25 septiembre, 2021

¡Qué bueno, todo salió mal! o ¿todo sucede por algo?

Ilustración de Poematrix / NM 

Arnulfo Urrutia

Al taxi que me llevaba al aeropuerto se le averió un neumático. Llegué tarde y perdí el vuelo. Estaba muy molesto, tenía que esperar dos horas para el siguiente. Pasados 45 minutos, la noticia me estremeció: el vuelo que había perdido tuvo que aterrizar de emergencia y hubo algunos golpeados. ¡Qué suerte que no llegué a tiempo para tomarlo!

Otro día. A baja velocidad y a pocos metros de un semáforo, un conductor descuidado, pasó rozando mi auto. Nos detuvimos. Segundos después escuché un fuerte encontronazo. Un camión no respetó el semáforo y embistió al auto que recién me aventajó luego de detener mío. ¡Pude haber sido yo quien sufriera aquel brutal impacto del camión! Gracias amigo, por el “raspón” a mi carro –Le dije al otro conductor– y me marché feliz.

Estos dos sucesos me hicieron recordar a un viejo amigo, que siempre me decía: “Todo sucede por algo”. Quería decir que, hasta lo que consideramos un mal, puede tener un trasfondo positivo si lo analizamos con mayor detenimiento.

Hace un año y medio, se me ocurrió impulsar una organización para el emprendimiento con personas adultas (50 años y más). Realizamos una excelente presentación. Hubo mucha concurrencia e interés por tan novedosa iniciativa. Semanas después, de manera sorprendente, surgieron desavenencias entre el equipo de dirección y como dice aquella vieja canción: “Todo se derrumbó”. No me lo explicaba.

Meses después, en diferentes momentos, quise impulsar tres emprendimientos innovadores, de baja inversión y buena rentabilidad. Gustaron, pero no “pegaron”. ¿Y cómo es que quieren ser adultos emprendedores y temen correr un mínimo de riesgos? Me lo preguntaba y no me lo explicaba.

Finalmente decidí tomarme un descanso. Había “perdido” unos dos mil dólares y lo entrecomillo, porque realmente no los perdí, ese fue el pago por tener un mejor conocimiento del ánimo emprendedor, luego de los sucesos de abril de 2018.

Llegamos a marzo de 2020 y la pandemia se toma los titulares noticiosos de todo el mundo. Mueren miles de personas. Cunde el pánico, se desmoronan muchos mitos, se estremecen las finanzas mundiales y cierran muchos pequeños negocios.  Nadie estaba preparado para esto.

Reflexiono sobre todo lo ocurrido y claramente veo que aquellos proyectos, hoy serían manejados por gente de alto riesgo sanitario. Personas expuestas a mayores riesgos, por el afán de cumplir sus metas emprendedoras.

Concluí que, si bien es cierto que aquello no prosperó, no menos cierto es que tampoco estamos en angustias por préstamos bancarios y otras responsabilidades que impone el entorno empresarial. ¡Serían angustias sobre angustias!

Y me dije: –Qué bueno que todo salió mal. Ya vendrán tiempos mejores–.

Arnulfo Urrutia

Perspectivas desde mi balcón | Después de conversar en la esquina, en el negocio, en la oficina, donde haya interlocutores, Arnulfo Urrutia se va a su balcón y desde ahí elabora sus ideas positivas y recomienda reconstruir sus pensamientos para luego compartirlos.

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