10 mayo, 2021

¿Tendrá voluntad el gobierno de ejecutar políticas públicas para mitigar efectos del COVID–19?

Ilustración de Diario Digital Nuestro País / NM

Welbin Romero Jirón

Entre 1978 y 1990 un período en el que el país vivió los efectos de dos guerras nacionales, según datos del BCN (50 años de estadísticas macroeconómicas, BCN, 2010), la economía cayó a un promedio anual de -3.3%.

Si las actuales previsiones de los IFIS se cumplen, implicaría que la economía habría caído por tres años consecutivos a un ritmo superior a ese promedio; -3.7% en 2018, -5% en 2019 y entre -4.3% y -6% en 2020… y el rancho ardiendo, salir de esta tendencia requiere de políticas públicas que apoyen la demanda de las familias, así como, a las empresas exportadoras, que están siendo efectivamente afectados por los problemas asociados a la pandemia.

Adaptar el presupuesto a las necesidades urgentes

Además, se debe trabajar en medidas financieras que reduzcan las posibilidades de quiebra de negocios, dificultades de consumo o perdidas de activos de las familias por deudas con la banca.

Se requiere reformar el presupuesto del Estado en función de fortalecer el gasto en salud, el apoyo a la producción y de las empresas que ofrecen servicios básicos a las familias, especialmente para garantizar el acceso y continuidad del servicio de agua potable.

Un elemento prioritario de las políticas públicas que se requieren, debe considerar garantizar la seguridad alimentaria a toda costa.

Mayor producción de granos en zonas vulnerables

Es conocido que la mayor parte de la producción de granos básicos se concentra en la zona seca del país, la más golpeada por el cambio climático. En estas zonas la producción se origina en unidades productivas familiares de subsistencia, con poca tierra, tecnologías de bajos rendimientos y escases de capital, por lo que un invierno escaso en lluvia, podría ser desbastador para las familias rurales y para el país en su conjunto en materia de alimentos que, sumado a todos los problemas observados, podría avivar la conflictividad social, como está sucediendo en varios países.

Al respecto conviene diseñar un paquete de políticas que garanticen la disponibilidad de semillas resistentes a la sequía, donde sea posible, se debe brindar facilidades para que las familias rurales tengan acceso a tecnología adecuada, que les permita incrementar los rendimientos y finalmente garantizar mercado a sus productos a precios adecuados, al respecto es clave que se garantice que los mercados funcionen para los más vulnerables o bien establecer canales de abastecimiento de emergencia para estos.

Cómo convertir la epidemia en una oportunidad

De hecho, la pandemia podría convertirse en una oportunidad para el sector agropecuario, en el sentido de que un relanzamiento de la producción de granos de Nicaragua, podría convertirnos en un abastecedor de estos productos para el área centroamericana, en especial considerando la gran cantidad de tierras que tenemos con pastos, pero sin ganado.

Mientras tanto las maquiladoras podrían, aprovechando los contratos logrados, subir la parada junto al Estado y proponernos como un país manufacturador de productos textiles para los hospitales; tapa bocas, gorros, gabachas para personal sanitario y pacientes, y ropa de cama.

De forma que se aproveche la posibilidad de no estar en cuarentena, incluso estableciendo sistema que permitan mantener la producción en medio de la crisis sanitaria, que podría incluir testeo de los trabajadores a través de muestras técnicamente justificadas, controles de temperatura… en las fábricas, considerando incluso la reconcentración de los trabajadores por períodos cortos en los centros de trabajo, el punto aquí, es intentar reflexionar colectivamente en busca de opciones que mitiguen los efectos de la crisis sanitaria.

De igual modo, mientras dure la emergencia sanitaria, las MIPYME nicaragüenses de textil – vestuario, podrían convertirse en grandes productoras de bienes textiles para hospitales nicaragüenses, para ello solo se requiere efectuar ajustes en la ley de contrataciones del estado, para que las compras se efectúen en esquemas ajustados a las posibilidades de las MIPYME, existen bastantes experiencias exitosas al respecto.

Enfrentar la crisis como nación

Por otro lado, se debe trabajar en función de lograr un enfoque de nación en las políticas que se impulsen, la fragmentación política que en el caso de Nicaragua significa fragmentación social y la profundidad de las diferencias, generan un ambiente en el que se dedica gran cantidad de tiempo a las noticias falsas y a la crítica y contra crítica de las acciones que se impulsan. La imagen que vendemos como país, obviamente es la de un país fragmentado.

El empresariado nicaragüense debe asumir parte de los costos de la crisis. A los distribuidores y a un segmento de los productores de arroz, así como, a la cámara de generadores de energía eléctrica y al distribuidor de este bien, la población les ha pagado precios de monopolio por muchos años, por lo que resulta inconcebible que pretendan que el costo de la crisis recaiga únicamente en los que tienen menos, el quid del asunto es que reconozcamos los costos totales y decidamos como país, como se distribuyen y entro de esto, que deberíamos pedir como apoyo a la comunidad internacional.

Prepararnos para lo peor

A los nicaragüenses nos conviene enfocarnos en prepararnos para lo peor, intentando en medio de la incertidumbre ubicar algunas posibilidades que nos permitan mitigar los efectos de la pandemia e intentar convertir la adversidad en oportunidades, de forma que podamos salir mejor librados de la crisis.

Para ello se requiere de una propuesta de nación sólida, lo más participativa posible y una eficiente gestión de recursos de la cooperación internacional. Quien vea la crisis contando votos sencillamente está mal.

Cualquiera sea la opción, aun cuando se escoja la de no hacer nada, el país será afectado por la crisis sanitaria y la recuperación requerirá de apoyo internacional, en un ambiente en el que la mayoría de los países estarán compitiendo por los mismos recursos, presentarnos fragmentados y con propuestas debilitadas por nosotros mismos, no es el mejor escenario para nuestro sempiterno Macondo.

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