16 septiembre, 2021

La humanidad entre virus, bacterias y otros demonios

Gráfico de Hispano City Calgary
Hoy inicia una serie de tres artículos de nuestro columnista Henry Petrie, titulada “Del Covid-19 y la plaga gobernante” donde se abordan los temas colaterales a la pandemia, sin ambages. El autor se va a los grandes hechos de la historia y la humanidad, regresa a Nicaragua donde la llegada del covid-19 se celebró con carrozas y consignas, el espectáculo cursi más inverosímil del mundo. 

Henry A. Petrie

Primera entrega

Las epidemias y pandemias tienen cierta recurrencia, huelen a humanidad, aunque vengan de algún animal mamífero o ave. Los microorganismos son coloridos, también. Se palpan y se miran como cuando el viento mueve hojas, o la corriente arrasa a su paso.

¿Cuántas pestes ha habido? Muchas. Virus, bacterias y parásitos han convivido con la humanidad. Las pestes están asociadas a Adam, hay quienes afirman que este es la peor plaga del planeta. La risa hasta el llanto también fue epidemia ‒quién lo diría‒, Tanganica en enero de 1962 sonó como si fuera un nica con tanga. Tenía yo apenas 8 meses de nacido. ¿Se imaginan?

Las plagas con sus millones de muertos, son sinónimos de crisis políticas y económicas, indudablemente tambalean sistemas. Así fue con el imperio bizantino, con la Justiniano en 541-542, una pandemia que se llevó a 50 millones de humanos. Y claro, las ratas, siempre las ratas bandidas que van en los barcos, fueron las culpables, según se registra. Y cuando no rattus, porcus o avis, también el hibero homine en América con la viruela (1520) y la salmonela (cocoliztil, 1545-1548), acabando con millones de indígenas, unos dicen 50, otros un tanto más, considerando que en México quedó la mitad de la población nativa.

La llamada peste «negra» (1346-1353) ‒qué racismo‒, también llegó a Europa en barcos. 75 millones de muertos, dicen. Pero, las cifras en aquel tiempo no eran exactas; según mis lecturas aquello fue pavoroso. Así fue también con la gripe «española», la gentilicia, con otros 50 millones. Las cifras pueden perderse en huacas fermentadas como chicha de coyolito engusanada, como este tiempo nicaragüense, donde la plaga Ortega Murillo reduce y aumenta a conveniencia: todo crimen es mínimo y todo logro, por pírrico, es superlativo.

La humanidad entre virus y bacterias. ¿Cuántas veces fueron puestas en jaque porciones importantes de la civilización humana? El «hombre superior» desequilibrando a la naturaleza, negando la interdependencia de las especies y los elementos. ¿Vendrá el mate en algún momento? La Tierra gime con cada zarpazo, siente el hielo de la conciencia humana. Y luego nos quejamos, invocamos a un altísimo que está horizontal a nuestras miradas. Pero la mirada enmudece también.

El coronavirus ya está cambiando el mundo, éste monetario y autómata. Que no cunda el pánico. La supervivencia ha sido nuestro arte, y hemos ido mutando. También los humanos mutamos, no solo los virus. En el siglo XXII ya no seremos los mismos, apúntenlo, para que quienes vivan ese tiempo lo constaten. Somos una prueba irrefutable de mutaciones.

Quizá aún no por la cantidad de muertes con relación a otras pandemias, pero sí por los trastornos profundos que desde ya se están produciendo en esta sociedad global tecnológica, el covid-19 es parte de los grandes males actuales de la humanidad: guerras, etnocidio, pobreza, hambre, ignorancia, enfermedades, terrorismo, fanatismo, ecocidio, etc. Se detectó en Wuhan, capital de Hubei, China, y se graduó de pandemia el pasado 11 de marzo de 2020. El virus se reproduce, se trasporta y hasta se ha recibido con jolgorios en Nicaragua. ¡Sí! Los fanáticos de la dictadura marcharon con carrozas, carteles, comparsas y todo cuento… El Ensayo de la ceguera de Saramago quedó corto, ¡cortísimo! Daltónico joyero el oficio gobernante; la oscuridad tiene un centro pirotécnico que no es luz.

Más de 18 millones de infectados y en camino hacia los 800 mil fallecidos, a la fecha. Y las cifras diarias en proporción de dos centenas de mil a partir del pasado 2 de julio (OMS; Wikipedia). Pero, el covid-19 para los dementes gobernantes nicaragüense es un resfriado común que huele a fiesta y resaca. ¿Qué vendrá después? Dos posibilidades: la internacional, trifulcas de los poderosos nucleares; la chapiolla, serie final del Bóer y los Dantos con estadio a reventar, porque al final de cuentas, el régimen necesita dinero, ¡mucho dinero! Y las muertes, como almíbar al fuego, si generan ingresos, ¡excelente!

El coronavirus danza en encerronas políticas en Nicaragua, donde su presidente aparenta cualquier cosa menos debilidad de mando, su mujer la vicepresidenta es una mano más que derecha, efectiva en sus invocaciones a las sombras. Y la pandemia, sin necesidad de declararse demente, quizá sirva para burlar la justicia.

Olí y palpé el sabor de tres de las últimas pestes: el SIDA (1981), con más de 30 millones de víctimas fatales, entre los que se cuentan un par de buenos amigos; la gripe A (H1N1) de 2009-2010, que me arrebató a mi primogénita; y la pandemia presente que motiva la hibridación de este texto, cobrando la vida de vecinos y dos amigos. Jamás leí y aprecié noticias tan grises, como el desfile de camionetas con ataúdes y los entierros nocturnos, sin más presencia que los dolientes inmediatos o directos. El aire se respiraba como biznaga de agua en un desierto.

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