25 septiembre, 2021

“La necesidad de sobrevivir es tan importante como el respeto a la dignidad de las personas”

Gráfico de Vox Fides / NM

María Teresa Blandón

Los políticos tradicionales de izquierda y de derecha en tiempos de campaña electoral pero también en momentos de crisis como la que está viviendo Nicaragua, se declaran férreos defensores de las y los pobres. Por eso resultó asombroso que un alto funcionario del régimen de Nicolás Maduro amenazara públicamente a los pobres venezolanos –que son la mayoría- de que no van a comer si no iban a votar en unas elecciones que con toda la razón se presumen fraudulentas.

En Nicaragua el régimen Ortega-Murillo durante su primer periodo de gobierno prometió reducir los índices de pobreza, eso era una esperanza incluso para quienes no tenían ninguna simpatía por el FSLN, pero reconocían el peso de las brechas de desigualdad que habían dejado los gobiernos anteriores.

Con los millonarios recursos de la cooperación venezolana, los préstamos millonarios otorgados por instituciones financieras internacionales y donaciones entregadas al gobierno, mucha gente creyó que por fin habría desde el Estado, un esfuerzo consistente para reducir los índices de pobreza en uno de los países más desiguales de América Latina. Hasta el señor Arturo Cruz aplaudió una y otra vez la gestión del régimen Ortega-Murillo por lo que llamó “populismo responsable”, en referencia a los programas dirigidos a los grupos más vulnerables de la sociedad, es decir, los más pobres.

Seguramente algunos de estos programas financiados con recursos externos, aseguraron a miles de nicaragüenses recursos mínimos para sobrevivir, evitando que literalmente se murieran de hambre. El problema de fondo con estos programas de asistencia es que no han sido pensados para que los grupos más pobres cuenten con recursos propios para satisfacer sus necesidades básicas, sin depender del Estado.

Aunque desde el punto de vista de los grupos más empobrecidos un bono de alimentos entregado cada dos meses, la entrega de láminas de zinc para mejorar sus viviendas, o la entrega de animales de patio, son una especie de “bendición” como suele decir la gente, lo cierto es que no reduce la pobreza, que como sabemos afecta de forma más severa a más del 40 por ciento de la población nicaragüense.

El régimen Ortega-Murillo al igual que el gobierno venezolano sabe de sobra que la gente más pobre a duras penas tiene tiempo y energía para sobrevivir y que por eso mismo es más difícil que se rebelen en contra de quienes les llevan alguna “ayuda”, porque así es como lo han presentado, como un favor personal del caudillo y no como un deber de todo gobierno que se precie de democrático.

Pero la amenaza del régimen chavista en contra de los pobres y las políticas de exclusión que desde hace varios años lleva a cabo el régimen Ortega-Murillo, en contra de quienes se niegan a organizarse en los CPC y ponerse la camiseta de la juventud sandinista, demuestran que la necesidad de sobrevivir es tan importante como el respeto por la dignidad de las personas.

Las y los pobres son vulnerables precisamente porque el Estado en contubernio con los grandes capitales -que por cierto han crecido más que nunca durante los últimos 14 años-, le han condenado a la dependencia extrema y despojado de sus derechos.

Precisamente para no repetir esta triste historia de pobreza-asistencialismo-dependencia- exclusión y chantaje, es que nunca más debemos depositar nuestro voto en un solo hombre, en un caudillo, en un partido. Para salir de la pobreza es necesario a la par de la lucha por la sobrevivencia, defender la dignidad y exigir lo que en derecho corresponde a las y los nicaragüenses.

 

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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