10 mayo, 2021

Antecedentes: campesinos subalternos o aliados, pero no protagonistas

 

Fotografía de Frank Cotez / NM

Nuevas Miradas inicia hoy una serie de trabajos que juntos forman un gran reportaje sobre lo que ha sido a lo largo de la historia, la participación del campesinado en política.

Este sector, importante brazo de la economía en Nicaragua no ha sido protagonista de transformaciones agrarias o productivas, siempre ha sido visto como complemento y espectador de los procesos; utilizado en las guerras y como masas en jornadas políticas desde que inició la vida republicana hasta nuestros días.

Nuevas Miradas quiere reinvindicar la esencia y protagonismo de este sector, sin entrar en sus propias contradicciones que son naturales cuando los partidos políticos tradicionales quieren su presencia utilitaria, pero creemos que eso está llegando a su fin.

Henry A. Petrie

Primera entrega

A lo largo de la historia de Nicaragua, los campesinos ‒en su acepción más amplia‒ han sido vistos, además de productores, como un sector políticamente manipulable, pese a sus luchas que datan desde el tiempo de la colonia y después de la llamada independencia que tuvo como beneficiarios a la descendencia de los criollos españoles; es innegable la composición eminentemente campesina del ejército de Sandino contra la ocupación yanqui en Nicaragua; las luchas campesinas en Chinandega y León contra el despojo de sus tierra a mediados del siglo XX, con el auge del algodón, el banano y la caña.

Durante la Revolución Popular Sandinista (1979–1990), el campesinado del centro-norte y los indígenas del Caribe del país, se levantaron en armas contra esta. Si bien, tiempo después el imperialismo norteamericano apoyo a la Contra, lo cierto fue que los campesinos e indígenas reaccionaron genuinamente contra las políticas económicas y etnocentristas de la revolución, sumado a abusos de poder. La contrarrevolución nació con los remanentes de la Guardia Nacional, pero se nutrió y fortificó con campesinos, inicialmente jinoteganos, hasta extenderse a todo el norte y centro de Nicaragua. El gobierno de los Estados Unidos aprovechó esta situación para implementar su política imperialista.

Durante la década sandinista, la mayoría del campesinado nicaragüense se opuso a las cooperativas, a la comercialización estatal de granos básicos y al servicio militar obligatorio; por su parte, los pueblos indígenas y afrodescendientes caribeños, lucharon por sus tierras y derechos ancestrales. En los primeros tres meses, la revolución había confiscado 8 millones de manzanas de tierra, afectando también a familias campesinas y productores medianos y grandes que no necesariamente estaban implicados en los crímenes del somocismo, es más, varios de estos estuvieron vinculados a la revolución como colaboradores, guerrilleros o simpatizantes.

El 7 de octubre de 1979, el comandante de la revolución Carlos Núñez Téllez, pronunció en su discurso ante sindicalistas de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), lo siguiente:

“Dentro de la confiscación, el Gobierno, llevando adelante este proyecto que habíamos planteado, el FSLN, a través del INRA, ha confiscado 8 millones de manzanas de tierra, dentro de la cual gran parte de la producción cafetalera está directamente bajo el control del Estado, parte de la cosecha del algodón está bajo el control del Estado, los recursos naturales están bajo el control del Estado, el comercio exterior se encuentra también dirigido por el Estado y las 134 empresas industriales confiscadas al somocismo, están bajo la dirección del Estado.” 

La contradicción de la revolución con la gran porción campesina es aún ‒o debería ser‒objeto de estudio. No solo por la dicotomía urbano-rural, ciudad-campo, sino por la estructuración social y política histórica heredada de la colonia, entronizada en el régimen de propiedad (hacienda, latifundio) que a la fecha continúa influyendo y en la cultura política del poder (totalitarismo, caudillismo). Al desarrollo del agro se impuso la defensa de la revolución, ante el desarrollo de una cruenta guerra que dejó al campo lacerado en términos históricos y estratégicos.

Desde sus inicios, la naturaleza y composición fundamental del FSLN es de clase media, reivindicó el ideario de Sandino y asumió la teoría marxista-leninista para la construcción social y dirección del estado, cuyo concepto (mecánico) proletarizante ligó con la definición de obreros y campesinos, o con la de trabajadores en general, en supuesta adecuación a la realidad nacional.

Si para Sandino el campesinado fue esencial en su lucha antiimperialista y para su proyecto posterior toda vez expulsado el invasor yanqui, asumiendo a los obreros como aliados, para el FSLN fue lo contrario. Es decir, pese a la preconizada economía mixta, la colectivización era lo esencial, razón por la cual adquirió fuerza la sindicalización y el cooperativismo, despreciando o dejando al margen al campesino individualizado y a la producción comunitaria indígena.

Víctor Tirado López, en junio de 1980, plantea lo siguiente:

“En el proceso de formación del FSLN, es decir, entre 1961 y 1963, Fonseca llegó a proyectarse, a ver más lejos que muchos de nosotros. Por ejemplo, antes de emprender las jornadas de Raití y Bocay, nos previno contra cualquier acción prematura. Señaló que no había que iniciar ninguna acción guerrillera sin contar antes con bases de apoyo campesino y con algún respaldo en las ciudades. Esta noción es tan sencilla, esta verdad tan elemental no fue tenida en cuenta y esa fue la causa del fondo del revés que sufrimos en Bocay.”

Y luego, continúa:

“Un elemento esencial en las concepciones de Fonseca es la noción de que «la clase obrera está destinada por la historia a encabezar la revolución victoriosa». (…) Pero al mismo tiempo señalaba: «No hay que subestimar el papel de los campesinos, porque éstos, con Sandino, formaron la vanguardia del pueblo, en un momento en que no existía el proletariado industrial…”

En esencia, Carlos Fonseca consideraba al campesinado como un aliado de los obreros, no como sujetos importantes del proceso revolucionario, no fueron vistos como constructores de una nueva sociedad, sino como sector importante que debía ser incorporado desde una visión subalterna. El FSLN tenía proyectado un tipo de sociedad más allá de una Carta Magna, cuya definición era socialista con fuerte sesgo cubano, donde la colectivización y la estatificación representaron aspectos esenciales inconsultos, porque siempre primó la verdad de la revolución.

 La revolución y las organizaciones de los trabajadores; discurso pronunciado en la CST; Núñez Téllez, Carlos, 7 octubre de 1979; en La revolución a través de nuestra Dirección Nacional; Managua, Nicaragua, junio de 1980; p. 66.
 El pensamiento político de Carlos Fonseca Amador; Tirado López, Víctor; en La revolución a través de nuestra Dirección Nacional; Managua, Nicaragua, junio de 1980; p.21.
 Idem.
 Mañana: El campesinado nunca ha sido agente beligerante de las estrategias de desarrollo nacional

 

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