25 septiembre, 2021

Los partidos de izquierda y derecha que se dicen democráticos en realidad no creen en la democracia

Imagen de Comunicreando

María Teresa Blandón

 Cuando hablamos de la vieja cultura política nos referimos a una que insiste en reproducir un pensamiento y una manera de hacer política propia de aquellos tiempos en que unos cuantos hombres controlaban los destinos de todo un pueblo. Un tiempo en donde se creía que un cierto tipo de hombres nacía para mandar y todos los demás para obedecer.

En nuestro país, eso que llaman izquierda y derecha cada vez se parecen más, dejando claro que las ideologías no son más que discursos demagógicos que esconden las ambiciones de poder de las élites. Las contradicciones entre los discursos y la práctica política son tan grandes, que la gente ya no sabe que pensar.

La cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) que se declaraba el principal opositor del Frente Sandinista en la década de los 80, terminó firmando un pacto que le permitió a su principal adversario regresar al gobierno en el 2007.  La cúpula del FSLN que se declaraba enemigo de todo lo que oliera a somocismo, terminó expulsando a sus viejos compañeros en la lucha contra el somocismo y firmando un pacto precisamente con sus herederos.

En la década de los 70 la dirigencia del FSLN acusó a la dictadura somocista de haber sumido al pueblo nicaragüense en la pobreza y robarse los recursos del Estado. La piñata de finales de los 80, la corrupción durante el gobierno de Arnoldo Alemán y la galopante corrupción durante la última década nos recuerda que la rapiña es ambidiestra.

La dirigencia del PLC jura y perjura que son los herederos de las ideas liberales que proclaman libertad e igualdad, pero promueven ideas contrarias a los fundamentos del liberalismo. Por su parte el FSLN se nombra de izquierda, pero protege los intereses de los grandes capitales y abandona a las y los asalariados a su suerte, tal como ocurre en las empresas de zona franca.

Partidos como el PLC y CxL que se declaran demócratas, son en realidad defensores de gobiernos autoritarios que amenazan el pluralismo político y rechazan la diversidad. Ambos quieren tener el monopolio de la política y compiten de mala manera con los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil. Exactamente lo mismo hizo el FSLN desde la década de los 80 hasta nuestros días.

Los partidos de izquierda y derecha que se dicen democráticos en realidad no creen en la democracia. Arnoldo Alemán, su esposa y sus más fieles seguidores se consideran dueños del partido liberal. Lo mismo pasa con Daniel Ortega, Rosario Murillo y sus leales seguidores, solo que estos últimos también se creen los dueños de todo el Estado y si nos descuidamos por más tiempo, de todo el país.

Los dirigentes del PLC y del FSLN demandan obediencia absoluta de sus afiliados al liderazgo eterno de Alemán y Ortega, aunque ambos estén desgastados y ya no tengan nada bueno que dar a la sociedad nicaragüense.

La dirigencia del PLC no es capaz de anteponer los intereses de todo un pueblo y el FSLN tampoco. Ambos están concentrados en preservar hasta donde sea posible, el poder de sus eternos caudillos. Para ello no tienen ningún reparo en mentirle a sus propios seguidores.

No cabe duda que para salir de la crisis que nos agobia, es preciso hablar de una nueva cultura política que requiere no solo de nuevas ideas, sino de liderazgos que no estén contaminados del autoritarismo y la corrupción de derecha y de izquierda.

Juan Ramón Huerta

Prisma cotidiano | El periodismo tiene la capacidad de presentar los hechos desde distintos ángulos y enfoques.

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