16 septiembre, 2021

¿Ir a elecciones así no más?

Henry A. Petrie

Estar a la ofensiva o vivir a la saga. Hacer política para el cambio de fondo o para el acomodo oportunista. ¿Cuál es el sentido de la oposición desde un concepto no tradicional? En Nicaragua, el sistema político se bate entre las fuerzas conservadoras que aspiran solo al «quitate tú para ponerme yo» y las fuerzas que pujan por una transformación integral del país.

Pero, todo tiene que ser por la vía cívica, democrática y electoral, es el consenso ciudadano. Ya no más guerra, el pueblo y las generaciones jóvenes merecen una mejor vida, una sociedad distinta. La violencia política está plagada de pasado putrefacto y responde a una mentalidad de sacrificio funesto.

Hacer política de nuevo tipo presupone coherencia y consecuencia, alejarse de conductas repudiadas y condenadas, propias de un sistema socio político con profundas aberraciones. Representar lo nuevo es estar fuera de la lógica criolla y oportunista, es asumir una ética política distanciada de la personificación y mercantilización del poder público.

En consecuencia, ¿por qué la representación de lo nuevo debe legitimar aquello que ha nacido del fraude? ¿Por qué debería aceptar reglas del juego cuya esencia es el engaño y la traición? El problema no está en quien apuñala la espalda, sino en quien, conociendo bien a su adversario, brinda oportunidades para facilitar dicha acción. Y después, las amarguras descomponen los buenos propósitos.

Estamos en el séptimo mes del 2020, a pocos meses de las supuestas elecciones presidenciales y parlamentarias. Ya no se trata de la preparación electoral de las fuerzas opositoras, específicamente las que están reunidas en la Coalición Nacional, porque resultaría estúpido y vergonzoso presentarse a una farsa de la dictadura. A no ser que se crea que lo importante es «jugar», respondiendo al discurso de «aprovechar los espacios», porque en política así debe ser, y «el que está fuera, pierde».

Claro, si se representa la política oportunista y corrupta bajo un «pragmatismo» que se arrastra y come estiércol, el argumento de aprovechar espacios estará bien. ¡Vayan a elecciones en las condiciones del dictador! El régimen continuará rigiendo, manipulando y disponiendo para hacer prevalecer su voluntad. Pero, si dicen representar lo nuevo deberían romper con la historia de un país desgarrado y con la política retrograda.

¡Cómo ir a elecciones con un poder electoral controlado por la dictadura! Están imponiendo sus términos, no les interesa negociar condiciones ni reformas a la ley. No puede haber elecciones libres cuando se transpira el «a cualquier costo, preservar el poder». Eso significa la arquitectura del fraude y el condicionamiento del mercado político electoral, para seducir a los partidos opositores tradicionales y mantener cautivos a otros, objetos del prebendalismo político.

La institucionalidad, desde la perspectiva de la dictadura, debe legitimarse con la realización de las elecciones, las que también reafirmarán la hegemonía orteguista. Para ellos, es determinante ‒«a cualquier costo»‒ estas elecciones de 2021. En contraposición, para la oposición azul y blanco, lo determinante sería cambiar las condiciones imperantes que la someterían a la voluntad tirana.

Considerando la fecha en que debe realizarse las elecciones en Nicaragua, no hay tiempo político suficiente para montar un proceso legítimo y constructivo. A la dictadura le importa el espectáculo que lo reafirme en el poder. A la oposición azul y blanco debería interesarle un proceso electoral verdadero, que tenga un amplio respaldo de la población nicaragüense expresado en el voto, que deberá ser más que suficiente para producir el cambio inmediato y apuntalar hacia lo más estratégico.

No es cuestión de estar o no preparados para enfrentar el reto electoral, sino de lograr incidencia, condiciones, garantías, transparencia, legitimidad y resultados que se correspondan con la voluntad popular mayoritaria. La oposición azul y blanco, en su discurso internacional, debería dar más fuerza a la presencia de la OEA y la ONU, para que supervisen ‒esta es la palabra exacta‒ un proceso electoral que deberá realizarse en una fecha convenida por todos los actores políticos participantes, con reglas comúnmente aceptadas, porque no basta la ley.

Ir a elecciones en condiciones adversas, sometidos a la voluntad y el control de la dictadura, sería brindarle la oportunidad para que apuñale por la espalda. Entonces, los culpables serán «los aprovechadores de espacios», los que subestiman el poder y la astucia de quien se enfrenta.

Claro, es difícil representar lo nuevo, porque la coherencia y la consecuencia son exigencias máximas.

Henry Petrie

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