18 septiembre, 2021

Artista e investigador jinotegano crea nebulizador de barro y lo denomina “Alvarito Conrado”

Lautaro Ruiz muestra una porción de hierbas que se le echa al nebulizador. Cortesía

Juan Ramón Huerta

El espacio expande un singular olor a hierbas medicinales. Detrás del mostrador de vidrio hay movimientos; panas, vasijas, hierbas en canastos, guantes, bolsas plásticas, medidas, morteros. Se tiene la impresión de estar en el viejo laboratorio que Melquíades había donado a José Arcadio Buendía para hacer los experimentos que le darían un futuro mejor a Macondo, en la obra Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Pero aquí no solo hay aromas medicinales, hay barro, vasijas y en una hojita de papel, Lautaro Ruiz, investigador y artista, dibuja –entre angustiado y optimista– una ollita de barro con un orificio que de ahí en adelante bautizaría como el nebulizador AC o Nebulizador criollo “Alvarito Conrado” en honor a uno de los primeros mártires de la represión desatada por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Conrado, en su agonía en las inmediaciones de la catedral de Managua, tras ser alcanzado por un bala en el cuello atinó a expresar, “me cuesta respirar”, frase iconica que quedó en las mentes de los nicaragüenses y con mucho más énfasis durante lo más fuerte de la pandemia.

Invención compartida

“No voy a diagnosticar de antemano, pero en Jinotega muere gente en sus casas por coronavirus o neumonía, y en sus patios tienen la cura. No es posible”, expresa compungido al recordar cómo los campesinos llegaban desesperados a su farmacia Sukya en busca de expectorantes en los tiempos más álgidos del Covid-19.

El invento de Ruiz Mendoza tiene la sana complicidad de las 12 mujeres que trabajan en barrio entre Saraguasca y Tomatoya, llamadas “Las cureñas”, a quienes les dio el dibujo o esquema para que lo fabricaran.

Video tomado del sitio Cooperativa San Expedito.

“Aquí está el primer nebulizador criollo”, expresa Ruiz al otro lado del teléfono e inmediatamente llega la foto de la singular ollita con una tapadera y un orificio en su costado, al cual se le puede instalar una extensión de plástico y llevarla a la mitad de una botella de plástico para adaptarla como máscara.

El barro es creación

La invención de Ruiz no está ajena a las evaporaciones que se hacían en vasijas con brebajes hirvientes y luego taparse con una cobija o toalla muy gruesa por 15 ó 30 minutos.

En la ollita o nebulizador criollo se colocan de tres a cuatro puñados de hierbas en un litro de agua, se pone a hervir y luego se aplica el vapor por el tubito.

El nebulizador criollo no está alejado de los rituales hechos con barrio, fuego y hierbas de los mayas y aztecas a diferencia que ellos, explica el doctor de origen mexicano, José Luis Velásquez, construían una especie de iglú, colocaban rocas volcánicas incandescentes, las personas entraban semidesnudas por una puerta pequeña, la cerraban, se sentaban a su alrededor, echaban agua y hierbas al fuego y se producía una evaporación, ritual que se denomina Tamascal y que aún se practica en México para la limpia de enfermedades.

El Tamascal

“Aquí se expresan oraciones, ruegos con agua y plantas, como un baño sauna para desintoxicar y purificar los cuerpos”, explica el naturista, doctor Velásquez.

El uso del barro y hierbas curativas, está vinculado al principio de creación registrado en el Popolvuh como el encuentro del barro, la madera y el fuego.

La historia indica que el barro aparece en el Paleolítico y más tarde en el Neolítico cuando aparecen las figuras de barro cocido a temperaturas más altas.

En Mesopotamia se inventaron las primeras herramientas para trabajar la arcilla, el torno y horno para cocerla muy similar al trabajo que desarrollan las mujeres de la cooperativa San Expedito mejor conocidas como Las cureñas y que junto con Ruiz se atribuyen la creación del nebulizador criollo.

Modelado a mano (*)

La arcilla se moldea creando un objeto que simboliza en lo posible un significado. Es interesante destacar que la creación del objeto no parte de ningún molde. Aunque ya hay muchos objetos creados, siempre se empezó por crear un primer objeto.

La arcilla tiene propiedades plásticas, lo que significa que al humedecerla puede ser modelada fácilmente. Al secarse se torna firme. Dependiendo del contenido mineral de la tierra, la arcilla, puede aparecer en varios colores, desde un pálido gris a un oscuro rojo anaranjado.

Es importante amasar bien la arcilla y sacar cualquier burbuja de aire. Puedo quitar y poner. Es dúctil. Puedo ir añadiendo agua para que no se seque mientras trabajo y sea más maleable.

Puedo trabajar con chorizos. Coser con alguna herramienta sencilla o palillos, decorarla. Si voy a unir varias piezas lo puedo hacer con barbotina. Y si al secar se agrieta, también puedo ponerle barbotina, o más arcilla y mojarla. No ponerla al sol a la hora de secarla. Puedo lijar, con lijas de agua y pasar una esponja húmeda.  Se la puede bruñir cuando está casi seca con una piedra de ágata, y esto hace que se cierren los poros y la pieza coge mucho brillo.

(*) La arcilla del cosmos -Fragmento del libro de cuentos y relatos “El día del león alado” de Silo.

Video tomado del sitio de la Cooperativa San Expedito de Jinotega.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!