18 mayo, 2021

La práctica periodística necesita de la aplicación de otras disciplinas

Gráfico de Conectas / NM

“La prudencia, es el valor de saber cuándo hacer y decir las cosas para que salgan bien. El valor de la prudencia, es el que nos permite saber cuándo es momento de algo, cuando es momento de actuar, de hablar, de caminar o de parar”.  Sites.google.com

El binomio perfecto entre práctica periodística y filosofía es indisoluble no se puede ejercer periodismo si tener presente lo moral, la honestidad y la prudencia, es así que cada día el quehacer periodístico es mas exigente, la sociedad espera mas de ellos, como servicio social.

Julio César Guerrero Dias

Apelando de la responsabilidad periodística no podemos perder de vista la relación intrínseca con la filosofía desde el punto de vista de la ética.

Planteamos lo anterior debido al serio cuestionamiento que los diferentes medios de comunicación y esencialmente lo que hacen periodismo están en el ojo del huracán de las sociedades.

Cada día hay una percepción de parte de la sociedad que mas bien en lugar de contribuir a la solución de los problemas pareciera que hay una lucha de poder con intereses bien marcados para unos y para otros, olvidando la verdadera función con que fueron creados los medios de comunicación.

Lo anterior ha sido un eterno debate entre la teoría y la práctica, antes, ahora y quizás siempre.

La práctica periodística, o mas bien el periodismo informativo es un hacer y cómo hacer es el resultado de una acción personal y profesional libre, las sociedades modernas exigen que así sea el ejercicio periodístico, un periodismo informativo  que contribuya la información a los ciudadanos, para que les sirva para tener derecho a la libertad de expresión base fundamental de la democracia.

Todo ejercicio de libertad no está exento de la responsabilidad con que hacemos nuestras prácticas en este caso el trabajo informativo, de tal forma que se deberá pensar antes de la producción informativa la relación entre la libertad profesional ejercida y la responsabilidad pública es en esta parte donde la ética juega un papel preponderante en el ejercicio periodístico, en este sentido podemos entender responsabilidad no como lo que me gusta hacer, no lo que quiero hacer, no es quedar bien con alguien, sino lo que debo hacer.

Preguntarse por la responsabilidad del profesional de la comunicación equivale a preguntarse por la justificación de su actividad en la vida social. (Azurmendi 2001, p.139). ¿Qué función cumple? ¿Cuáles son las expectativas de los ciudadanos sobre los medios de comunicación y sobre sus profesionales?

En primer lugar, puede decirse que la responsabilidad de los periodistas es el tributo que la profesión debe a la sociedad que le otorga el papel esencial de dar cobertura al derecho fundamental de los públicos a recibir información aproximada a cómo sucedieron los acontecimientos, lo hemos apuntado ya.

Los medios que sólo tienen sentido contribuyen a ese fin. “Casi nunca se le presta la debida atención al hecho de que la responsabilidad del periodista es muy grande; por lo general, el sentido de responsabilidad de un periodista honrado no suele estar por debajo de un científico; más bien, está por encima, como lo ha demostrado la guerra” (Weber-Koyacsics 1983, p. 98)

Cada día el ejercicio periodístico y el vínculo con la filosofía es mas cercano ya que ambas su puntos de partida es la razón el sentido lógico del argumento representado en cada uno del discurso informativo que producen con ese sentido de responsabilidad.

Debemos de entender los que informamos y opinamos que la práctica periodística es un servicio que se le presta a la sociedad, un ejercicio que nunca debe de estar exento de poner en práctica las convicciones morales y no para servir a algún oportunista de carácter empresarial o político.

Por otro lado nos encontramos que ahora la sociedad no es ajena a poder identificar la filosofía doctrinal de cada medio de comunicación y de sus comunicadores, y es como explica el profesor Agejas (2002, p. 18), el profesional de la comunicación y de la información no puede eludir una realidad incontestable ya que, “el compromiso personal con la verdad tiene una inmediata y querida dimensión y repercusión social”, o como lo expresa la Declaración de Principios Internacionales de Ética Profesional del Periodismo de la UNESCO: “la responsabilidad social del periodista se da porque la información se entiende como un bien social y no un simple producto”.

El ejercicio periodístico requiere no solo de muchos conocimientos de diferentes disciplinas para poder realizar un buen trabajo informativo, sino de otros aspectos que permita al profesional de la comunicación aportar al bien común desde el punto de vista filosófico la prudencia es básico para el trabajo periodístico.

Pues bien, se puede reconocer que la prudencia es la virtud periodística por excelencia. Con la siguiente precisión, para acertar prudentemente no hay lecciones, no hay teorías, o al menos no hay teorías que no nazcan de la propia praxis prudente.

La praxis prudente se logra con la experiencia acumulada; nos podemos preguntar ¿se enseña la prudencia? hay teorías sobre la prudencia? ¿qué aspecto habrá que considerar para ser prudente? Ser prudente no significa renunciar al pensamiento a la búsqueda de la verdad, no significa miedo es solo seguridad y responsabilidad acerca de lo que se representa en la información,

Sin prudencia, la veracidad, la precisión y la honestidad, como actitudes profesionales específicamente periodísticas, se mantendrían como ideales publicitarios del quehacer periodístico, como recomendaciones teóricas sin ningún valor práctico, como instrucciones de manual que hay que abandonar cuando mandan las circunstancias.

Así, el problema ético es una actitud de conciencia voluntaria de reflexionar de una manera fría, razonable sin tratar de dañar a nadie, sin especulación, por que el periodismo es de hecho y no de suposiciones.

La prudencia hace de estas actitudes personales ejercidas habitualmente auténticas virtudes morales. Buscar la verdad, como objetivo de toda labor informativa, puede llevarse a cabo ejerciendo profesionalmente esas actitudes que al periodista le aseguran estar orientado al horizonte de toda información periodística: la verdad que late como principio y fundamento para el periodismo y al que cada construcción informativa debe lograr ajustarse.

En periodismo, llegar a la verdad resulta muy difícil, ya que como empresas informativas y como periodistas tenemos formas de pensar y por mucho que nos  aproximemos de lo que se informa siempre estará presente de manera latente nuestra filosofía y eso es lo que subjetiviza el discurso informativo, por eso entre mas se investiga el acontecimiento mas nos aproximamos a como pudiesen haber sucedido, tales acontecimientos.

El profesional tiene que saber qué son estas actitudes y conocer cómo ejercerlas para entrenarse en ellas. Pues bien, este entrenamiento, este hábito, es el requisito indispensable para configurar el carácter moral del periodista que se acerca a la verdad, lo bastante preciso y honesto. Mas ese ejercicio, esa puesta en marcha de unas actitudes profesionalmente exigibles, necesita de otra virtud, además de la prudencia, la honestidad primero con uno mismo, que no reste un ápice de profesionalidad a la tarea, sino que, es más, garantice la vinculación esencial entre el comportamiento moral del ser, vinculado con el desarrollo de la labor profesional del periodista.

De la actitud del periodista, en concreto de la veracidad, depende que el profesional lleve a cabo la transición entre los tres niveles ontológicos de realidad en sí lo que sucede, la realidad fenoménica o realidad que graba y capta con sus instrumentos profesionales, y la realidad informativa que construye y llega a los públicos.

Pero a las actitudes personales del profesional de la comunicación de veracidad, precisión y honestidad se le plantean a diario son retos mayores y más complicados que los que ningún tratado teórico puede contener, y por qué complicado, porque quizás esté condicionado por la filosofía empresarial que determina que se hace y como se hace el servicio que se va prestar a la sociedad.

El que ha hecho de su profesión un compromiso social servicio para los otros y precisamente, en ese quehacer, se ha hecho más persona, más virtuoso, más excelente, con gran credibilidad y hoy el ejercicio informativo lo primero que está en juego es su credibilidad, ¿cuánto hay de eso en nuestros medios y comunicadores? no sé, seguro que usted tendrá su propio punto de vista sobre esta reflexión.

Sin embargo, ninguna norma, ningún libro, ningún, ni siquiera, ejemplo a seguir, libera al hombre, en este caso al periodista informativo, de tener que jugársela en el campo, de tener que elegir. Esa libertad constitutiva del periodista que opta es la que sustenta la responsabilidad que guía su acción profesional.

Esta es la clave de conexión entre la ética de la responsabilidad periodística y la virtud profesional entendida en términos de prudencia, moral y honestidad y en eso consiste la vida buena del periodista, del buen periodismo, del informador en saber ser responsable de ofrecer a la comunidad la información que esta necesita para ser políticamente activa, que puedan darse los valores a los que aspira el periodismo informativo exige la comparecencia de la prudencia profesional para medir, para adaptar los medios de los que disponemos al fin buscado.

Estas ideas no son mas para comprender mejor la delicadeza de ser profesional de la información y comunicación y que el momento que vivimos donde los diferentes medios y formas de comunicación nos presentan de muchas formas los acontecimientos que suceden en nuestro entorno inmediato como todos aquellos hechos que suceden en el mundo sepamos ser prudentes con nosotros mismo, para no nos dejemos llevar por las emociones, sino por la razón.

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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