20 septiembre, 2021

La banca en el ojo del huracán de las cinco crisis que vive Nicaragua

 

Como es tradición, el analista y sociólogo Oscar René-Vargas inicia en Nuevas Miradas un ejercicio intelectual de investigación, análisis y balance de la economía nicaragüense en el último año, pero con aristas y antecedentes desde el 2018, año en que los  jóvenes se sublevaron contra el régimen, en una inédita expresión de protesta cívica.

Oscar-René Vargas

Quinta entrega

La CEPAL anticipa que este año 2020 la actividad económica nicaragüense tendrá una contracción de -4.0 por ciento a consecuencia de la profundización de la recesión. Sin embargo, el Banco Central de Nicaragua calcula que la caída será entre el -1.5 y -2.5 por ciento. Para la CEPAL, en el 2021, no hay perspectivas de una fuerte recuperación económica ya que prevé, en la mejor perspectiva, de un crecimiento entre el +0.5 y +1.0 por ciento.

Al caer la producción, cae el ingreso real de los agentes económicos, o sea, disminuyen los ingresos de las familias (salarios y prestaciones laborales), de los productores (utilidades) y del gobierno (impuestos). También cae el gasto real de los agentes económicos en el mercado interno, es decir, cae tanto el consumo de los hogares como la inversión en construcción, maquinaria y formación de inventarios en las empresas.

Otra característica de la recesión ha sido la insuficiente inversión del sector privado en bienes de capital físico, tecnológico y humano susceptible de aumentar de forma consistente la productividad y la disposición de ventajas competitivas más duraderas para garantizar patrones de crecimiento sostenibles.

El patrimonio del Sistema Financiero Nacional (SFN) experimentó –entre enero y julio del año 2017– un crecimiento interanual del 18.6 por ciento, resulta llamativo porque si se compara con la tasa de crecimiento del PIB nacional (+4.9 por ciento), la ganancia de las instituciones bancarias creció nada menos que 3.8 veces más que el PIB.

Las altas rentas o beneficios de los bancos se explican por una reducción de las ganancias de muchos. El rentismo financiero es un factor que repercute en la disminución de la rentabilidad del capital productivo general. El sector financiero se apropia de gran parte del excedente económico de los otros sectores económicos en forma de intereses, dividendos, seguros y los llamados seguros empresariales. Es decir, son ganancias extraordinarias por encima de la productividad media.

La fuente principal de los ingresos financieros son los recursos generados por la cartera de crédito que registraron, durante el mismo período, un crecimiento del 21.1 por ciento, el margen de intermediación o comisiones bancarias se ubicó en el 10.6 por ciento y las tasas de intereses en las tarjetas de créditos. En estas tres fuentes reside al menos el 60 por ciento del éxito operativo de los bancos. Las tarjetas de crédito son una vigorosa fuente de ingresos para los bancos, porque los intereses que cobran son superiores al 60 por ciento.

La Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), indica que al 31 de agosto de 2020 el total de los depósitos de ahorro y a plazos valorados en córdobas, tanto en moneda local como en moneda extranjera en las entidades bancarias del país, han caído -19.6 por ciento con respecto al saldo de dichos depósitos al 31 de marzo de 2018; estos depósitos muestran una reducción de US$ 987 millones de dólares, al pasar de US$ 3,604 millones a US$ 2,617 millones de dólares.

Entre marzo 2018 al 31 agosto 2020, el saldo total de los depósitos en moneda extranjera cayó US$ 1,170 millones de dólares, al pasar de US$ 4,048 millones a US$ 2,877 millones de dólares, hay que recordar la fuga de casi US$1,300 millones dólares que se observó entre abril de 2018 y marzo de 2019.

Por su parte, el saldo total de los depósitos en moneda local, incluyendo los de cuenta corriente, disminuyó en C$ 7,105 millones de córdobas (equivalentes a US$ 346 millones de dólares), al pasar de C$ 45,099 millones córdobas (equivalentes a US$ 1,447 millones de dólares) a C$ 37,993 millones de córdobas (equivalentes a US$1,101 millones de dólares).

Al caer el principal pasivo de los bancos (los depósitos del público), también cayó el principal activo de los bancos (los préstamos otorgados al público). El saldo de los préstamos en moneda extranjera, tanto en dólares como en córdobas con mantenimiento de valor, o sea, se redujo en un monto de US$ 1,850 millones dólares al pasar de US$ 5,191 millones a US$ 3,341 millones de dólares.

Sin crédito para el consumo, el comercio no se moverá. Sin crédito para la construcción no habrá casas, ni crecerá el sector de la construcción. Al reducir la cantidad de dinero en circulación también implica contraer el gasto público, hacer que la economía del sector privado y del sector informal (especialmente el comercio y los servicios) se mantengan en recesión, reduciendo el tamaño de la economía.

En Nicaragua existe un bajo nivel de bancarización, dado que el saldo total de los depósitos del público representó el 31 por ciento del PIB en 2017, y, producto de la recesión, la bancarización también ha disminuido a 29 por ciento en 2019. Hasta abril del 2018 funcionaban 612 sucursales y ventanillas bancarias en todo el país, pero en septiembre de 2020 esa cifra se redujo en 472; se han cerrado un total 140.

La reducción de los créditos de las microfinancieras evidencia para la economía una menor circulación de dinero y contracción del mercado interno. Al finalizar el 2020 se espera un saldo de cartera de US$ 273.6 millones de dólares lo que significa una contracción de US$ 42.8 millones de dólares respecto a 2019.

Del 2017 al 2020, el microcrédito se ha reducido en US$ 244.97 millones de dólares, lo que representa un golpe para los sectores que no tienen acceso a la banca nacional. Es decir, la contracción de la cartera ha implicado que 237.318 pequeños prestamistas sin acceso al microcrédito.

A finales de 2020, habrá una caída del 52.76 por ciento en la cartera de crédito y una reducción del 56.8 por ciento de la clientela de las microfinancieras, lo que significa un efecto negativo para micro, pequeñas y medianas empresas que dependen del microcrédito, lo que hará más lenta cualquier recuperación económica en el futuro.

En conclusión, los factores más relevantes que empujan a la baja de los depósitos de ahorro y a plazos en Nicaragua son la caída de los ingresos, provocados por el conflicto político, el desempleo, la crisis social, la recesión económica y por la desigualdad de la distribución del ingreso. Además, las personas han sacado sus ahorros por miedo a perderlos.

En general, el sistema financiero ha sufrido: fuga de capitales, contracción del crédito afectando el consumo, exceso de liquidez, deterioro de las carteras de riesgos y mora, disminución de la tasa de ganancia y reducción del nivel de bancarización con efectos negativos en la economía y la producción nacional.

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