9 mayo, 2021

Las cifras en salud hablan por sí solas del progresivo deterioro de ese servicio a los nicaragüenses

Foto de Human Rights Watch NM

Oscar-René Vargas

Octava parte

 

 

El acceso a los servicios de salud es un componente central de los derechos económicos y sociales de los nicaragüenses. La agenda de salud pública de todo gobierno debe perseguir un doble objetivo. Por una parte, avanzar en los mecanismos necesarios para brindar acceso equitativo a toda la población independientemente del ingreso o riesgo de las personas. Por otra parte, mejorar la eficiencia en la asignación de los escasos recursos disponibles.

Los promedios nacionales encubren importantes inequidades de acceso que afecta a los sectores más desprotegidos. Las diferencias en la atención de salud están determinadas, principalmente, por las desigualdades de ingreso.

Nicaragua, se destaca por el alto costo de las medicinas que afecta a los pobres. El gasto en salud es financiado en gran medida por las propias familias. Mientras que en América Latina el aporte familiar promedio representa el 33.0 por ciento, en Nicaragua, de acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es de 37.54 por ciento del gasto total en salud.

La necesidad de incurrir en gasto familiar para acceder a los servicios de salud o al consumo de medicamentos es una fuente importante de inequidad. El gasto privado en salud tiene un efecto importante en el empobrecimiento de los hogares de clase media o en los sectores populares.

En el 2015, la inversión total en medicinas por habitante por parte del Estado alcanzó US$ 6.57 dólares anuales, en el 2017 alcanzó los US$ 7.91 dólares anuales, bajando a US$ 6.79 dólares anuales en el 2019. Estos datos nos indica que existe un deterioro de calidad en el sector salud y explicaría el proceso de privatización en el consumo de medicamentos.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es US$ 26 dólares por persona por año. Es decir, la inversión de Nicaragua en medicamentos es el 26.11 por ciento del recomendado, como mínimo, por la OMS.

El gobierno invierte menos en medicamentos, los compra más caros y compra menos medicamento por cada dólar; sin embargo, la población ha crecido, la población no se enferma menos y, por lo tanto, la población tiene que invertir más de su bolsillo para obtener los medicamentos básicos.

De acuerdo con la publicación “Nicaragua en cifras 2013” del Banco Central de Nicaragua, el gasto total privado en salud pasó del 4.2 por ciento del PIB a 4.6 por ciento del PIB en el 2011; mientras que el gasto total público se estancó pasando de 2.7 por ciento en el 2011 a 2.8 por ciento del PIB en el 2012.

Este contexto nos permite sospechar que la calidad de vida de la población pobre se ha deteriorado en los últimos años y la pobreza crónica se ha transformado en una enfermedad contagiosa que se propaga por todo el país.

Según el “Informe de Gestión en Salud 2013” del Ministerio de Salud (MINSA), el porcentaje del gasto en salud en relación al PIB era de 3.96 por ciento. De acuerdo con el Presupuesto General de la República de 2010, el gasto en salud fue de 3.80 por ciento, el mismo nivel de los años 2007-2008. Los expertos internacionales recomiendan, como mínimo, que el gasto en salud debería representar el 5.0 por ciento del PIB.

El MINSA muestra problemas de ejecución de sus Plan de Inversión Pública (PIP). En el 2017, el presupuesto inicial asignado era de US$ 55.70 millones de dólares, solamente se ejecutó US$ 44.78 millones de dólares; la subejecución alcanzó el 19.60 por ciento. En el 2018, la asignación inicial en el presupuesto fue de US$ 64.87 millones de dólares, pero solo se ejecutó US$ 37.61 millones de dólares, lo que representa una contracción del 42.02 por ciento.

La infraestructura hospitalaria, centros y puestos de salud y casas maternas no responde a las necesidades de la población. Sigue siendo débil. De acuerdo con el “Anuario Estadístico 2008” del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Nicaragua tenía 60 hospitales y centros de salud con camas. Recientemente el régimen le informó al BID que el país contaba con 72 hospitales y centros de salud con camas.

En 2020, de acuerdo con los datos oficiales en Nicaragua existen 6,045 médicos trabajando en el MINSA, lo que significa que existe un médico por cada 1,000 habitantes, lo que expresa la debilidad/raquitismo del sistema de salud público frente a la demanda de la gente. Este indicador informa sobre la capacidad de respuesta de los servicios de salud del Estado para atender las necesidades de la población.

En los últimos años Nicaragua dejó de publicar los datos oficiales sobre la tasa de muerte materna (TMM), la tasa de mortalidad infantil (TMI), la tasa de desnutrición infantil. Posiblemente se deba al hecho que la TMM, TMI y la desnutrición expresaría la desigualdad social económica que el régimen quiere ocultar.

El gobierno quiere ocultar que Nicaragua padece una “vulnerabilidad alimentaria crónica”, no solamente por el incremento de los precios de la canasta básica alimenticia desde el 2007 a 2020, sino por agravamiento del desempleo y la pobreza. La consecuencia de esta mezcla es el deterioro nutricional y de las condiciones sociales en que vive, según la CEPAL, el 77.2 por ciento de los habitantes del país.

Otro problema no abordado por el régimen es el tema del embarazo precoz en las adolescentes menores de edad, sobre todo en las zonas rurales y sectores vulnerables de las ciudades, como parte de la vida cotidiana y que el régimen aborda a la ligera o no lo asume como problema social importante.

De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), una de cada cuatro mujeres adolescentes entre 15 y 19 años es madre y está u estuvo embarazada. Nicaragua es el país latinoamericano con el porcentaje más alto de mujeres entre 20 y 24 años que aseguran haber dado a luz antes de cumplir los 18 años de edad.

De acuerdo con el Presupuesto General de la República 2017, el gasto en salud, alcanzó la cifra de US$ 466.76 millones de dólares, descendiendo a US$ 446.93 millones de dólares en el 2019, lo que implicó una contracción 9.58 por ciento.

El gasto anual per-cápita en salud descendió de US$ 67.35 dólares en 2017 a US$ 66.80 dólares en el 2019. De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) el gasto promedio de los países de América Latina es de US$ 97.0 dólares por persona por año. Es decir, la inversión de Nicaragua en salud per-cápita es solamente el 66.86 por ciento de lo recomendado, como mínimo, por la OPS.

Los datos que hemos expuestos nos indica que se ha producido un deterioro de la calidad de la salud, explicaría los problemas de desabastecimiento de medicamentos en el sistema salud a nivel nacional y la inconsistencia /fragilidad/debilidad del sistema de salud.

Mañana: Informalidad y pobreza

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