16 septiembre, 2021

Se nos fue una telegrafista del siglo pasado: Vilma del Carmen Espinosa

Vilma del Carmen Espinosa con su mamá, Juana María Espinoza Aguilar. Cortesía / NM

Nuevas Miradas

La vida de los telegrafistas está saturada de historias, leyendas porque por años han sido portadores de los más diversos mensajes, secretos y acontecimientos. Conocedores y testigos de historias de amor y de enfado.

La mayoría fue formada en el siglo pasado y muchos han envejecido y fallecido como el caso de Héctor Edmundo Gaitán Espinoza, quien a sus 112 años se aferraba a su cama en el interior de la estación del ferrocarril de Sabana Grande, cuidado como reliquia por su esposa, Nora Ena Campos tras 56 años de vivir en el lugar. En el cofre de sus recuerdos sobresale también el expediente disperso de Gaitán Espinoza de cuando fue telegrafista del general Miguel Angel Ortez en tiempos de la guerra de Sandino.

Juan Rulfo quien también fue telegrafista y cartero escribió Pedro Páramo a los 38 años para asegurar: “No soy un escritor urbano. Quería otras historias, las que imaginaba a partir de lo que vi y escuché en mi pueblo y entre mi gente” (Rulfo n.p.).

Vilma del Carmen Espinosa con su esposo, el ingeniero eléctrico Orlando Meza Ortiz. Cortesía / NM

Vilma del Carmen Espinosa una historia desde los 15 años 

En Nicaragua estos personajes mueren cargando una historia de vida muy particular como es el caso de Vilma del Carmen Espinosa, originaria de Diriá donde nació un 19 de septiembre de 1941, acaba de fallecer el 19 de octubre de 2020, dejando una huella de historias y una vida nómada como la de todos.

En 1956, a sus 15 años comenzó a estudiar en el Palacio de Comunicación, todavía en pie, en Managua. Su plan de estudios tenía como base la educación de la voz y el oído para luego entrar a las complejidades del telégrafo mediante cursos del Código de Morse, telefonía y administración de correos.

Dormía en las oficinas

Muy joven comenzó a trabajar en el Instituto Nacional de Telecomunicaciones a cargo del general GN, Francisco J. Medal; luego comienza su vida nómada por León, Achuapa,

El Sauce, Larreynaga, Nagarote, Madriz, Somoto, Managua, Mateare, Tipitapa, Granada, Diriá, Diriomo, Carazo, Masaya, hasta que en 1970 renuncia debido a que era madre de cuatro hijos y nos podía abandonar.

El padre de Vilma Espinosa, sargento primero GN Justo Pastor Hernández Mercado junto con los niños Luis Manuel Hernández Espinoza y Nubia de Jesús Hernández Espinoza.

Nostalgias de un oficio

Espinoza contaba a sus familiares que su trabajo era delicado, “cometer un error significaba cambiar el contenido de un mensaje y se ponía en juego el trabajo y el salario”.

Cuenta su hermano, Justo Pastor Hernández Espinoza que a sus 79 años seguía practicando en un aparato propio que tenía en su casa en Estados Unidos, “su voz solo era escuchaba por la persona que estaba al otro lado del teléfono, era tan fina que solo se observaba el movimiento de sus labios”.

Mujeres y hombres entregados a la noble labor de comunicar a los nicaragüenses a través de un hilo, nostalgias, recuerdos de trenes y locomotoras, viajes, reencuentros, anécdotas, direcciones de las inverosímiles, constituyen historias aún no contadas en Nicaragua.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!