25 septiembre, 2021

Coronavirus: enmascarados ayer y hoy por la vida

Foto BBC.com / NM

Sergio Simpson

La última vez que requerí máscara, aunque no me protegió mucho, fue el 15 de mayo del 2018 cuando la policía disparó gases y balas a los rebeldes frente al cerro El Tambor, en la carretera hacia Jinotega.

Durante la tercera semana de marzo comienza a transitar gente con mascarilla y guantes; voy desprotegido, se agotaron inventarios; tampoco en las farmacias que visité encontré alcohol antiséptico gelatinoso.

“Ahora, por lo menos no nos llevan presos por usar máscaras” –me dice un conocido en la calle, con estruendosa carcajada. Él mantuvo cubierto el rostro durante las protestas cívicas iniciadas en abril del 2018.

Supermercados aumentan ventas, desaparecen papel toalla y papel de baño. Compradores clase media inician almacenamiento para enfrentar la catástrofe. Las predicciones siguen augurando fin del mundo. Más pecadores temen fallecer, también quienes por levedades se consideran pecaminosas.

En ciertos negocios, a la entrada el guardia de seguridad te rocía las manos, practican recomendaciones de Organización Mundial de la Salud, con agua, alcohol, y jabón. No todos empleados lucen tapabocas y guantes.

Alarmantes las noticias mundiales, miles mueren en varias ciudades de China y Europa; además informaciones falsas tensionan a las personas angustiadas ante la posibilidad de morir.

“Fueron los chinos quienes crearon el virus”, aseguran. El tema es para análisis de política mundial. Consultaré Memorias, de Henry Kissinger.

El gobierno de Nicaragua permanece inmutable ante la alerta planetaria, la señora vicepresidenta en monólogo grabado, transmitido por sus medios de comunicación, anuncia la campaña AMOR EN TIEMPOS DEL COVID-19.

La señora ordena al estado y al Frente Sandinista seguir promoviendo concentraciones masivas con ferias comerciales en parques, plazas y playas; actos religiosos en Semana Santa, aunque la iglesia católica suspendió actividades públicas. Habla de fe, esperanza, fortaleza y confianza en dios, ella y su marido para evitar mortandad. (Más adelante referiré su ordenanza discursiva).

Además de la crisis política no superada desde abril del 2018, con grandes tensiones y dolos, la nación recibe más calamidad, más inseguridad, más inconformidad con el humano y específicamente con represores en el gobierno.

Prioridad acatar orientaciones de expertos y analizar recomendaciones; construir calma, pensar, gozar de paz interior, aferrarte a tu entereza y no debilitarte en banalidades que afectan tu existencia.

La pandemia ingresa a Nicaragua. Gobierno informa del primer caso, el 15 de marzo un militar venido del extranjero.  Voces expertas instigan al gobierno iniciar cuarentena, a los habitantes encerrarse en la casa, protegerse de la epidemia que eliminará millones de personas en el planeta.

En Nicaragua -escucho en el barrio- dicen que morirán unos 45 mil nicas -son los cálculos que circulan en redes sociales.

No se aflijan -les sugiero- es la vida para morir inevitablemente. Nutran su cuerpo y cerebro para contrarrestar al virus, si están fuertes sobrevivirán.

Yo que estoy viejo puedo morir, y hasta ahí llegó mi existencia física. Pero hay que cuidarse para seguir más tiempo disfrutando.

Mortandades han sucedido. En 1834, el cólera mató a 3 mil de los 15 mil habitantes de León. No asombraría que el Covid-19 elimine al 20% de nicaragüenses. En ciudad Matagalpa, donde habito, moriríamos 20 mil personas.

Aumenta el terror en el entorno y no me aturde.

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