9 mayo, 2021

Lautaro Ruiz, el artista guerrillero de infinitos oficios y dedicaciones

Los mil rostros y facetas de Lautaro Ruiz. Cortesía

Lautaro Ruiz en sus tiempos de guerrillero. Cortesía

Henry A. Petrie

A Lautaro Ruiz Mendoza lo conocí en Matagalpa, allá por 1984, cuando él integraba el grupo Nixtayolero, que además del teatro, realizó algunas investigaciones acerca de la realidad e idiosincrasia del campesinado norteño. Desde entonces supe de su trayectoria política, quizá desconocida por muchos, dado que se ha impuesto más el artista. Es un personaje jinotegano carismático.

Lautaro Ruiz y Epifanio López, éste último sobreviviente del famoso grupo Los Soñadores de Saraguasca. Cortesía

Todo el tiempo fue un artista comprometido con la revolución, un artista guerrillero, emparentado en algún grado con el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Carlos Fonseca, en tanto este fue sobrino de su abuela Gumercinda, prima de la madre de este.

Lautaro Ruiz, preso político durante la dictadura de Somoza. Cortesía.

Quienes conocemos a Lautaro Ruiz sabemos de su versatilidad; es actor, músico, escritor, cuenta cuentos, investigador histórico y antropológico, naturalista, promotor cultural… y todas las yerbas aromáticas posibles, porque también ha incursionado en el cine. Ese mismo, con reconocimientos en el exterior y echado de menos en Nicaragua, quizá no tanto por su espíritu crítico, sino por su valía histórica en el proceso revolucionario sandinista, que muchos han querido borrar.

Del movimiento estudiantil universitario pasó a integrar la columna guerrillera Oscar Turcios e integró el estado mayor de la columna Catalino Flores, del Frente Norte Carlos Fonseca, cuyo jefe fue Germán Pomares Ordóñez (1937-1979). Con este histórico comandante guerrillero estableció una estrecha amistad, hablaban horas tras horas acerca de temas de la revolución y de la vida, lo define así: «Él era un hombre de profundos valores humanos, un obrero del campo muy identificado con los campesinos norteños. Poseía un cuerpo fornido, atlético, de una resistencia increíble, a pesar de sus largas y cansadas caminatas en aquellas montañas, hacía ejercicios a diario. Fue él quien nos enseñó a cantar la marcha militar: luchar, luchar, luchar…»

Lautaro Ruiz, pintor. Cortesía

Pomares (El Danto), uno de los fundadores y miembro de la Dirección Nacional del FSLN, cayó en el cerro Chirinagua, Jinotega, el 24 de mayo de 1979, poco antes del triunfo de la revolución; con él se fue no solo un auténtico líder, sino también una extraordinaria porción de conciencia obrero campesina, que luego tanta falta hiciera en el sandinismo durante la década ochenta del siglo pasado. Su último seudónimo fue Perfecto.

Ruiz, de seudónimo “Danilo”, además de combatiente histórico de la revolución, fue siempre un artista, protagonista de la liberación de Matagalpa. Participó en proyectos culturales importantes, uno de los cuales fue el colectivo de teatro Nixtayolero, acerca del cual, dice: «Este grupo se formó por una orientación partidaria, en la idea de crear algo parecido a El Escambray de Cuba. Hicimos teatro en medio de la nueva guerra, la de los ochenta, donde pudimos haber muerto muchas veces. De varias emboscadas salimos vivos. Ante el alzamiento campesino, en este grupo nos dedicamos a la investigación, ¿qué estaba sucediendo? ¿Por qué se estaba alzando la gente? Y supimos que el maltrato al campesino era demasiado por agentes de la seguridad del estado, del ejército y de la policía, todos sandinistas».

En efecto, los talleres Segovia demostraron que la revolución y el FSLN estaban errando con el campesinado norteño, sus políticas impositivas lo estaban agrediendo al máximo, razón por la cual se alzaron en masa: «… al campesino se le maltrataba, se abusó y se le violentó… A quienes tenían propiedades se les expropió o se les colectivizó, eso fue gravísimo. Aquí estamos acostumbrados a lo propio, no es que seamos individualistas, sencillamente queremos lo propio. Hubo confiscaciones injustas, hasta de gente que anduvo en la guerrilla sandinista. ¿Y entonces, cómo es que hay revolución?»

Durante el conflicto armado de los ochenta, es decir, la guerra civil que costó reconocer, el campesinado centro norteño nicaragüense no beligerante, vivió una encrucijada: «Si pasaban tropas del Ejército Popular Sandinista, había que atenderlos, darles de comer; si pasaban comandos de la Contra, igual; es decir, de un lado y de otro, la complicación, tenías que dar de comer. ¿A quién responder si ambos pasaban por ahí y uno siempre ha estado ahí?» La revolución, en esencia, no vio al campesino como parte de la transformación socioeconómica. Al final, fueron víctimas de un conflicto bélico que no habían generado.

Otro momento de Lautaro Ruiz posando con el busto de Carlos Fonseca. Cortesía

Lautaro, el revolucionario, observó irregularidades, «grandes errores», la revolución alimentó nuevos capitalistas, sobre todo entre 2007 y 2020, esta fue sepultada por los actuales líderes del FSLN. «…en aquel entonces cometieron errores y estupideces; cometieron crímenes que muchos sabemos en el norte. Personalmente estuve presente en acontecimientos terribles que vivió la población de Pantasma. En este pueblo, muchas familias estaban colaborando con la Contra y se alzaron por el maltrato y abuso que recibían, por tantas violaciones, secuestros y torturas. Pero, muchos no queríamos entender los errores que se cometían, porque estábamos embelesados, o engañados, por la revolución».

Según Ruiz, la revolución hizo daño, fracturó a la familia nicaragüense. «Y fue alimentando delincuentes con títulos académicos, sobre todo abogados ampliamente reconocidos por la Corte Suprema de Justicia, en todos los poderes. Se anquilosaron en el poder y se transformaron en perjuicio de la revolución. Ellos se dedicaron al gran recupere. Eso fue la revolución».

Lautaro Ruiz rodeado de personajes norteños de la cultura. Cortesía.

«De los oportunistas estoy harto. Muchos ahora son híbridos que siempre actuarán por sus intereses inmediatos. Estos ahora, son los amparados por la famosa revolución, ahora convertida en un desparpajo. Ahora existen sandinistas indiferentes a la historia verdadera, porque la consideran ingenua, pendeja, babosa… Dar la vida por los demás, libertad, derechos humanos… no computa en la mentalidad de esos parásitos».

Lo más triste, para un sandinista de su estatura, habiendo combatido a la par de uno grande, es que Daniel Ortega Saavedra se haya convertido en dictador y que, junto con su mujer, Rosario Murillo, hayan asesinado a centenares de jóvenes. A raíz de los acontecimientos de abril de 2018, su mente se trasladó al pasado somocista y se vio obligado a tomar medidas de seguridad personal extremas, por su oposición política al régimen.

«Yo fui un perseguido por guardias somocistas; también por orteguistas que no son sandinistas. Aquel sueño se volvió una pesadilla terrible, peor que el somocismo… El gobierno de Ortega, el sistema que lidera y representa, está putrefacto, han constituido una élite que están saqueando al país. Quizá hubo intento de hacer revolución, pero en realidad, no hubo o todo lo mandaron al carajo».

Ruiz Mendoza en otra faceta de sus rostros. Cortesía

Aquel guerrillero Danilo, el Lautaro artista, conserva lo más preciado de aquella época, su visión crítica de las cosas, la pasión de lucha cotidiana por una Nicaragua distinta. Lautaro vive en la botánica, en el cuento, la música, todo él es una actuación teatral, la encarnación del ancestro jinotegano. Es historia sandinista concentrada. Por eso no lo toleran los representantes del tirano en su pueblo.

 

Lautaro Ruiz ayer un hoy. Cortesía

La lora de su casa le dice “papá, papá”. Cortesía.

Lautaro Ruiz y su lora bailarina. Cortesía

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