18 mayo, 2021

Inteligencias del mundo uníos para salvarlo de pandemias y otros males

Ilustración tomada de El Correo.com

“Del covid-19 y la plaga gobernante”, es la serie de artículos elaborados desde otra visión por el columnista Henry Petrie. Hoy les presentamos la segunda entrega es un esfuerzo editorial especial de Nuevas Miradas.

Henry A. Petrie

Segunda entrega

Minuto a minuto ascienden las cifras de infectados y fallecidos. El covid-19 ha hecho de las suyas y todavía anda a sus anchas. La intubación sabe a raspadura profunda, el aire escasea hasta la palidez del coma; inmóvil y boca abajo el cuerpo pierde su fuerza, la masa muscular que, si en un joven es apenas soportada, en un viejo puede ser la despida abrupta o gradual del aliento.

El coronavirus tiene el poder de paralizar, encerrar y aislar; sus demostraciones han sido contundentes, cuán frágiles nuestras sociedades sacudidas desde sus espinazos. El primordial derecho es la vida; distanciamiento social y solidaridad es la estrategia. El virus está instalado y la vacuna no asoma, aún.

El esfuerzo debe ser conjunto ahora y después, porque esta crisis sanitaria agudizó la que ya estaba en apogeo, el capitalismo que también es socialismo siglo XXI; que la compasión se levante vital y las ciencias florezcan armónicas con la naturaleza, sin rivalizarla.

Se acusa la acción negativa del hombre contra el medioambiente. ¿Será que el covid-19, como todos los virus, tenga origen en la soberbia humana? Lo cierto es que el virus está generando estragos en todo el planeta. Empresas van quebrando (o cerrando) y el dólar advierte un colapso. ¿Con cuántos millones de desempleados concluirá la pandemia? La OIT calculó 195 millones de desempleados entre abril y junio de este año, de los cuales 41 millones corresponden a América Latina. Y la danza continúa, porque el virus está fuerte.

En Nicaragua se han firmado actas de defunciones que enmascaran el efecto del covid-19. El secretismo es engaño asesino. El Observatorio Ciudadano COVID-19 fija un dato en movimiento ascendente de 9044 contagios y de 2537 muertes, muy por encima del dato oficial. Pero en El Carmen todo está normal, aunque el consuegro del tirano, don Lolo, haya dicho que el coronavirus estuvo ahí de visita. ¿Qué sabor habrá tenido? ¿El hierro de la sangre demarrada? ¿El rancio dérmico de la momia histórica? O quizá, la pestilencia fue por las vísceras utilizadas en el ritual de poder con el gallo sacrificado.

El mundo espera la vacuna; que las inteligencias se unan para producirla; que los gladiadores Trump, Putin y Jinping sean compasivos con el mundo, que junten sus manos y decline la paranoia, el nuevo brote de guerra fría. Hasta Bill Gates suena en la fiesta conspirativa con proyectos de vacuna con microchips (Red 5G), para controlar a la población mundial.

Ojalá se aliaran en beneficio de la humanidad, como con el Reactor Experimental Internacional Tokamac (ITER), el megaproyecto de la Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, India, China, Corea del Sur y Japón, que se propone «reproducir las reacciones físicas en el Sol y otras estrellas y utilizar el potencial de la fusión nuclear como fuente de energía ilimitada y limpia». (R.T.). ¡Maravilloso! Ya lo veremos.

La salud y el bienestar humano debería ser la urgencia planetaria de siempre, la lucha cósmica vinculada a la vida, la libertad y la justicia social.

El poder debería generar felicidad y plenitud comunitaria, desarrollo científico y tecnológico para aliviar las carencias y limitaciones de la humanidad, el entendimiento del Cosmos y el salto evolutivo.

En relación a la covid-19, algunos hablan de la «cólera divina», el castigo del Dios ofendido por los actos erróneos de los humanos; otros dan crédito a Satán, en su lucha por el control del mundo; y otros tantos, a la acción extraterrestre. Quizá todo esto se trate del control, ¿quién controla qué o a quiénes? Y es aquí donde surge el virus como conspiración, entre especulaciones y teorías, declaraciones y oraciones. Ejemplos: uno, el dragón comunista Jinping propagó el virus y lo puso en la casa de Trump, cuando éste avanzaba en los preparativos de la guerra espacial; dos: fanáticos orteguistas piensan que la Murillo en realidad tiene poderes paranormales o cosa parecido, porque cada palabra suya mueve a más de algún obediente feligrés, aunque se muera de covid-19 y se le entierre a la medianoche con vuelos rasantes de murciélagos y el silencioso de los ahuizotes encaramados en un tigüilote.

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