9 mayo, 2021

Los caudillos son incompatibles con la democracia

Gráfico tomado de Panorama Cultural / NM

María Teresa Blandón

Para elegir buenos gobiernos necesitamos entre otras cosas, una ciudadanía bien informada, conscientes de sus derechos y con disposición a defenderlos. Así mismo, necesitamos de organizaciones, movimientos y partidos políticos con voluntad de promover nuevas formas de participación ciudadana, privilegiando los intereses colectivos y respetando la pluralidad de ideas.

Lamentablemente en nuestro país ha ocurrido todo lo contrario y por eso ha resultado tan difícil salir del régimen Ortega Murillo, a pesar de existir sobradas razones para desconocerlo y convocar a elecciones anticipadas, tal y como en algún momento demandaron algunas organizaciones de la oposición.

Son múltiples las causas del creciente debilitamiento de la participación ciudadana en nuestro país; algunas vienen desde lejos y otras se han profundizado durante las últimas décadas, pero ambas se retroalimentan de un modo sumamente negativo.

Si nos remontamos al origen, los pueblos indígenas fueron expropiados del derecho a la palabra y también de su condición de personas, precisamente por eso los colonizadores les llamaron salvajes y barrieron con sus modos de vida, sus creencias, sus costumbres, su cultura; los cuerpos de las mujeres fueron sometidos y violados con inauditos niveles de crueldad.

Mas de cinco siglos después la mayoría de hombres y mujeres continuamos sometidos a ese orden racista, patriarcal y violento, que nos niega el derecho a decidir no solo en los asuntos públicos, sino en relación a nuestras propias vidas. En nombre de poderes divinos y terrenales, nos han amenazado con toda clase de castigos si tenemos la osadía de pensar con cabeza propia y tomar las decisiones que más convengan a nuestras vidas.

Los caudillos, no importa si son de derecha o de izquierda, no toleran que la gente dude, haga preguntas, exprese sus desacuerdos, reclame participación efectiva, precisamente porque se asumen dueños de la verdad absoluta, colocándose por encima de la gente a quienes dicen representar.

Para mantenerse en el poder, los caudillos suelen utilizar viejas estratagemas que, no por viejas dejan de ser efectivas sobre todo con la gente menos informada y más obediente. Presentarse a sí mismos como los elegidos por dios, los sabelotodos que siempre tienen la razón o los hombres fuertes que puede proteger a los más débiles, son recursos muy conocidos en nuestra historia.

Pero cuando los protegidos dejan de confiar en los caudillos, se revelan y deciden tomar sus propias decisiones, los mismos que prometieron proteger a sus seguidores, se convierten en sus principales perseguidores.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido con el régimen Ortega-Murillo particularmente a partir de las protestas de abril. Como perdieron el control incluso de muchos de sus antiguos simpatizantes, recurren a lo que tarde o temprano hacen todos los caudillos: injuriar, amenazar, expulsar, castigar, reprimir e incluso exterminar a quienes se revelan, protestan y demandan un cambio.

Solo los liderazgos auténticamente democráticos reconocen y promueven la participación de hombre y mujeres como sujetos de derechos, lo cual quiere decir, reconocer su derecho a pensar, a expresarse sin censura, a ser escuchados, a expresar sus desacuerdos, a revelarse frente.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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