14 mayo, 2021

Entrevista con Lottie Cunningham revela que la costa Caribe ya tenía profundas heridas antes de los huracanes

Foto de portada de Despacho 505 / NM

Fotografía tomada de DW.com

Nuevas Miradas y la Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra ofrecen esta entrevista realizada a la lideresa indígena Lottie Cunningham antes de que este vasto territorio fuera asolado por dos huracanes y en ocasión de haber recibido el Nobel alternativo

Luis Sánchez Corea

“¡La resistencia de las mujeres es primordial!” Lo afirma con énfasis, para que no quepa duda de que su afirmación es toral en la lucha de las mujeres por el derecho a la tierra. Lo dice en el contexto del trabajo que realizan actualmente ella y su equipo, alrededor de los litigios estratégicos para reivindicar el derecho de las mujeres a la tierra, principalmente de aquellas que han sido desplazadas forzosamente de sus propias tierras en los últimos años.

El trabajo lo realiza desde el Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN), instancia que ella preside.

Lottie Cunningham Wren, activista y defensora de los derechos humanos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, lamenta que el sufrimiento, producto de la violencia que viven las comunidades por el despojo de sus tierras, se ha incrementado, y la situación se hace más compleja por la crisis humanitaria y la inseguridad alimentaria que todo esto ha generado colateralmente. Y eso afecta más a las mujeres.

Según Cunningham, así lo reafirma cada testimonio que ha escuchado de las propias mujeres, pero pese a las adversidades no se rinden. “Yo admiro la resistencia de las mujeres” reitera, a la vez que asegura que están trabajando duro para salir adelante, “estamos trabajando con 316 mujeres en agroecología, es una estrategia innovadora. Las mujeres han aceptado y han decidido implementar este tipo de acciones mientras ellas resisten y se espera el resultado de los litigios estratégicos”. La defensora indígena refiere además que muchas de estas mujeres son madres solteras.

Una vida dedicada a la protección y defensa de la tierra

Lottie Cunningham creció en la ribera del Rio Coco en la Región Norte de la Costa Caribe de Nicaragua. Ahí vivió su niñez y adolescencia en paz, en armonía con el agua y la tierra, en contacto permanente con la naturaleza. Ahí creció libre como el viento. Pero luego vino la guerra y con ella el sufrimiento de su pueblo.

“Mi infancia y adolescencia fueron algo muy lindo, recordar esa paz con la que nosotros nos desplazábamos; ir a pescar para nosotros era tan alegre, éramos felices de poder llevar dos a tres pescados a la casa para la comida cada día”, recuerda Lottie Cunningham con nostalgia.

En 1982, en medio del conflicto bélico que vivía Nicaragua, más de 40 comunidades de la etnia mískitu asentadas a lo largo del Rio Coco, en la zona fronteriza con Honduras, fueron desplazadas forzosamente por el Ejército, obligados a abandonar sus tierras, para asentarse en una especie de campo de concentración. La operación castrense fue conocida como Navidad Roja.

Cunningham, quien pertenece a esta etnia, vio y vivió el sufrimiento de su pueblo y desde entonces inició una lucha incansable por los derechos humanos de las etnias y  pueblos indígenas de su país, principalmente el derecho a la tierra, pero también su lucha ha sido por el empoderamiento de las mujeres.

 “Mi pueblo sufrió un desplazamiento forzoso, yo sé lo doloroso que es que te desplacen de tus tierras, yo que viví siempre a la orilla del Río Coco” recuerda, “el Río Coco es sagrado para nosotros porque tenemos un vínculo espiritual con él” asegura.

Después del desplazamiento forzoso nada volvió a ser igual para ella  y para su pueblo. “Vi mucha injusticia, mucha mentira y corrupción del sistema” lamenta y agrega que “a partir de ahí yo quise cambiar de carrera”.

El inicio de su lucha

Cunningham era una joven enfermera, vocación que ejerció durante varios años, pero al ver que las injusticias en contra de su pueblo y otras comunidades indígenas no cesaban, decidió luchar desde la esfera legal para poder aportar en materia jurídica a la reivindicación de los derechos de su pueblo. Por eso se dispuso a cursar estudios de derecho de los que egresó en 1994.

Una vez titulada inició a trabajar de forma independiente, posteriormente ocupó, por un breve periodo, entre mediados de 1995 y 1996, el cargo de Procuradora Regional, puesto al que renunció al ser testigo de las anomalías que imperaban en las instancias estatales, “siendo funcionaria con el Estado de Nicaragua vi que había muchas injusticias, observé mucha corrupción, así que tomé la decisión de no continuar e iniciar de lleno a trabajar de forma independiente”, confiesa.

Relata que empezó asesorando algunas comunidades indígenas, “observé que había una situación muy difícil entorno al reconocimiento a sus derechos, particularmente las tierras”. Explica que en ese momento “todavía existía una mentalidad de parte del Estado, que las tierras de la costa Caribe eran nacionales, y que podían ellos hacer sin el consentimiento de las comunidades”.

Aclara que aunque la Constitución Política de Nicaragua, reconocía desde 1987, las diferentes formas de propiedad colectiva y comunal, no existía ningún mecanismo para demarcar y titular las tierras, tampoco se habían entregado títulos a ninguna de las comunidades, pese a que estas venían demandando este derecho.

Recuerda que fue en 1996 que tuvo conocimiento de que habían varias concesiones de parte del Estado para la explotación de madera y que muchas de estas concesiones tenían contratos de hasta 30 años, con renovación de otros 30 años adicionales, como fue el caso particular de Awas Tingni.

El caso Awas Tingni

Awas Tingni es una comunidad habitada por indígenas mayangnas, pertenece al municipio de Waspam en la región norte del Caribe nicaragüense, se ubica en un área densamente boscosa entre los ríos Wawa y Awas Tingni.

A mediados de la década de los 90, el Estado de Nicaragua otorgó una concesión a una transnacional coreana para la explotación forestal de 62mil hectáreas de bosques en el área que está asentada esta comunidad. Un equipo legal inició entonces una demanda contra el Estado de Nicaragua ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para evitar el desastre ambiental que eso significaría, pero sobretodo, el despojo de las tierras comunales a los indígenas mayangnas.

Es así que en 1997, Cunningham se integra a formar parte de ese equipo legal. “Empecé mi lucha por la tierra con el caso de Awas Tingni”, afirma Lottie orgullosa, y  aunque no fue una lucha fácil, pues fue un juicio que duró 8 años, la corte finalmente falló a favor del pueblo mayangna.

El logro más significativo

“El logro más grande que hemos alcanzado ha sido tener sentencias favorables para  los pueblos indígenas” dice Lottie Cunningham con un categórico tono de satisfacción. En este sentido agrega que el caso de Awas Tingni, ha sido el logro más grande, pues por primera vez en América Latina se tiene una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, favorable a los pueblos indígenas en relación a las tierras.

 “Es el primer caso de derecho humano colectivo ante la corte, en toda América Latina” reitera, quien participó como perita en el proceso jurídico, la activista indígena agrega que “era exactamente lo que queríamos, educar a los jueces para poder crear una interpretación evolutiva porque la Convención Americana habla de propiedad privada, pero no habla de propiedad comunal”.

Cunningham celebra el hecho recordando que “era la primera vez que una corte tan conservadora como esta, dictaba una sentencia haciendo una interpretación donde toma en cuenta la relación del derecho a la vida con la tierra, esa relación material y espiritual que tenemos los pueblos indígenas con la madre tierra”.

Sus motivaciones

“Lo que me motiva a continuar es, primero que soy una mujer indígena, vengo desde las comunidades, soy de una comunidad; y así como yo, viniendo de esa pequeña comunidad, me he dedicado y he tenido la oportunidad, quiero que otras mujeres tengan la oportunidad para mejorar sus condiciones de vida” explica Lottie Cunningham.

Pero también refiere que su relación espiritual con la tierra surgida de  los valores y principios que le inculcaron sus ancestros, es otras de sus principales motivaciones, “particularmente mi abuelita con la que me crie; me inculcó muchos valores sobre el amor a la naturaleza, a no ver la tierra solo materialmente, sino tener con ella una relación espiritual” subraya.

Amenazas de muerte

Cunningham, como la mayoría de activistas de derechos humanos y defensores de la tierra en América Latina, no ha estado exenta de las amenazas que se vierten contra su vida.  Relata que empezó a recibir amenazas de muerte desde el año 2014, a través de mensajes de textos a su celular, luego que asesinaron a algunos de sus líderes.

“Ya terminamos con tu líder en tal comunidad, ahora vamos por usted, así que prepare su tumba” recuerda Cunningham de aquellos mensajes que recibía. Revela que también ha recibido cartas anónimas amenazantes, han sido constante además, según sus propias palabras: “la intimidación, el hostigamiento y otros patrones de criminalización que hemos venido sufriendo”. Pese a tal situación, continúa con su labor en la defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas y afrodescendientes de la costa Caribe nicaragüense.

Lottie Cunningham-Wren, Nicaragua. Foto de Frontline Defenders

 

Un galardón inesperado

El primero de octubre pasado, Lottie Cunningham fue sorprendida con la noticia de que es una de las galardonadas con el premio Right Livelihood Award 2020, por su trabajo de defensa de los pueblos indígenas y la defensa de las mujeres y su derecho a la tierra.

El premio, conocido también como el Nobel Alterativo, es otorgado anualmente a personalidades destacadas como agentes de cambio en temáticas de defensa de los derechos humanos, protección ambiental, desarrollo sostenible, salud, educación y paz.

“Fue una sorpresa para mí este reconocimiento a mi equipo y a mi persona, porque no lo hubiera logrado sin mi equipo, no es a título personal, sino que es en nombre de los pueblos indígenas, y particularmente las personas que han ofrendado su vida en defensa de la madre tierra y las mujeres indígenas y afrodescendientes que día a día luchan por su vida, por la subsistencia de su familia y por la naturaleza” expresó.

La defensora de los derechos territoriales de los pueblos indígenas, considera que la relevancia de este galardón es mayor dado el contexto social y político que atraviesa Nicaragua, “el pueblo de Nicaragua está experimentando la crisis de derechos humanos más profunda de su historia” advierte, y explica que pese a que el país no está en guerra, se están experimentando muchas violaciones a los  derechos humanos.

“Este premio viene a visibilizar ese problema, y esperamos que el mundo entero puede estar observando lo que está pasando con Nicaragua”, ella considera que si bien se está teniendo una respuesta, se necesita de procesos más agiles, porque hay mucho sufrimiento en el pueblo y particularmente los pueblos indígenas.

Una reflexión para el mundo

Nosotros los pueblos indígenas defendemos la madre tierra, no solamente para nosotros, sino para todo el planeta” reflexiona la líder indígena.  “¿Porqué insistimos en vivir en armonía con la madre naturaleza?”, se pregunta, a la vez que responde: “Porque al día de hoy, con el cambio climático y con la pandemia, la ciencia no ha podido dar una respuesta”.

En esa misma vía agrega que “nosotros seguimos creyendo en los aprendizajes, las enseñanzas de nuestros ancestros que nos decían que hay que vivir en armonía con la madre naturaleza, tener un equilibrio con ella”; advierte que sin embargo ocurre todo lo contrario. “La gente no comprende que debe de existir ese equilibrio, de lo contrario la naturaleza nos va a cobrar a nosotros los seres humanos”.

Cunningham insta a las nuevas generaciones a asumir el compromiso de proteger la naturaleza y a que luchen por una vida digna. “A repensar esa relación con la tierra”. Considera que son los mayores desafíos que se deben asumir.

 

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