20 septiembre, 2021

¿Cuánto soportarán los campesinos los halagos de los partidos? ¿Los acarrearán nuevamente?

Fotos de Luis Sánchez Corea y Frank Cortez; videos de Luis Sánchez / NM

Juan Ramón Huerta

Quinta y última entrega

El 28 de octubre de 2015 fue un día entre lluvioso y soleado. La carretera norte asumió un contexto primaveral con gritos, vidas, ondeos de banderas azul y blanco. Al recuerdo asomaron la noche en que llegó el obispo Miguel Obando y Bravo, convertido en cardenal; las llegadas de sobresalientes deportistas como Eddy Gazo, Rosendo Alvarez. Esta vez no era ningún deportista ni cardenal, eran miles de campesinos que por primera vez en su historia llegaban a Managua montados voluntariamente en camiones y buses y no guiados por ningún partido político.

Atrás quedaron las caravanas de Fernando Agüero, los Somoza, Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán, Enrique Bolaños y Daniel Ortega. Unos más que otros, pero al fin convencidos o acarreados a la fuerza para venir a Managua a vivar a sus líderes, solo conocidos en campañas electorales.

Las otroras caravanas de Somoza y Daniel Ortega tenían la particularidad de ofrecer nacatamales, licor, 200 pesos y otros halagos. Eso se quebró el 28 de octubre de 2015, cuando miles de campesinos abordaron camiones y buses por su voluntad para venir a demandar respeto a sus tierras en el corredor canalero.

“No creo que vuelvan a los camiones de los partidos”

Desde dos días antes salieron de sus lugares, durmieron en los caminos; vencieron tranques de la Policía, incluso uno de los últimos y más fuertes en Tipitapa. Los campesinos esta vez no gritaban “¡Viva Agüero!”; “¡Viva Somoza!”; “¡Viva Daniel!” sino “¡Viva Nicaragua”!; “¡Vivan los campesinos!” “¡Nicaragua es de los nicaragüenses, no de ningún chino invasor!”, entre otras consignas.

“Yo creo estoy casi seguro que los campesinos la pensarán para montarse a un camión o bus para ir a Managua a gritarle vivas a un político tradicional”, expresa el ex jefe contra “El Enano”, doctor Germán Zeledón.

Según Zeledón, quien fue instructor de la contra, los campesinos han vivido un ciclo en su lucha; primero como un ejército armado que luchó contra el gobierno del Frente Sandinista a partir de los errores que se cometieron en el campo.

Atrás quedó la historia de los acarreados como peyorativamente se les llamaba a quienes los hacían subir a buses y camines con destino a Managua a apoyar “a candidatos que ni conocía, diputados que nunca habían visto”, sostiene Zeledón.

FSLN vio al campesino como un peligro para su gobierno

Transcurría los meses posteriores a julio de 1979 y comerciantes y viajeros que llegaban a las ciudades comentaban haber visto grupos de hombres armados que los retuvieron en el camino y le preguntaron por los sandinistas. Algunos vehículos de transporte colectivo llegaban a las ciudades con la inscripción en sus carrocerías: MILPAS.

Los aparatos de seguridad sandinista interrogaban a conductores y ayudantes de esas unidades de transporte y comenzaron a investigar el origen de aquellos grupos para concluir que se trataba de algunos disidentes de la guerrilla, no contentos porque no habían alcanzado cuotas de poder en los puestos del Ejército, la Policía o el mismo gobierno civil.

Se profundizó la guerra cuando estos grupos armados se solidarizaron con los finqueros confiscados. En correspondencia, éstos engrosaron las filas armados y se fueron a Honduras a entrenarse militarmente.

Campesinos fueron empujados a la guerra

Ese fue el germen de la contra. Posteriormente, tras un proceso tardado, de mucha desconfianza y apadrinado por el ejército hondureño, oficiales de inteligencia argentinos y la misma CIA, trataron de juntarlos para dar origen al Frente Democrático Nicaragüense (FDN), en cuyas filas se había juntado la experiencia militar de los ex guardias y la base social y conocimiento del terreno de los ex combatientes sandinistas.

El gobierno del Frente Sandinista comenzó a ver con preocupación lo que pasaba en el campo, pero nunca este problema se sometió a un debate abierto porque se creyó abriría las posibilidades de discernir sobre el poder y la hegemonía. Eso no permitió que el problema del campo se abordara con valentía y entereza hasta hoy día.

El FSLN siempre vio al campesinado como obrero agrícola. Archivo / NM 

La Cruzada Nacional de Alfabetización

Se organizó la Campaña Nacional de Alfabetización, un hito en la historia centroamericana pero también se creó un eje de contraataque especializado y desarrollado por las fuerzas adversarias al gobierno.

Aún cuando la contra no estaba organizada en todo su esplendor, hubo acciones armadas contra los jóvenes en las zonas alejadas de Chinandega, Jinotega, Matagalpa y Nueva Segovia.

Campesinos marchan en Managua, sin acompañamiento de ningún partido político.

El impacto ideológico en el campo

Los adversarios ideológicos calificaron a la Cruzada Nacional de Alfabetización como, “una ofensiva estratégica ideológica, especialmente dirigida al campesino” que tuvo aspectos positivos de solidaridad social y de movilización masiva de estudiantes de las ciudades, quienes convivieron por varios meses con la gente del campo transmitiéndoles el mensaje juvenil en un exaltado espíritu revolucionario que, en esa etapa, no puede ser desconocido.

La alfabetización dejó efectos residuales más hondos. Las cartillas y panfletos para el aprendizaje colectivo tenían conceptos y mensajes que herían sus tradiciones, costumbres y valores. La nueva dialéctica, por abstracta y fuera de su realidad y entorno, les resultó incomprensible y chocante. La consideraron “ofensiva a sus creencias religiosas…”

Estados Unidos en actitud dual

Pero aún con todos estos problemas, el ya arisco gobierno de Estados Unidos continuaba apoyando al gobierno sandinista aunque se mostraban inquietos por la estrofa del himno del Frente Sandinista; “… Luchemos contra el yanqui enemigo de la humanidad…”

Sin embargo, en ese tiempo, la dualidad fue la principal arma del gobierno de Estados Unidos, todavía en manos del demócrata Jimmy Carter. Por un lado, seguía apoyando al gobierno sandinista pero, por otro lado, se apoyaba y financiaba la estructuración de las bases de lo que algunos han calificado como, “el ejército campesino más numeroso y fuerte que ha tenido Nicaragua”: la contra.

Pasó la guerra, y el campesinado quedó otra vez relegado, los contras se desmovilizaron y la vida en el campo se tornó más peligrosa, aumentaron los asesinatos selectivos, situación que se mantiene hoy cuando más de 160 campesinos han sido asesinados en los últimos dos años.

Los riesgos presentes

Martín Oporta es un dirigentes fundador de la Comisión nacional en defensa de la tierra y soberanía y recuerda que los campesinos se organizaron para defender sus tierras, no para plegarse a partidos políticos.

Declara que sus principios como movimiento social es independiente y lo hace con vehemencia debido a que el liderazgo actual de ese movimiento no ha sido claro en sus planteamientos.

Algunos coquetean con con partidos o viceversa; otros regresan a sus raíces, lo que se percibe es que los partidos al no poder “llevarse pedazos del movimiento campesino” los atacan y crean campañas y mensajes para desanimarlos y dividirlos”.

Por qué los partidos buscan cómo dividir o apartar a los campesinos, escuchemos al jefe contra, Germán Zeledón en el siguiente audio.

Juan Ramón Huerta

Prisma cotidiano | El periodismo tiene la capacidad de presentar los hechos desde distintos ángulos y enfoques.

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