13 junio, 2021

¿Quien dijo que el Periodismo no es político? lo malo es hacer propaganda

“Hay tres tipos de periodistas: el que cuenta lo que ve, el que analiza lo que ha visto, y el experto que interpreta lo que no ha visto”.

Abbott J. Liebling

Hacer política desde la práctica periodística es una necesidad para la sociedad porque contribuye a ir creando una sociedad con mayor compromiso social. Por naturaleza, el periodismo es práctica política, y aporta a la democracia de un estado, lo que está cuestionado es hacer propaganda partidaria.

Julio César Guerrero Dias

La práctica periodística de aquellos que tienen su función de informar y proveerle a la sociedad aquellos acontecimientos que suceden en su entorno inmediato y mas allá de eso, los convierte en personajes políticos ya que a través de lo que divulgan contribuyen a la búsqueda de un equilibrio social.

La naturaleza política del periodismo es evidente, el  rol social que la profesión desempeña convierte a los periodistas, especialmente en políticos, en actores activos y responsables de los diversos eventos y cambios de la esfera pública que permiten el mantenimiento y progreso de las democracias.-

Estas ideas  intenta abordar al periodismo político como especialización de la profesión informativa, además, como resultado natural de la innata relación entre periodismo, política y democracia.

A veces cuando al periodista se le califica de político lo primero que hacen es negar esta aseveración rechazando tajantemente y creyendo que son apolíticos, neutrales cuando esto es inexistente en ninguna persona, mucho menos en este tipo de función.

Lo que no perciben es que su rol es por naturaleza contribuir a que la sociedad tenga una mirada diferente de su realidad, desde esta perspectiva está haciendo política.

De esta forma nos acercamos a la naturaleza misma del periodismo, aquella que presenta a sus profesionales como servidores de la sociedad y a la profesión como contribuyente al desarrollo de esta.

Así, Kovach y Rosenstiel (2012, p. 24) señalan que “el propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”. De manera similar se expresan Darío y Astudillo (2005, p. 101): “El buen periodista (…) es capaz de orientar al lector en sus dudas y llenar sus vacíos de información, desde los más domésticos hasta los más decisivos para él como individuo y para la sociedad a la que pertenece”.

Se trata, agregan, de “un profesional atento a las necesidades del público, fiel y exacto en la descripción de los hechos y del rol que juegan cada uno de los actores activos y pasivos de aquellos hechos” (Darío y Astudillo, 2005, p. 101).

La pregunta que uno, o la sociedad se puede hacer desde lo que escuchamos, miramos o leemos es, ¿se está haciendo un buen periodismo? ¿Se está informando de la mejor manera? ¿Se está haciendo periodismo o propaganda?

¿Se escribe, se dice racionalmente los hechos o se hace con las vísceras? Cuando planteo estas dudas no me refiero de manera específica ni personalizo sino para la reflexión, como anda aquí y en cualquier parte del mundo el ejercicio periodístico.

De esta forma se entiende que el periodismo, por esencia, se trate de un oficio éticamente responsable que preste servicio a sus lectores, que sea sensible con sus necesidades, que refleje sus tendencias de vida, que los ayude a tomar decisiones para mejorar su existencia, que les entregue todas las herramientas necesarias (reflexiones, análisis, antecedentes, consecuencias y contextos) para que el público entienda la parte de la realidad que se le está contando (Darío y Astudillo, 2005, p. 100).

En este sentido nos encontramos de cara a que los medios y periodistas en vez de hacer política en función de la sociedad se han replegado a ideologías partidarias que no contribuyen en nada a que la sociedad reflexiones sobre su propio quehacer.

Los conocimientos que proporcionan los medios y periodistas son muy superficiales, se han quedado en el condicionamiento ideológico que profesan, o con las exigencias ideológicas que los dueños de medios les imponen.

Esto es normal en todos los medios de aquí y de otro lugar, amparados por dos figuras; la política informativa de la empresa y la política editorial del programa si es radio y televisión o si es medio impreso o digital.

En la aproximación a la esencia del periodismo es inevitable pasar por alto la política. La relación innata entre el periodismo y la política nos hace pensar en un periodismo de irrenunciable naturaleza política, así lo sostiene Dader (2012, p. 49): “el periodismo o es político o se convierte en otra cosa”. Desde los inicios de la prensa, la información política no solo ha formado parte del discurso principal de los diarios, sino que, con la masificación de los periódicos, la noticia política, lejos de ver reducido su papel determinante en la configuración de la opinión pública, se convierte, quizá no en protagonista, pero sí en contenido clave de los rotativos a nivel mundial (Enguix, 2013).

Siempre las sociedades han estado en estos procesos de reingeniería social han utilizado como procedimiento los procesos electorales donde su participación es determinante para los cambios de política de los tomadores de decisiones, en este sentido los medios y periodista juegan un rol significativo no descalificando, ni haciendo juicio de valor del protagonista, sino mas bien presentándole al ciudadano elemento que lo conduzca a tomar una decisión de acuerdo a la razón y no por intuición.

El problema es que también el medio y el periodista en estas coberturas periodísticas se evidencia su tendencia partidaria, y no es que no tenga derecho, claro que lo tiene, es normal, lo que no tiene derecho es hacer uso del medio para hacer propaganda partidaria.

Su función es presentarle a su audiencia todo el panorama de la manera mas amplia posible, para que sea capaz de decidir por su propia cuanta a partir de su racionamiento propio.

Para desarrollar un periodismo político el profesional del periodismo debe de especializarse en esta área, se necesita de muchos conocimientos de ciencias políticas, sociología, economía conocer a fondo como se mueven los partidos políticos no basta con lo que digan ellos, si no la percepción y el análisis de fondo como especialista.

Lamentablemente en Nicaragua existen muchos especialistas en todo, pero las especialidades o títulos de especialista se los han dado los medios y periodista y lo que hacen en muchas ocasiones es decir una serie de incoherencia que en vez de orientar o educar a la sociedad mas bien la dejan confundida, por que hablan desde y con el estómago y no desde la racionalidad.

Enguix (2013) nos dice que un primer tema o campo de acción del periodista político es la denominada cobertura institucional, lo que implica cubrir toda la actividad de las instituciones políticas. Esto significa que el profesional dedicará gran parte de su tiempo a estar pendiente de la planificación y programación de actos y las decisiones de las instituciones políticas.

Nos referimos, por lo tanto, a fuentes que se mueven dentro de los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial que son los poderes clásicos en todo estado en nuestro caso pues, hay otro poder además de esos, es el electoral.

Pérez (2008) sostiene que los modos de tratar la información y el comportamiento ante las fuentes son algunas de las aptitudes que definen al periodista especializado. En el caso específico del periodista político, a este se le debe exigir un conocimiento básico del funcionamiento de las diferentes instituciones y las funciones de sus actores.

En este sentido, Enguix (2013) apunta que el periodista político debe conocer la mecánica de toma de decisiones institucional y cuáles son las consecuencias de las mismas, todo lo cual incluye nociones fundamentales de derecho constitucional.

Frente a estas consideraciones nos damos cuenta que esto no sucede en nuestro país, quizás la única justificación es que a pesar que existe una ley de acceso a la información pública que no es exclusiva de los comunicadores, sino de toda la sociedad, todavía no se cumple tal y como está taxativamente establecida.

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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