21 octubre, 2021

Ortega en su laberinto de represión, leyes contra los derechos humanos y discurso de intimidación y miedo

 

María Teresa Blandón

 Daniel Ortega y Rosario Murillo han convertido a la Asamblea Nacional en una maquinaria a su servicio, desde donde se aprueban absurdas leyes cuyo único propósito es legalizar la sistemática violación de los derechos humanos de las y los nicaragüenses.  Además de la ley de regulación de agentes extranjeros, la de ciberdelitos y cárcel de por vida, ahora se aprestan a aprobar un nuevo adefesio para inhibir a cualquier candidato o candidata de la oposición acusándoles de golpistas, vende patrias y terroristas.

Bien sabe el régimen Ortega-Murillo que la instalación del estado policial y su evidente rechazo a elecciones libres y transparentes, incrementan las posibilidades de nuevas sanciones no solo por parte del gobierno de los Estados unidos, sino de la Organización de Estados Americanos y de la Unión Europea; sin embargo, su obcecada obsesión de permanecer en el poder es tan grande, que han perdido hasta la más mínima capacidad de razonar.

Durante casi tres años han probado diversas estrategias y ninguna les ha dado resultado. Primero fue la represión pura y dura seguida del montaje de dos falsos diálogos; luego vino la instalación del Estado policial para impedir la movilización del creciente movimiento nacional azul y blanco que al menos en parte se trasladó a las redes sociales manteniendo intacta su demanda de justicia y democracia.

Llegado el momento de las elecciones del 2021, que el propio Ortega señaló como la única alternativa para que la oposición le dispute la presidencia, y al no contar con más patrañas que le permitan ganar tiempo, no le queda de otra que dejar de fingir y exponerse como lo que es: un gobierno sin legitimidad, con un profundo desprecio por la democracia y dispuesto a orquestar un nuevo fraude electoral.

Lo que veremos durante los próximos meses ya no puede ser sorpresa para nadie: Reagrupamientos de grupos políticos zancudos como el que ha anunciado el líder único de los conservadores; maniobras divisionistas como la que está llevando a cabo la vieja dirigencia del PLC; pago de servicios de algunos empresarios al régimen Ortega-Murillo por favores recibidos; uso selectivo de las cuatro leyes diseñadas para descabezar al liderazgo de la oposición; incremento  de un discurso de odio que aliente una mayor polarización; y por supuesto, el uso de las fuerzas policiales y paramilitares para instalar el miedo.

Paradójicamente, cuanto más recurre el régimen Ortega-Murillo a estas lógicas de poder opresivo propias de cualquier dictadura, más crece la convicción de la mayoría de nicaragüenses de que se han convertido en el principal obstáculo para salir de la crisis y afrontar los múltiples problemas que vive la sociedad.

El liderazgo de la oposición que se ha reconfigurado durante los últimos meses, tiene no solo una enorme responsabilidad, sino una valiosa oportunidad para demostrar con gestos concretos que tiene un auténtico compromiso con las aspiraciones y demandas de la mayoría de la sociedad nicaragüense.

Esta oposición debería empezar por asumir con sentido autocrítico las lecciones aprendidas durante los últimos 40 años, desde que el FSLN perdió las elecciones del 90, pasando por el pacto que lo llevó de nuevo a la presidencia y los catorce años de su permanencia en el gobierno, durante los cuales nos despojó del derecho a la participación política y ciudadana.

Las viejas recetas ensayadas en el pasado por las agrupaciones partidarias sobrevivientes de este desastre anunciado, deben ser sustituidas por una concertación nacional verdaderamente democrática, que ponga por encima de intereses partidarios y económicos, el objetivo común de salir de esta dictadura.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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