9 mayo, 2021

Podrá haber “reformas electorales” pero el fraude ya está en marcha y las últimas “leyes” lo certifican

Ilustración de Deja tu huella Nicaragua / NM

Hernán E. Barrios Carrillo

Lamentablemente estamos frente a una realidad que nadie debe desconocer por muy dura y triste que sea para la democracia de nuestro país.

Daniel Ortega desde su llegada al gobierno por medio de las armas y la insurrección popular en 1979, y ahora su consorte la vicedictadora Rosario Murillo, al frente del gabinete, jamás han tenido la vocación mucho menos la voluntad democrática de poner en juego el poder a través de unas elecciones libres, justas y transparentes.

Si en 1990, se jugaron el físico como se dice popularmente, es porque tenían la certeza de que ganarían ampliamente esas elecciones y por lo tanto el poder político no estaba en juego, sobre todo cuando el respaldo masivo jamás visto en partido político alguno hasta el 21 de febrero a solo cinco días de las votaciones de 1990, era una garantía del triunfo. Más de 600 mil personas desbordaron la plaza y las calles de Managua lo que no dejaba lugar a dudas, la victoria estaba garantizada. Esta concentración jamás vista ni por el mismo Frente Sandinista, hizo que Daniel, fuese más triunfalista e imitando a Chayane, a quien había traído días antes, con una bandera gigante roja y negra saltó y bailó en la pasarela que se construyó en la plaza, y no anunció el Decreto de suspensión del Servicio Militar Obligatorio que se tenía como bono compensatorio a la lucha del pueblo y para garantizar el éxito de la campaña.

No hay que perder de vista el origen del Frente Sandinista, una organización guerrillera político-militar, cuya naturaleza nace separada de cualquier germen democrático o de cualquier otro carácter que no sea el verticalismo castrense, y en este sentido, Daniel Ortega, es el mejor representante en los últimos 40 años.

Si el FSLN, se ha comprometido a procesos electorales es porque no le ha quedado otro palo en que colgarse, no someterse a las reglas de la democracia de los mercados políticos regionales y continentales de occidente sería desterrarse para irse a vivir a la luna.

Los antecedentes del carácter absolutista y monárquico de Ortega, pueden hallarse desde su primer gobierno en los 80, en su gobierno desde abajo y su último periodo en el que 14 años no le son suficientes para divorciarse del poder; y “vamos por más victorias” reza el slogan viejo inventado por su mujer y ahora para el 2021.

Si queremos encontrar los gérmenes de este fenómeno egocéntrico, vayámonos a los años de inicios en la lucha de los Ortega en el FSLN, y particularmente en Daniel, en los 7 años y 7 meses de cárcel bajo la dictadura de los Somozas (véase el preso 198).

Soy de los convencidos y creo no ser el único en aseverar que jamás, Daniel Ortega, sumándole ahora a su mujer y su más cercano circulo de hierro, van a someterse, menos a diseñar un proyecto de elecciones libres honestas y transparentes que les provoque la pérdida del poder político y económico del país, ni tampoco el control civil y social que mediante la represión policial mantienen sobre el pueblo nicaragüense.

El fraude ya está concebido, se viene afinando con las leyes más aberrantes de la juricidad nacional pues se tuerce el derecho a gusto y antojo en cada una de ellas.

Solo falta el día de las elecciones en el que no es remoto que, al finalizar el horario de las votaciones, un equipo de la policía respaldados por elementos del ejército también orteguista, tomen las urnas y se las lleven al Carmen para contar los votos, bajos un Estado de sitio de facto. Daniel Ortega está bien claro y sabido que los más de 4 mil observadores de la OEA, ONU, Centro Carter y otros que asistieron en los 90, solo sirvieron para obligarlo a reconocer su derrota; y ahora sumada la UE, harían lo miso.

A Ortega, a estas alturas ya no le importa lo que opinen o hagan estos organismos internacionales pues sus resoluciones se las ha pasado por el trasero; su mejor referente es Maduro, y sus acciones han demostrado que tiene a Nicaragua como su hacienda, a sus serviles como sus caporales bien pagados con la corrupción y cree que en el pueblo están sus sirvientes.

Las reformas electorales puede que se legislen, lo que ya está aprobado es el fraude orteguista.

Hernán E. Barrios Carrillo

Seguir el camino⎪Tan importante es el derecho positivo para la justicia y el desarrollo social, como el derecho subjetivo que cada quien obtenga y haga lo que el anterior derecho le permite.

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