31 julio, 2021

La magia del pensamiento único, el mercado, la tecnología y las desigualdades en el mundo

Ilustración tomada de La Neta Neta / NM

Jairo Ruiz Clavijo (*)

El presidente de Los Estados Woodrow Wilson fue elegido en 1916, en plena Primera Guerra Mundial, por una población pacifista que quería estar aparte del conflicto europeo.

Sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomara parte en el conflicto y creó una comisión de propaganda gubernamental con el nombre de la “Comisión Creel” la cual, seis meses después, logró convertir al pacífico pueblo norteamericano en otro histérico y belicista que quería ir a la guerra, despedazar a todo lo que fuera alemán y salvar así al mundo.

Este extraordinario éxito llevó a utilizar las mismas técnicas para después de la guerra, a introducir el concepto de “el miedo rojo” que llevó a la destrucción de los sindicatos y la eliminación de “asuntos tan peligrosos” como la Libertad de Prensa y el pensamiento critico.

Esos fueron los comienzos de las técnicas para “pacificar el rebaño”, para “fabricar el consenso”. Y curiosamente, en este punto coinciden los conceptos capitalistas y leninista que consideran que solo una clase especializada de seres responsables y cultos son lo bastante inteligentes para resolver los problemas de la comunidad.

Edward Bernays, quien hizo parte de la “Comisión Creel”, creó lo que el mismo llamó la “ingeniería del consenso” que describió como “la esencia de la democracia”, que combatió lo que se daba en llamar “el síndrome de Vietnam” el cual, según el intelectual reaganista Norman Podhoretz se definía como “las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar infundiendo en la gente el respeto por los “valores marciales “y la creencia de que es mas importante invertir en defensa y seguridad que en alimentación y educación.

En los diez primeros puestos de los hombres mas influyentes del mundo, no figura ni un solo jefe de Estado o de gobierno, ningún ministro ni político. La lista siempre la encabeza el señor Bill Gates, dueño de Microsoft quien domina los mercados de la comunicación y junto con los demás importantes, en su mayoría dueños de empresas .com, que dominan los mercados estratégicos de la comunicación y controlan las autopistas de la información.

La trasmisión de datos a la velocidad de la luz, la proliferación de textos e imágenes, el que ya sea banal estar comunicados con los satélites, la miniaturización de los ordenadores y su conexión con redes a escala cósmica, están cambiando de arriba abajo el orden del mundo y muy especialmente el mundo de las finanzas.

Y en este punto nos vamos de la mano de Ignacio Ramonet que lo describe como un universo que reúne el modelo perfecto para adaptarse a la actual tecnología: es inmaterial, inmediato, permanente y planetario, atributos -por así decirlo- divinos y que por consiguiente dan lugar a un nuevo culto, una nueva religión. ¡El mercado!

Todas las bolsas del mundo están conectadas entre sí, se intercambian datos de uno a otro lado del planeta a través de terminales donde jóvenes superdotados y superdiplomados parecen extensiones de los computadores que trasmiten la ideología dominante, la del “pensamiento único” vigilado por una misteriosa y omnipresente policía de la opinión.

Pero ¿Qué es el Pensamiento único?: La traducción en términos ideológicos de los intereses del gran capital.

El principio del Pensamiento único, ni un marxista lo negaría: Lo económico prima sobre lo político.

Con base en ese principio, para poner un ejemplo cercano, “se independizó el Banco de la República” el cual pretende controlar la inflación, la devaluación, el costo de la vida… como si estos objetivos no fueran asuntos políticos.

El ensayista neoliberal Alain Minc afirma: “El capitalismo no puede derrumbarse; es el estado natural de la sociedad. La democracia no es el estado natural de la sociedad. El mercado sí”.

Los otros elementos del “Pensamiento único” son conocidos – o mejor sufridos- por todos: el mercado corrige o suaviza las asperezas del capitalismo, la libre competencia estimula y favorece el desarrollo personal y empresarial, el intercambio sin límites es factor de desarrollo del comercio y por consiguiente de la sociedad, la mundialización, tanto de las mercancías como del flujo de capitales, la división internacional del trabajo que abarata la mano de obra y modera las reivindicaciones sindicales, la moneda como factor de intercambio, la privatización, la liberación y, en general, con todo lo que tenga que ver con menos Estado y más mercado y una indiferencia total respecto al daño ecológico.

En todas las universidades, los círculos gubernamentales y sociales, desde las tertulias de café hasta los comunicados de las grandes cadenas de radio y televisión del mundo pasando por los mas importantes periódicos y revistas, se repite este catecismo que, a fuerza de decirlo, termina por convencer al mundo. Poco importa que los mercados se guíen por los rumores, los imprevisibles como los terremotos, inundaciones o la actual pandemia. El mercado es sabio,  todopoderoso y ve el futuro. ¡Tanto que ahora un gran número de transacciones se hacen sobre precios futuros!

Pero sí, hay dueños de los mercados, pontífices o mejor mastodontes de las finanzas frente a los cuales poco o nada pueden hacer los países mas ricos del mundo. El mayor esfuerzo para rescatar un país se realizó hace pocos años a favor de México cuando los grandes del planeta: Estados Unidos, Japón, Alemania, el BM y el FMI reunieron todos ellos 50.000 millones de dólares, suma bastante grande, para ayudarle.

Pues los tres fondos de pensiones, los “Big Three” de hoy día: Fidelity Investments, Vanguard Group y Capital Research and Management, controla 500.000 millones de dólares.

Los gerentes de estos fondos tienen más poder que ningún ministro de economía o banco del mundo, ellos pueden llevar a la quiebra a cualquier país, como lo han hecho con Venezuela, e irónicamente esos dineros son las sumas de los ahorros o previsiones de los obreros y empleados de todo el mundo, manejados ciertamente por los más poderosos cuyos nombres ellos desconocen y en cuya elección jamás participarán.

Ya en 1995 los dirigentes políticos de las principales potencias del mundo que se reunieron en el Foro Económico de Davos desaprobaron esa premisa de “Todos los poderes al mercado” y cuanto temían el poder sobrehumano de esos gerentes que manejan riqueza que esta totalmente liberada de los gobiernos y actúa a su gusto en el espacio cibernético del planeta.

Los recursos de la multimedia, las autopistas de la información que para el exvicepresidente Al Gore “representan para los Estados Unidos de hoy lo que las infraestructuras del transporte por carretera representaban a mediados del Siglo XX, son ahora de esos mocosos de 30 años”.

En este momento sólo tenemos dos cadenas planetarias: La CNN y Music Televisión (MTV) que, unidos al gigante del entretenimiento, Disney Production, dominan al mundo del entretenimiento, porque lo noticioso dejó de ser categoría y es solo un ítem mas de los que se suministra al público para su entretención.

Mañana serán decenas, China, Rusia, el mundo árabe trabajan en sus propias cadenas, y es evidente que estas naciones veneran igualmente ese becerro de oro. ¿Son estas las máquinas del futuro para imponer un pensamiento administrado?

Los adoctrinadores de antes, la familia, la escuela, la iglesia, el ejército, los Estados, son impotentes ante los fenómenos cibernéticos donde lo adquirido puede a lo innato.

En Colombia, los dueños de los medios no han dejado que se adelanten esas investigaciones. Pero la  Asociación Americana de Sicología revela que durante los 5 años que dura la escuela primaria, un niño ve por televisión unos 8.000 asesinatos y más de 100.000 actos violentos; en Francia el semanario Le Point inventarió que en solo una semana los televidentes podrían haber visto 670 homicidios, 15 violaciones, 848 peleas, 419 fusilamientos, 14 secuestros, 32 tomas de rehenes, 27 escenas de torturas, 13 tentativas de estrangulamiento, 11 atracos a manos armada, 11 escenas de guerra, 9 defenestraciones… y, claro esta, sin contar que entre los programas más violentos están los telenoticieros.

Pero la violencia no es el único problema, nos olvidamos de la propaganda, ese motor del mercado que nos enseña que no somos, si no compramos.

Muy pronto las redes sociales, con la ayuda de la TV y en las manos de mercado impondrá criterios emocionales por encima de los racionales.

En mis años mozos, como publicista, nunca me pregunté si mis escritos tenían algo que ver con la verdad, jamás me importó colocar reinas de belleza montadas en el último modelo de automóvil, burlándome inconscientemente de aquellos que creyendo tener el carro compraban la hembra. Cualquier persona, antes de alcanzar la “edad de la razón” ha visto un millón de estos anuncios que de una u otra forma van modelando su personalidad.

El culto al “Becerro de Oro” del mercado, puede decirse que es universal pues países como la llamada China comunista, la socialista Cuba y la “castrochavista” Venezuela, en sus relaciones internacionales, quiéranlo o no, deben regirse por las sacrosantas leyes del mercado.

A pesar de todo y como en todo, últimamente ha surgido una tendencia en contra del libre mercado que, irónicamente, proviene de las naciones que se encargaron de impulsar e imponer estas medidas a lo largo y ancho del mundo: los Estados Unidos y las naciones del Mercado Común Europeo a la par con Australia, Canadá: las medidas proteccionistas de esas naciones son 2.5 veces mas que las que existían en el año 2010. Entre tanto, la China ha empuñado la bandera del mercado sin fronteras.

Todo esto cambiará a causa de la pandemia que prácticamente ha paralizado la economía en lo que va del año: La mayor parte de los países  ricos ya han anunciado que echarán manos de sus reservas para subsidiar  a la inmensa población que se quedó sin empleo y en lo que corresponde a los países pobres, tanto el Banco Mundial, como el FMI están ofreciendo préstamos.

Lo único que está claro hasta el momento es que ese uno por ciento de la población tiene el 82 por ciento de la riqueza aumentará su poder. Los ocho (8) mas ricos del mundo, tienen tanto dinero como la mitad mas pobre del mundo.

Y con la pandemia la desigualdad seguirá aumentando…

(*) Periodista colombiano, colaborador de Nuevas Miradas

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