9 mayo, 2021

Acre y peligrosa diatriba de Murillo contra el periodismo independiente de Nicaragua

Foto de medios independientes / NM

Guillermo Cortés Domínguez

Comencé a ejercer el periodismo en 1978 en un noticiero que creamos Elsa Gómez, Moisés Castillo y yo, en Radio Futura, del recién fallecido Chuno Blandón. Elsa ya era periodista, nosotros, estudiantes de la UNAN.

No éramos objetivos, pues nos lanzábamos frontalmente contra la dictadura. Anastasio Somoza Debayle nos llamó “guerrilleros de grabadora”, algo peligroso, porque ese adjetivo podría invitar a la Guardia Nacional a matarnos, como después hicieron con el norteamericano Bill Stewart y todo el mundo vio el video que muestra cuando un uniformado lo asesinó al dispararle a boca de jarro.

Hoy nuevamente los periodistas y comunicadores independientes de Nicaragua fuimos atacados con una violencia verbal inaudita por la vicedictadora Rosario Murillo, con lo cual ha puesto en peligro nuestra vida e integridad física y moral, pues hay fanáticos que le creen y podrían atacarnos. Seguramente hemos cometido errores, como todo el que hace algo, pero eso no la justifica para calificarnos de crear noticias falsas.

Por supuesto que nuestra información es diferente a la de los medios oficiales, pues divulgamos los fallecimientos por COVID-19, las declaraciones de familiares amenazados si decían la causa de muerte de sus deudos y obligados a entierros clandestinos en la noche, en algunos casos con policías y gente con traje blanco completo.

Hemos informado que ponen en peligro la vida de los médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud a quienes no les dan equipos de protección y denunciado cómo exponen al pueblo al contagio al estimularlo a participar en actividades masivas.

Han hecho caso omiso del distanciamiento físico que recomienda la OMS. Estas no son mentiras, son hechos objetivos, reales, se corresponden con la realidad.

Nos acusa de sembrar irracionalidad y odio, de lanzar veneno, de jugar con la verdad, de publicar videos de otros países como si fueran de Nicaragua, y, por tanto, de cometer “pecado abominable”.

Nos llamó personas malas, perversas y maldosas. Estos adjetivos podrían llamar la atención de sus militantes fanatizados y atacar al periodismo independiente.

Es peligroso este insólito ataque de Rosario Murillo desde la más alta estructura del poder absoluto en nuestro país. Por eso denunciamos esta durísima diatriba en la que también señala a miembros del gremio como “apaleadores de mujeres” por denuncias puestas en un sitio Web.

Finalmente calificó adjudicó a los periodistas y comunicadores independientes “cerebro pequeño, pequeñito, y alma endemoniada”. Ella será la responsable de toda la secuela que puedan traernos sus invectivas.

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