21 octubre, 2021

Nicaragua necesita docentes con ideología educativa, defensores de la libertad y de los derechos humanos

Foto de noticias.universia.edu.pe

Henry A. Petrie

Lo he dicho antes, la docencia en Nicaragua no está bien valorada, porque esta sociedad no tiene conciencia plena de lo que pretende en términos educativos; porque a los maestros, el sistema político los ha visto como peones. Pese a algunas eminencias de la educación y grandes luchadores sociales ‒muchísimos olvidados‒, en este país solo se celebra al maestro en su día nacional, mediante la recitación de un poema que raya en lo cansón y las felicitaciones anémicas.

Al margen de los vacíos o deficiencias en la formación, soy de los que valora y defiende la docencia en su significado más elevado. Pero, por el cariño que nos embarga, hay que decir que, desde el gremio mismo, la autovaloración es frágil y la actitud displicente; los líderes magisteriales, en virtud de luchar por su dignificación integral, por incorporar valores cualitativos a su profesionalismo y función social, la desdicen cuando se ponen al servicio de fuerzas políticas y religiosas, para promover un determinado credo en perjuicio del saber y el pensamiento libre, de sus reivindicaciones gremiales que parte del mejoramiento gradual de sus condiciones de vida.

Los docentes nicaragüenses necesitan espacios más allá de sus aulas de clase y de los Encuentros Pedagógicos de Intercapacitación (EPI), especies de foros donde puedan intercambiar, reflexionar y debatir acerca de temas educativos de fondo, donde se retroalimenten, eleven capacidades de análisis, de pensamiento lógico crítico; que diserten, y hagan de su experiencia docente, un interesante ejercicio de sistematización y teorización. Continuar con los espacios estrechos, con la tendencia reproductiva, es abortar la creatividad y proactividad que los docentes deben desarrollar. Los espacios a los que me refiero, deben ser de libre expresión, plurales, donde se profundice la formación del ser humano, es decir, que nuestros docentes lleguen a comprender la trascendencia de aprender a ser y hacer.

La asociación Acción Creadora Intercultural (ACIC), en su metodología para la promoción de la lectura y la escritura creativa con enfoques transversales (2018), denominada Leer para Descubrir, Escribir para Construir (LDEC), plantea un conjunto de conceptos y pautas articuladas en el capítulo intitulado, El paradigma de la nueva mentalidad docente (Cuaderno de contenidos, sección II, capítulo 4). Esta nueva mentalidad parte del siguiente concepto de docente:

«Docente productor de cambio (…) El docente es un constructor de humanidad, no un tecnólogo, menos un tecnócrata que domina técnicas y procesos de enseñanza-aprendizaje. Junto a sus estudiantes, es un agente de transformación, un sujeto activo y proactivo que ayuda a sus estudiantes a construir su propio proyecto de vida, a que desarrollen capacidades cognitivas para comprender el mundo y valoricen sus acciones, para formar sociedades democráticas, tolerantes, solidarias y productivas.»

En esta nueva mentalidad que propone ACIC, ubica el rol esencial del docente como «transformador de seres humanos y transformador de mentalidades». Pero ya hemos observado las limitantes actuales. ¿Están al día los docentes con los cambios del siglo XXI, con el avance vertiginoso de la tecnología? ¿Interesa al estado gobernado por políticos tradicionales esta nueva mentalidad? Seguro tendrá que forjarse desde espacios y entornos diversos.

Para que una nueva mentalidad docente sea realidad, debe haber líderes de la educación. Hablo de líderes con un marco filosófico educativo idóneo, no de funcionarios u operadores partidarios. Son estos últimos, del color que sea, los responsables de la mentalidad retrograda actual en Nicaragua. Los puestos de dirección de la institución educativa ya no deben estar ocupados por operadores partidarios; necesitamos que los docentes estén realmente orientados por personas con ideología educativa, defensores de la libertad y los derechos humanos, motivadores de la realización humana y conciban que el maestro está para interactuar con sus discentes, no para alejarse ni sumergirse en tanta carga administrativa y partidaria que le imponen.

Reafirmo, la educación debe liberar, pero esta debe ser liberada de políticos y de tecnócratas obtusos. Continuar con el intervencionismo religioso oscurantista es liquidar la cientificidad de la educación en todos sus ámbitos; continuar atrapados en cada modelo educativo impuesto por el partido que acceda al gobierno, es privar o limitar la incidencia de la sociedad civil en la formación de las generaciones más jóvenes.

El docente mismo debe rescatar, o reconstruir, su condición de líder, «de guía de seres humanos, hombres y mujeres al servicio de la comunidad, de la sociedad.» Debería ser, sin duda, un transformador por excelencia, alguien que impacte en el desarrollo social «formando personas con pensamiento crítico y reflexivo», sabiendo que el saber «es dinámico y cambiante» (ACIC, 2018).

Henry Petrie

El Círculo | ¿Por qué El Círculo? Porque representa la sabiduría infinita, el espíritu de la vida en movimiento constante e interacción creativa.

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