18 septiembre, 2021

El clientelismo se revierte y está derrotando al régimen Ortega-Murillo

María Teresa Blandón

El régimen Ortega-Murillo ha mantenido una permanente campaña electoral desde el mismo momento que llegaron al gobierno, contando para ello con los recursos del Estado manejados prácticamente sin ningún tipo de control, dada la total inoperancia de la Contraloría General de la República en manos del FSLN y sus aliados.

Durante 14 años no han escatimado ninguna ocasión para presentarse como la mejor opción para la sociedad nicaragüense y, en particular para los más pobres. Igual que hacía Somoza y Arnoldo Alemán, la pareja Ortega-Murillo se presenta como la gran benefactora, aunque las cifras de la pobreza, el desempleo, la desnutrición, la escasez de agua, entre muchos otros problemas, dicen todo lo contrario.

Mientras aprobaron inversiones de capitales nacionales y extranjeros con todas las facilidades posibles, incluyendo la explotación irracional de los recursos naturales, a la gente pobre les entregaron bonos para el autoconsumo familiar, bonos escolares a madres pobres, bonos a bachilleres y maestras rurales y hasta para la realización de exámenes ginecológicos.

La presentación de juegos en pantallas gigantes, la celebración de la Purísima, la entrega de juguetes en ocasión de Navidad y la entrega de plástico negro a las familiares cuyas precarias viviendas se inundan cada año, también forma parte de la estrategia clientelar que sin costarles nada, le han sacado provecho en su campaña permanente.

El gobierno socialista, cristiano y solidario como se ha nombrado a sí mismo el régimen Ortega-Murillo, ha desarrollado una estrategia que, por un lado mantiene contentos a los ricos que vieron como sus capitales crecían con rapidez; y por el otro, aprovecha las necesidades de los sectores mas pobres sin atender las causas que generan esa pobreza.

En medio de esta realidad llegamos a la crisis de abril y las bondades para los ricos se vieron trastocadas y la pobreza se hizo más evidente. Durante dos años y medio el régimen ha recibido menos recursos y ha tenido que invertir muchos más en la represión. La mayoría de los bonos han desaparecido o se entregan únicamente a los más fieles simpatizantes del FSLN, mientras algunos ricos ruegan por un diálogo que no llega.

Aunque según todas las encuestas de M&R, el FSLN tendría un triunfo arrollador en las próximas elecciones, los obstáculos que el régimen está imponiendo para evitar que el periodismo independiente informe con la verdad, que la gente se exprese libremente y se organice como oposición, dice todo lo contrario.

Las tres leyes en proceso de aprobación tienen en común que le da mucho más poder a las instituciones del Estado para acusar y sancionar a organizaciones sociales y ciudadanos que se organicen para lograr un cambio de gobierno.  Se están preparando para inhibir a posibles candidaturas que cuenten con respaldo popular; quieren impedir que la oposición cuente con recursos financieros para hacer campaña y poner el máximo de trabas posibles a la observación electoral nacional e internacional.

Desde las elecciones del 2011 sabíamos que el FSLN no estaba dispuesto a jugar limpio, pero en las actuales condiciones conscientes de la falta de apoyo popular y de su cada vez más limitada capacidad de maniobra, se han visto obligados a recurrir con todo descaro a la represión armada y legal.

De la calidad de la oposición depende hacerle frente a esta nueva fase de la represión y convertirse en un factor esperanzador para la mayoría de nicaragüenses que aspiran a vivir en libertad y con dignidad.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

Ver todas las entradas de María Teresa Blandón →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!