caso colombiano se tiene la certeza de que esa empresa llevó a la Alcaldía a Enrique Peñalosa y se sospecha que, a través de sus filiales una de la cuales tiene su sede en Medellín con capital de 550 millones de pesos, según lo informó La República, ha participado en todas las campañas electorales de los últimos años.

Para quienes deseen conocer en detalle como fue la investigación periodística de esta firma, su modus operandi y sus logros, les recomendamos el documental “Nada es privado de Netflix en el cual exempleados de la compañía revelan sus secretos

¿Cómo lo hacen?

La empresa ofrece a unos centenares o unos pocos miles de suscriptores según las necesidades, que, a cambio de llenar un formulario aparentemente sencillo, tendrán acceso a Internet y el uso de programas gratuitamente, a cambio de que autorice el uso de sus datos con fines publicitarios o de mercadeo. Cada vez que usted conversa con alguien a través del Messenger, Facebook o WhatsApp (propiedad de Facebook) cuando sube una fotografía o hace una compra, está suministrando una serie de informaciones que permiten a esos programas saber cual es su estrato social, sus ingresos, que cosas le gustan y cuales detestan.

El uso de esos datos es lo que la persona encargada autoriza. Pero, como esa persona tiene un grupo de amigos y seguidores, la empresa también tiene acceso a esos datos de personas que además tienen otros amigos y seguidores, conformándose así una cadena cuyos eslabones crecen casi que geométricamente.

En la campaña de Donald Trump unos 265.000 usuarios completaron el test y otorgaron permiso de acceso a sus datos y al de sus amigos, sin el permiso de estos últimos. Así, la empresa logró conocer las preferencias y antipatías de más del 15% de la población norteamericana. Un profesor de la Universidad de Cambridge Aleksandr Kogan, fue el encargado por la empresa de comprar a Facebook los datos de 50 millones de estadounidenses en edad de votar.

Pero no fue en ellos en quienes se centró la campaña: Se concentró solo en un grupo de alrededor de 600.00 indecisos de tres Estados que, al final, fueron los que dieron el vuelco a las elecciones y pusieron a Trump en la Presidencia, no por haber logrado la mayoría de votos populares, sino porque esos estados tenían la mayoría de votos y el sistema electoral norteamericano es así: los estadounidenses se encontraron de repente con falsas acusaciones de corrupción contra Hillary Clinton, a la candidata la mostraban en afiches en los cuales las dos “O” de corrupto en inglés se convertían en esposas en los brazos de una Hillary acosada por manifestantes de todas las edades y razas acusándola de ladrona.

De repente los ciudadanos norteamericanos, que simultáneamente eran víctima de otra campaña a favor de Trump que “invertía” un millón de dólares diarios ayudado, además por otra campaña financiada por Rusia a cuyo gobierno habían convencido de que les iría mejor con Trump que con la “comunista Hillary”.

Los norteamericanos se encontraron con centenares de noticias que les parecían muy importantes pero que no publicaban ni su periódico, ni su revista, y tampoco su telenoticiero o radio Noticiero.

Lo mismo ocurrió a los electores argentinos, mexicanos, ingleses, australianos, colombianos y no se sabe de cuantas otras naciones, que dejaron la suscripción de su periódico, por considerar que le ocultaban esas falsas las noticias y decidieron informarse a través de la red.

En la “minería de datos” estas empresas no reparan en detalles, simplemente acuden a los motivos elementales de las personas: El temor, y la ira:

Descubrieron que buena parte de los colombianos tienen miedo de que la extrema izquierda se tome el país. Y odian a Timochenko y a Maduro lo cual fue suficiente para ganar las elecciones.

Los dueños

Lo anterior explica que las empresas .com, dueñas de nuestros datos pero que nada producen, no poseen fábricas ni almacenes, supuestamente nada venden porque ofrecen sus servicios “gratuitamente”, hayan remplazado a las petroleras y de automóviles, en otra época consideradas de mayor valor en el mundo. Ellas, simplemente, son dueñas de nosotros, saben más de nosotros que nuestros familiares y mejores amigos juntos y, muy especialmente, saben cómo influenciarnos para que “voluntariamente” hagamos lo que desean. Por eso en las naciones mas ricas, comenzando con Estados Unidos, esas empresas reciben mas de la mitad de la inversión publicitaria.

¿Cómo evitarlo?

Esto no ha sido escrito en favor o en contra de un partido y mucho menos de un dirigente político colombiano. Simplemente trata de poner en evidencia que un invento que se anunció que salvaría el mundo, que nos uniría y permitiría el acceso total a la educación, se está convirtiendo en una herramienta de desunión e impulsora de las más absurdas creencias.

Solo queremos que sepa que sus datos valen millones pero que le son ajenos y pueden ser utilizados en contra de sus intereses inculcándoles falsas creencias.

Es muy poco lo que podemos hacer:  en las opciones de configuración de esos programas, al final y escondido, hay una casilla donde podemos indicar que no autorizamos el uso de nuestros datos con fines mercantiles. Pero, ante todo, debemos ser muy cuidadosos, y apoyar un movimiento que se originó en Inglaterra y ya respaldan gobiernos de otros países según el cual el derecho al uso de los datos debe ser parte de los Derechos Humanos.

Y analizar con cabeza fría lo que nos dicen: En estos tiempos de la pandemia el mayor temor es la situación económica y el desempleo. No creamos en quienes nos dicen que tendremos empleo sin mencionar que empresas que iban rumbo a la quiebra, dan a dar más empleo en un país con seis meses de “pausa” económica. Y, para cerrar, el cuadro publicado por La República sobre los nexos de una empresa colombiana “Pig  Gi que ha tenido nexos con Cambridge Analítica y asegura disponer de miles de millones de capital semilla y que se precia de tener entre sus clientes colombianos empresas como Coca Cola y AT & T.

(*) Periodista colombiano, colaborador de Nuevas Miradas, Nicaragua.

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