18 mayo, 2021

Colapso o implosión del régimen es cosa de tiempo

Foto tomada de Portavoz ciudadano / NM

Oscar-René Vargas

“Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo”. Aristóteles.

Las encuestas realizadas por Cid-Gallup, Borge Asociados y Diálogo Interamericano tuvieron como telón de fondo del desastre sanitario y económico provocado por las políticas erradas del régimen para enfrentar la pandemia de coronavirus y la economía.

Los ciudadanos nicaragüenses, consultados por las tres encuestas, expresaron más del 70 por ciento que el país va por el rumbo equivocado y más del 60 por ciento que la situación ha empeorado en relación al año 2019. Lo que tiende a colapsar de repente es la economía.

Fracasó el modo de gobierno

El colapso o caída de un régimen es el completo fracaso de un modo de gobierno. A veces esto trae consigo un estado fallido. Más a menudo, no es un proceso inmediato de transición a una nueva administración.

El colapso del régimen a veces coincide con el colapso económico. El colapso de un régimen no es sinónimo de una implosión social inmediata, es un proceso paulatino. No todos los intentos de cambio de un régimen logran su colapso o implosión.

El colapso no se detiene

El colapso de un régimen autoritario es a menudo un proceso gradual de cambio generacional lento e imperceptible. El colapso está precedido internamente por la represión generalizada para que el dictador pueda sostenerse en el poder.

Al final de una dictadura, a menudo aparece alguna demostración de poder que da la impresión que la senilidad del poder autoritario ha desaparecido. Sin embargo, a pesar de la represión el proceso de colapso o implosión sigue su desarrollo.

Todo cambió a partir de abril

Desde abril 2018 hemos entrado en un periodo de “estagnación”, con altos niveles de gastos policial y militar, déficit comercial y deuda externa. Cada día se hace más difícil a las familias de clase media y popular llegar a fin de mes. Los burócratas del régimen no están conscientes sobre las necesidades de la gente. La gente encontró formas para sobrevivir logrando que el sistema continuase en marcha; sin embargo, desde abril 2018 el sistema se comenzó a derrumbarse.

Los cinco estadios del colapso

La colapsología estudia en forma transdisciplinaria los riesgos de la caída de un gobierno. En su célebre libro “Los cinco estadios del colapso”, el pensador ruso-estadunidense Dmitry Orlov sustenta que las sociedades han ido más allá del punto de la sustentabilidad por lo que se mueven en un conjunto secuencial de cinco factores que permiten el colapso de un gobierno: 1. Financiero; 2. Económico-Comercial; 3. Político e ideológico; 4. Social; y 5. Cultural.

A lo largo del 2020, en diferentes escritos, hemos analizado la posibilidad de la implosión o colapso del régimen Ortega-Murillo. En este escrito analizamos los cinco factores descritos por Orlov, analizando la manera específica cómo se aplican en Nicaragua.

Lo difuncional

En nuestros escritos hemos analizado la disfuncionalidad política expresada en un exagerado presupuesto militar-policial, su dislocación social, el desmoronamiento cultural al rendirle culto al dictador, la corrupción generalizada del régimen, la crisis económica seguida por su declive comercial y el espejismo financiero expresado en la profundización de la cartera en mora y en riesgos de los bancos, la crisis de las microfinancieras, la declinación del crédito, una discapacitante deuda foránea y el papel de los paramilitares como pilar de sustentación del régimen actuando como una fuerza de ocupación llevando violencia en las ciudades y el campo y finalmente, para evitar su colapso, el régimen ha implementado el espionaje ilegal contra opositores, religiosos, defensores de los derechos humanos, y sus propios simpatizantes.

Factor cultural, ético y valores

El régimen confunde cultura, como estamento de una civilización, con el vulgar “entretenimiento (entertainment)” de los montajes actos y su propaganda barata. El régimen carece de política cultural y le sobra entrenamiento propagandístico. Qué se espera de un régimen cuyos íconos culturales son héroes de la revolución de 1979 que perdieron sus superpoderes. Lo más relevante de su canto de cisne es que el régimen perdió a la juventud: el gobierno está desacreditado ante la nueva generación.

El régimen Ortega-Murillo ha sido un régimen basado en la propaganda, la censura, la represión y la brutalidad policiaca.

Lejos de causar un repliegue en las expresiones de indignación ciudadana, la salvaje conducta desplegada por los efectivos policiales y paramilitares realizando detenciones sin garantías del debido proceso y al margen de las autoridades, lo cual ha dejado una estela de violaciones a los derechos humanos que multiplicó el malestar y reavivó los actos de rechazo al régimen.

La historia ha sido reducida a una letanía de atrocidades cometidas por el régimen.

Persecución a la iglesia

También, en el tema de la cultura religiosa el régimen ha perdido legitimidad de cara a la población católica al desatar una persecución y acoso a sacerdotes, feligreses y templos. Ese deterioro se ha acentuado por el acto de terrorismo cometido en la capilla de la Sangre de Cristo, en la Catedral de Managua, al lanzar, un paramilitar, una bomba molotov, dañando la imagen de la Sangre de Cristo. Demás está en señalar que las declaraciones oficiales y de la Policía que pretenden encubrir los hechos, más bien los involucran y delatan su complicidad en la ejecución de los mismos.

Los millenials y el gobierno

Dentro del empobrecimiento de la población en general, se observa que la llamada generación millennial es la que sufrió el mayor revés económico, para muchos de ellos, es la cancelación real de sus aspiraciones y posibilidades futuras. Los millennials se asumen como agentes del cambio y son una generación potencialmente innovadora. Esa generación de millennials, mujeres y hombres, viven entre el desencanto, el hartazgo, la utopía y la esperanza.

Los millennials se están graduando en medio de una recesión que complica hallar un buen empleo, pero también deja cicatrices salariales, al optar por trabajos mal pagados, establecidos en momentos de alto desempleo, significa comenzar desde lo más bajo de la pendiente.

Resulta difícil predecir el futuro que depara a los millennials, así como el grado de poder y de influencia política, economía y social que lograrán acumular.

Lo cierto es que, como generación están presentes, representan una fuerza poderosa que seguramente buscarán transformar lo existente, lo heredado por las generaciones anteriores, que no es nada satisfactorio y mucho menos promisorio.

La nueva “oligarquía” inepta

Muchos miembros de la “nueva oligarquía o la nueva clase” han violado los códigos de ética de los servidores públicos al no actuar con probidad ni la confidencialidad requerida al recibir sobornos, realizar actos de corrupción y adjudicar irregularmente contratos de obra pública, lo que permitió el enriquecimiento inexplicable de muchos miembros del gobierno, del partido, de la policía, alcaldes y del ejército.

Al interior de la “nueva oligarquía” se creó un aparato que es como una especie de asociación delictuosa, a través de una red de complicidades para el uso de recursos de procedencia ilícita. Es decir, un aparato de poder conformado por altas autoridades del Estado constituido con el objetivo de abusar de ese poder que ostentan y que mantenían-mantienen relaciones con empresarios y políticos tradicionales o zancudos.

Los nuevos ricos

El Subsecretario del Departamento del Tesoro para el Terrorismo e Inteligencia Financiera de Estados Unidos, Sigal Mandelker, dijo que el régimen Ortega-Murillo había “robado fondos del gobierno” de Nicaragua. No existe cifra concreta sobre el capital financiero de Ortega-Murillo y su compleja red de negocios, quienes de acuerdo al Departamento del Tesoro vienen lavando dinero y multiplicando la fortuna de la “nueva oligarquía”, desde hace más de una década.

Muchas figuras vinculadas al orteguismo siguen haciendo dinero a la luz de la crisis sanitaria al ser los principales importadores de medicinas apoyándose en el poder para conseguir contratados con el Ministerio de Salud (MINSA).

Hay personas o funcionarios que cuando sospechan de una acción indebida con alta probabilidad de ser un acto de corrupción de parte de altos funcionarios, se abstienen de denunciar porque su deseo es no darse por enterado o negarlo, esto, y sólo esto, es ceguera voluntaria. La ceguera intencional es uno de los tipos de ignorancia que favorecen no sólo a los corruptos. Al mismo tiempo, el régimen despliega un manto de ignorancia para proteger a los funcionarios corruptos.

Corrupción, “ah esos errores personales”

En privado, miembros de la “nueva oligarquía” dicen que los actos de corrupción son errores personales lo que, en realidad, es un sistema ilegítimo de enriquecimiento. Entre los ciegos están no sólo los funcionarios y los miembros del capital, sino también los fiscalizadores, reguladores, auditores, controladores y miembros del círculo íntimo del poder. Es la ignorancia estratégica de los que “saben” los chanchullos del régimen y sus aliados.

Factor social, hambre y pobreza

La pobreza es silenciada y ocultada por el establishment de los poderes fácticos. Más del 60 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, riesgo de pobreza y exclusión social, un dato que pone a este país entre los que tienen menor sensibilidad social en la región latinoamericana.

A partir de abril 2018la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social se ha incrementado. Un gran segmento de la población ha visto su nivel de vida reducido. Al entrar la economía en una profunda recesión, la gente deja de pensar en términos solamente de dinero, hay una sensación de desesperación en el ambiente.

En el proceso de implosión económica el intercambio de favores personales se vuelve muy importante para el funcionamiento de la economía real.

La advertencia temprana

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió en un informe que la pandemia del coronavirus traerá un incremento del hambre y la pobreza en seis países de América Latina, uno de estos es Nicaragua.

La FAO resaltó a los países donde hay inseguridad alimentaria aguda por factores económicos y climáticos: en el 2018, los países con mayor prevalencia de personas que sufren hambre fueron Haití (49.3%), Guatemala (15.2%), Nicaragua (17%), Bolivia (17.1%) y Venezuela (21.2%), según el documento.

Clarissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), enfatizó en que, sin importar los estragos económicos, la salud debe ser la prioridad. Al respecto, Alicia Bárcena, directora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), coincidió en que lo primero que se debe atender es la salud: “si no se controla la curva de contagios, no puede haber reactivación económica”.

La CEPAL y la OPS presentaron un estudio sobre economía y salud, en el que además del desplome económico y aumento de la pobreza, se prevé que la pandemia provoque el cierre de millones de empresas en la región latinoamericana, de las cuales, la gran mayoría serán micro y pequeñas.

Consecuencias de la pandemia en Nicaragua

Entre las consecuencias de la pandemia en Nicaragua –más de 500 mil desempleados y más de tres millones de pobres– está el hambre. Casi uno de cada cinco niños menores de 12 años no recibe alimentación suficiente, hay un incremento en inseguridad alimentaria.

Miles de los hogares no tienen suficiente dinero para comprar comida. El peligro es que a la pandemia sanitaria le seguirá pronto una pandemia de hambre.

De acuerdo con las proyecciones del Banco Interamericanos de Desarrollo (BID), en caso de que la pandemia se extendiera únicamente hasta diciembre 2020, al menos unos 79.800 nicaragüenses terminarían desempleados al cierre del año 2020.

Por otro lado, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDE), estima que por el impacto que tendrá la crisis sanitaria será entre 59.000 y 123.000 personas pasarían a engrosar la lista de desempleados este año.

Factor político e ideológico

La acumulación de una exagerada riqueza de la nueva clase, en detrimento de la comunidad fue un ingrediente que provocó la rebelión de abril, la que abrió una crisis política en detrimento de la legitimidad de la dictadura y que mes a mes pierde base social.

La ideología de los cuadros del régimen se basa en la creencia de la bondad del lucro inmundo de la corrupción y del dinero ilícito. Al mismo tiempo, el régimen Ortega-Murillo no toma en cuenta que Nicaragua vive, desde 1909, en un “jaula geopolítica y económica” dependiente de Estados Unidos.

La pandemia del coronavirus dejará una multitud de nuevos pobres, miles de personas caerán en pobreza; y la tasa de pobreza por ingresos –que significa que una familia no puede comprar la canasta básica– será incrementará. A la larga, la pobreza será el impacto más duradero y doloroso de esta crisis y el que requiere una atención de carácter más inmediato.

Muchas personas que tenían ingresos, sin ser beneficiarias de ningún programa social y que no eran pobres, pero sí económicamente vulnerables, la crisis ha terminado arrojándose a la pobreza. Estas personas no saldrán de la pobreza mientras la economía no se recupere a plenitud. La pérdida de empleos formales se ha concentrado desproporcionadamente en los trabajadores de bajos niveles de ingreso.

Protestas y malestares en ciernes

Se conoce la protesta pública de los empleados en 69 alcaldías controlada por el régimen Ortega-Murillo, ya que rechazan que sus sueldos sean reducidos automáticamente en un 30 por ciento por decreto de los alcaldes respectivos, lo cual expresa un proceso de distanciamiento/conflictividad entre la base social y el liderazgo vertical. Elemento que nos muestra el desarrollo de implosión en las alcaldías municipales.

Otro elemento de inconformidad es la protesta de los 800 trabajadores despedidos de una empresa de la Zona Franca sin que el Sindicato José Benito Escobar asuma la defensa de los trabajadores.

Esperar el 2025 para regresar al 2018

La recuperación económica puede tomar varios años. Esto implica que sería hasta 2025 cuando esperaríamos regresar a los niveles de producción que teníamos antes del 2018. La política de contracción del gasto terminará siendo abiertamente contraproducente, ya que exacerbó el choque original, dificultará la recuperación económica y tendrá efectos sociales negativos muy importantes.

Las propuestas que se pueden implementar, que son financieramente viables, incluyen el diferimiento en el pago de contribuciones sociales a micro, pequeñas y medianas empresas; un programa especial de apoyo para cubrir rentas u otros costos fijos (para restaurantes u otros negocios especialmente afectados por la pandemia), y otro que otorgue un apoyo mínimo a los trabajadores informales que hayan perdido su fuente de ingresos.

Factor económico y comercial

La pandemia ha terminado de desorganizar la economía nicaragüense. La lógica de esta crisis es inédita y la manera de salir de ella dependerá de factores no solo económicos, sino también sanitarios y sociopolíticos.

El coronavirus no contamina una economía sana, sino un organismo ya alcanzado por enfermedades crónicas.

Es el conjunto de los esquemas de reproducción el que ha quedado desarticulado, tanto la producción de mercancías como la demanda social. Caída del consumo y de la producción: empresas cerradas, que por tanto no producen nada, comercios cerrados y consumidores ausentes. Las inversiones se hallan en punto muerto. En fin, el comercio se ha contraído.

El déficit comercial se suma a la crisis sanitaria y a la inseguridad alimentaria y nutricional de miles de nicaragüenses.

Para finales del año 2020 se pronostica que habrá una caída de las inversiones de capital, exportaciones, importaciones, agricultura, servicios, industria, turismo y el consumo estatal.

La economía tiene unos déficits estructurales y falla en no dar a la mayoría de la población algún tipo de seguridad económica. La economía es ineficiente, con un gasto y pérdidas en todos los niveles. Desde el 2007, el régimen dictatorial no pudo reducir las formas más extremas de pobreza, malnutrición, muchas enfermedades y el analfabetismo.

El colapso económico no ha tenido un “aterrizaje al suave”, ya que cuando una empresa decide cerrar sus puertas por decisión ejecutiva, librándose de personal y sacando capital e inventario es una quiebra y, por lo tanto, estamos en presencia de un negocio que se evapora de la mañana a la noche.

Efecto devastador

Muchos propietarios deciden recortar pérdidas todos a la vez, viendo las mismas proyecciones económicas e interpretándose de forma parecida, el efecto en la población ha sido devastador. La mayoría de la población no puede sobrevivir mucho tiempo sin unos ingresos.

La composición de la caída del PIB, el empleo y la ocupación marcará la forma, el contenido y el tiempo de una eventual recuperación en el 2021. Será desigual, larga y frágil. La crisis ha provocado una severa hondura en los empleos, ingresos y patrimonio de las familias. De igual manera, los recursos y bienes que poseen familias y comunidad han resentido una merma enorme.

La gente se está empobreciendo, los negocios pequeños y medianos que ya no existen son un gran número. Negocios que han mermado el patrimonio de familias o lo han acabado, y con ello su capacidad de reproducción económica.

Factor financiero

La morosidad de los bancos en sus principales categorías de préstamos al consumidor ha aumentado desde el año 2018. El índice de riesgo del sistema bancario se ha incrementado como reflejo del incremento de la lentitud en el pago del sector de crédito al consumo, el impago de los créditos personales, en el sector de los créditos otorgados vía nóminas, al financiamiento automotriz, la cartera de los créditos destinados a la vivienda de la clase media y los créditos destinados a las empresas (pequeñas y medianas).

De acuerdo con la información oficial de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), la cartera crediticia se redujo desde C$ 165,493 millones de córdobas en junio 2018 a C$ 122,108 millones de córdobas en junio de 2020.

El número de préstamos que han salido del mercado financiero asciende a 611,305 préstamos, lo que equivale a una contracción del 34 por ciento. Lo anterior nos indica una reducción de la cartera crediticia, una reducción del consumo y la debilidad del sistema financiero.

La morosidad se encuentra al alza en el sistema bancario con posibles repercusiones negativas para el sistema financieros. Algunos bancos tienen un montón de inversiones en los créditos y comienzan a ejecutar a los deudores para protegerse.

Impacto de dimensiones profundas

Muchas personas perderán sus casas o autos dejando un hueco visible en el entramado social. No existe un mecanismo por el que los propietarios no puedan desahuciar a los inquilinos que no pagan, o para que los bancos no se cobren las hipotecas impagadas.

Es difícil estimar qué porcentaje de la población quede sin hogar, pero podría ser bastante alto.

Malos presagios

Este juego durará un tiempo antes de presentar problemas. Entonces los valores de la propiedad aceleran su caída con los efectos negativos para el sistema financiero, sin que ningún poder político pueda hacer nada.

Estimo que en materia económica financiera no ha pasado lo peor y que la caída no ha tocado fondo; por lo tanto, la recuperación va para largo. El régimen sigue apostando a la economía aun provocando muchísimas más muertes.

El colapso o implosión del régimen Ortega-Murillo cuando la combinación de los cinco factores analizados está presente y en expansión en la sociedad nicaragüense. A la fecha, están en progreso los factores ético-cultural, social-pobreza, político-ideológico y económico-comercial; faltando la crisis financiera que se encuentra en ascenso expresada por los altos niveles de mora y riesgo de los bancos y las microfinancieras.

Peligrosa espiral a la inversa

A los cinco factores contemplados por Orlov le he agregado la crisis sanitaria que ha acelerado a todos los cinco factores enumerados. El país está en una espiral hacia abajo, bajo un gobierno que es administrado por un régimen ineficiente, inepto y corrupto.

El coronavirus no discrimina entre ricos y pobres, pero las consecuencias económicas y sociales de la pandemia revelan la profunda desigualdad en Nicaragua dejando claro que no todos sufren igual. Las tres cuartas partes de los hogares están viviendo al día o comiendo salteado, ha sido el sector de ingresos más bajos el más afectado hasta ahora por las consecuencias económicas al perder su empleo o su sueldo fue reducido.

La pendular posición de Ortega

Luego de meses en que desestimó el coronavirus, Ortega admitió que las cosas probablemente van a empeorar. Tras minimizar la importancia de usar mascarillas para evitar contagios, de pronto el dictador aparece utilizándose. Los súbitos repliegues del régimen reflejan la difícil situación en que se encuentra su credibilidad.

De nada sirve el nuevo discurso del régimen, si promueven las aglomeraciones de personas no respetando las normas y el distanciamiento social que se tienen que cumplir para evitar que la propagación del virus sea masiva. Las perspectivas futuro de Ortega-Murillo dependerá de su manejo de la crisis sanitaria y por la recesión económica, hasta la fecha la población cree, cada vez más, que el país avanza en la dirección equivocada bajo su conducción.

Desigualdades sociales al desnudo

La pandemia del coronavirus puso al desnudo las desigualdades sociales y económicas que aquejan nuestra sociedad, pues existe una mortalidad diferenciada en la que si bien el agente patógeno no distingue clase social, género ni actividad laboral, la mayoría de los decesos ocurren en los sectores más empobrecidos, con menor acceso a servicios de salud de calidad, a una buena alimentación y a condiciones de higiene (agua y saneamiento).

Pueblo está harto

Las encuestas dejan en claro que las cosas se ven difíciles para el dictador: ocho de cada 10 nicaragüenses opinan que el país va en la dirección equivocada y apenas 38 por ciento considera que la economía va por buen camino. La gente está harta de un gobierno incapaz de hacer que las cosas funcionen. Lo que la ciudadanía dice percibir de Ortega-Murillo, en estos momentos, es una mezcla de retórica arrogante y egoísta.

No hay que olvidar el afán del régimen es de explotar la irracionalidad con fines políticos empujando a los poderes fácticos a los márgenes de la conciencia; donde aparece el dolor, el engaño, la impotencia, la indefensión y el miedo. Es decir, la irracionalidad del dictador busca nublar la razón del adversario.

Por esa razón, pensamos que el colapso o implosión del régimen no es más evitable debido que su sustento está desacreditado, de acuerdo con las encuestas, entre la nueva generación, una condición fundamental para que un régimen colapse.

Herido de muerte

Todo indica que el régimen Ortega-Murillo está herido de muerte. Sólo falta que muchos “felices orteguistas” empobrecidos tomen conciencia de lo mal que viven.

Los poderes fácticos no han percibido que el advenimiento de crisis sanitaria aceleró el proceso de implosión del régimen, aunque nos hallemos pisando el borde del despeñadero.

La descomposición del régimen avanza y, sin embargo, los poderes fácticos permanecen impasibles al colapso del régimen, permaneciendo en la estrategia de una “salida al suave” a través de elecciones.

La pandemia, la carestía de la vida, la energía eléctrica, la retención de las personas en la frontera de Peñas Blanca, las protestas de sectores de trabajadores, los atentados a diferentes iglesias (Nindirí y Veracruz), la quema en la Catedral de Managua, los asesinatos en la ciudad de La Trinidad y en el campo. Todo va sumando en el proceso de descomposición del régimen.

La renuncia de Ortega es urgente

Si el proceso de implosión política se retrasa o se aborta será por la incapacidad de parte del liderazgo de la oposición de aprovecharlo, la gente “de a pie” va a tener que salir nuevamente a la calle en medio de la pandemia, pidiendo la única salida realista para superar la crisis: la renuncia y caída inmediata de la dictadura de Ortega-Murillo.

Nunca hay que olvidar que la experiencia histórica nos enseña que cuando una dictadura comienza a resquebrajarse, cada componente tiende a salvarse por su lado a un ritmo diferente.

Un pensamiento en “Colapso o implosión del régimen es cosa de tiempo

  1. Las encuestas de Cid Gallup y Diálogo Interamericano no solamente retratan la debacle orteguista, también nos muestran el fracaso en la construcción de una coalición nacional que no brinda frutos, y que solo ha servido para perder el tiempo como en los fracasados diálogos con la dictadura. Más de lo mismo.
    La encuesta de Cid Gallup nos muestra a ese poderoso movimiento auto convocado que llevó a cientos de miles de personas a la calle, y al liderazgo de la Alianza Cívica, como simples fracciones con un raquítico porcentaje de aceptación cada una. Una percepción de división muy frustrante para la ciudadanía opositora que tiene muy presente los costos pagados en vidas y sufrimientos. Esto nos indica que es incorrecto estar “pidiendo espacios” dentro de ese proyecto prematuro, cuando lo prioritario y urgente es fortalecer ese poderoso movimiento de una forma orgánica a nivel nacional creando estructuras partidarias -como las que hace un partido en construcción- para que de allí salgan los liderazgos locales, y la ciudadanía que hoy está indecisa en su participación política tenga un formidable referente unitario. De esta manera podríamos tener altas cotas de aceptación en futuras encuestas que animarían a la población, y también un valioso tendido nacional para la defensa del voto.
    Se pude argumentar que Ortega no va a otorgar personería jurídica a este movimiento, algo previsible, pero eso es algo que la Alianza Cívica no debe dar por un hecho desde ahora con una actitud derrotista buscando coaliciones. Hay que exigir esa casilla tempranamente para conocer también tempranamente las cartas de la dictadura y así adecuar la estrategia de la coalición nacional. Es hasta en ese momento que se debe estructurar la coalición, donde los auto convocados participen con un músculo que los haría ser la locomotora de esa coalición, no un simple vagón.

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