9 mayo, 2021

La mujer, el perro y don “Terquencio”

Foto de Pinterest / NM

Arnulfo Urrutia

Si de verdad eres mi mejor amigo, ¿qué es lo mejor que podrías desear para mi vida? Preguntó Terencio a su amigo el perro, mientras tomaban un descanso, de regreso a casa.

Te desearía salud y bienestar, ladró el perro.

¿No me desearías riquezas y beber “Güisqui”, del que dicen que tiene mi patrón? – volvió a preguntar Terencio –

De ninguna manera, porque en cuanto tengas riqueza, se multiplicarán tus amigos y se restará tu tiempo. Podría ser que hasta llegue el momento en que no podrás ni verme y olvidarás hasta mi nombre –Volvió a ladrar, esta vez cabizbajo, el perro —

¡Sos exagerado!  —respondió Terencio —.

Reanudaron el camino y al llegar a su casa y sentarse a comer, Terencio, preguntó a su compañera – Si de verdad me quieres, ¿qué es lo mejor que podrías desear para mi vida? –

Te desearía salud y bienestar, –respondió muy segura–.

¿No me desearías riquezas y beber “Güisqui”, del que dicen que tiene mi patrón? – volvió a preguntar Terencio –

De ninguna manera, porque en cuanto tengas riqueza, se multiplicarán tus amigos y se restará tu tiempo. Podría ser que hasta llegue el momento en que no podrás ni verme y olvidarás hasta mi nombre.  –Advirtió la mujer–

– ¡Qué bárbara! ¿Cómo vas a creer que yo te haga algo así? – Contraargumentó molesto Terencio.

–Por algo te llaman “Terquencio”, jamás das tu brazo a torcer–. Agregó la mujer.

Después de cenar y mientras tomaba su café, sentado en el tronco que servía de banca frente a la puerta, Terencio se interrogó – ¿Por qué será que los dos seres a quienes más quiero, me responden lo mismo? – Salud y bienestar–.

Adentro de la casa, mientras lavaba los trastos, la mujer comentó al perro sobre la muerte, esa mañana, del hacendado más rico del pueblo y patrón de su marido.

– Murió solo y nadie fue a su funeral

– Ni su perro pudo estar con él en sus últimos minutos

Los mariachis, el ataúd de caoba, los nacatamales y el café para el velorio, la misa de cuerpo presente con la iglesia engalanada y el cura estrenando Estola, Cíngulo, Sotana y Escapulario. Todo se fue a la mierda –dijo la mujer.

¿Quién lo diría? Todo se fue a la mierda –repitió el perro. –

¿Pero… qué hacemos para convencer a “Terquencio” de que se lave las manos antes de comer y que el Covid19, no es la marca de un Güisqui? — añadió el animal—.

En ese momento entró a la casa Terencio, con tos seca y un súbito dolor en el pecho, buscando un poco de agua en la tinaja.

La mujer y el perro cruzaron sus miradas. También cruzaron los dedos.

Arnulfo Urrutia

Perspectivas desde mi balcón | Después de conversar en la esquina, en el negocio, en la oficina, donde haya interlocutores, Arnulfo Urrutia se va a su balcón y desde ahí elabora sus ideas positivas y recomienda reconstruir sus pensamientos para luego compartirlos.

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