24 septiembre, 2021

La Iglesia es la sociedad civil más organizada que existe en Nicaragua

“Bien podría Jesús haber elegido otra ciudad para morir y Mahoma otra para ascender al cielo. Habrían salvado muchas vidas humanas y muchas almas que no hubieran conocido el odio.”

Matilde Asensi

Julio César Guerrero Dias

Reflexionar sobre estos temas resulta complejo, pero no podemos dejarlo al margen, ya que para América Latina y para nuestro país es una realidad; la política y la religión hoy son espacios de encuentros o desencuentros, de comulgar o rechazar, de estar con los que están en el poder o buscar un cambio, es por esas razones que no podemos decir que la religión está fuera o no le interesa la política.

Cada día en nuestro país surgen situaciones que no nos debía de sorprender en el sentido que no es la primera vez que suceden.

Me refiero a lo que ha acontecido en los últimos días a la institución religiosa iglesia católica, sin embargo, no podemos ver ajenos estos acontecimientos fuera de tres variables la cultura, la religión y la política.

Opinar sobre estos temas también resulta complejo, porque al igual que la política encontramos muchos fundamentalistas, mucho fanatismo y menos racionamiento.

No pertenezco a ninguna religión, pero soy creyente, creo demasiado en Dios, me considero cristocéntrico, pero no creo en los hombres que dicen que representan a cristo en la tierra, quizás ese será mi pecado, de todas manera estos actos acontecidos son repudiables, condenables, detestables desde todo punto de vista.

Si alguien lo llevó a cabo, como lo ha planteado la institución católica, aunque oficialmente y de acuerdo a las investigaciones se concluya que fue un accidente, planteo las dos versiones nada mas, usted tiene la libertad para plantear la suya.

Estos acontecimientos son recurrentes en nuestro continente, atravesamos una crisis compleja en América Latina, pero preguntemos no ¿qué papel juegan en ella los sistemas de creencia, y cómo se expresan? Se trata de reflexionar con una mirada global, sobre cómo han evolucionado los sistemas de creencia de nuestro continente, y de nuestro país.

Cuáles son sus características y qué podríamos esperar de este contexto, tanto en sus formas de manifestación, como en su incidencia dentro de nuestra realidad sociopolítica, porque nada de esto está al margen en un contexto donde cada día se siente un ambiente mas polarizado de la sociedad, donde la lucha por el poder es mas evidente y cada una de los diferentes sectores de la sociedad civil, incluyendo las iglesias juegan una función especial.

Hace poco F. Mallimaci decía: “La Iglesia Católica ha jugado un papel preponderante en América Latina, sin embargo, vive hoy una de las mayores crisis de su historia: menos clero, menos fieles, crisis de autoridad, deriva institucional y escándalos desde la curia romana hasta las parroquias locales.

No hay país ni región que quede afuera de este panorama. ¿Cuáles son sus causas y cuáles son las posibles soluciones? El acontecimiento del Concilio Vaticano II en los años 60 del siglo pasado y sus propuestas de reformas ‘urgentes y profundas», están en el corazón de la discusión.

Fue el hecho más movilizador de la catolicidad en el siglo XX y su impacto continúa. Están en juego varias memorias del mismo como catalizador de enfrentamientos. Cada una con su historia, presente y propuestas para el futuro. Sin embargo, se vive a nivel mundial una mayor búsqueda de espiritualidad y de sentido que, en el caso de América Latina se hace mayoritariamente al interior del complejo y diverso mundo y cultura cristianos”.

Desde mediados del siglo XX, el otrora mayor continente católico ha visto amenazada su hegemonía por la presencia de los nuevos movimientos religiosos, en particular de los evangélicos, Nicaragua no escapa a esa presencia de estos nuevos movimientos religiosos, en Nicaragua, el protestantismo es un fenómeno religioso en expansión.

Su ritmo de crecimiento en la última década lo hace arrastrar un enorme caudal humano. Pretendemos ofrecer una aproximación cuantificada a este sector religioso dinámico, activo y organizado que posee en Nicaragua, más de dos mil templos, decenas de escuelas, radioemisoras, canales de televisión, clínicas, servicios médicos ambulantes, hospitales, periódicos y revistas.

Más de 20 institutos de formación doctrinal, imprentas, centros de reflexión, formación y desarrollo, universidades, facultades de teología, escuela de música y otras de enfermería a nivel superior, además de una voluminosa estructura social, que lo convierte en un poder económico, cultural y religioso.

En su conjunto, y compartiendo símbolos similares, seguro que a esta fecha estas cifras han aumentado.

En los últimos 50 años han aparecido con fuerza los movimientos ultraconservadores con riguroso control de sus adherentes, presencia en el campo político y la empresa, es el caso del Opus Dei, Legionarios de Cristo, Sodalitium Cristianae Vitae, movimientos apoyados por el Vaticano, con creciente representación en la jerarquía latinoamericana, gracias a los intencionados nombramientos episcopales desde Juan Pablo II.

Aunque el progresismo católico sigue teniendo relevancia y presencia intelectual, su impacto interno en la iglesia es menor que hace dos décadas, pero movimientos como las CEB (Comunidades Eclesiales de Base) siguen siendo, a lo largo del continente, una gran escuela de ciudadanía.

También la política se ha desideologizado el predominio del individualismo, consumismo, prédica del mercado, debilitamiento de los imaginarios colectivos utópicos.

Este pragmatismo político produce reivindicaciones populares que carecen de carácter heroico, buscan réditos electorales inmediatos y no transformaciones radicales de la sociedad, se van perdiendo los valores y se reducen las reivindicaciones a cuestiones puntuales de calidad de vida e inclusión, dentro de sociedades que siguen siendo excluyentes.

Si anteriormente las clases dominantes trataron de hegemonizar las creencias de las masas, las religiones populares se han autonomizado de las jerarquías y de las elites gobernantes, de modo que la relación política-religión, no atraviesa necesariamente el nivel institucionalizado de Iglesia – Estado, por el proceso de desinstitucionalización vivido.

El panorama religioso latinoamericano es complejo y plural, refleja una diversidad cultural de la cual no somos conscientes y de cuyos efectos no tenemos aún una mirada analítica.

El crecimiento del mundo evangélico se caracteriza por una creciente convocatoria en una situación de vulnerabilidad e incertidumbre, dentro de marcos culturales asequibles a las expresiones religiosas populares.

El impacto invasivo del neoliberalismo, con sus necesidades de consumo y capacidad de exclusión producen demandas en los creyentes frente a las cuales las iglesias no tienen una respuesta coherente, y en muchos casos lo que hace es fortalecer este modelo.

Las identidades religiosas se producen cada vez menos a partir de ideologías, sino a partir de premisas socio-culturales, mientras que las identidades políticas se producen a partir de opciones e intereses seculares. En estas circunstancias, si los católicos pierden confianza en su Iglesia, buscan alternativas religiosas en el medio evangélico o en la diversidad religiosa, eso es lo que está pasando en nuestro caso.

El catolicismo no es más hegemónico, pero es la iglesia más numerosa, al menos en nuestro continente, abriga dentro de sí misma un pluralismo complejo y posee fronteras difusas con otras religiones de las cuales recibe influencias cruzadas. A esta situación se debe añadir el distanciamiento de los católicos de las posiciones ultraconservadoras de la jerarquía y a la pérdida de confianza en el clero, por los escándalos de pedofilia, corrupción y otras cosas.

El crecimiento demográfico de los evangélicos en América Latina se debe principalmente a la acción de las fundaciones latinoamericanas, un poco menos en América Central, por ello el fundamentalismo evangélico que se produce en Norteamérica no han tenido impacto en América Latina.

Algunas iglesias evangélicas se cierran en un discurso moralista extremo, pero las nuevas generaciones de evangélicos latinoamericanos están más abiertos a la cultura y la política, comenzando a mostrar un crecimiento en conciencia ciudadana.

El auge de los sistemas de creencia, de nuevas formas de relacionamiento entre lo político y lo religioso, con la mediación de lo cultural, desmienten las profecías de la teología de la secularización. Las religiones en América Latina no sólo están presentes y vigentes en la crisis compleja del continente, sino que tienen su propia lectura analítica de la misma, exigen ser oídas y entendidas desde sus propias lógicas y no sólo bajo los moldes de la clásica modernidad.

En el siglo XX con el auge de las ideologías surgieron las religiones-políticas, con una nueva concepción ideológica y los meta relatos surgieron las religiones a la carta, el individualismo religioso fue y es el refugio de la creencia religiosa desinstitucionalizada, y más aún con el fenómeno de la globalización.

Las que han caído definitivamente son las grandes instituciones religiosas en cuanto únicas mediadoras de la creencia y como hierofantes del rito, (el Hierofante es el mediador entre lo mundano y lo divino, es un puente entre la iluminación interna y la vida externa) representa todas las estructuras que defienden sistemas de creencias.

Hay espacios y discursos que se han desacralizado, pero hay otros que han sido resignificados para seguir siendo nichos de religiosidad. En cuanto al sistema de creencias no hay lugar para aplicaciones mecanicistas del materialismo, nuestra situación es más compleja.

Concluyo lo que siempre le preguntaban a Albert Einstein ¿cree en Dios?  él respondía creo en el Dios de Spinoza, también yo cree en ese Dios.

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